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Modelo chileno en etiquetado frontal nutrimental contribuye a la ingesta de alimentos sanos

El problema de la obesidad en América Latina se mantiene como uno de los mayores retos en materia de salud

Se espera que para fines de este año o principios de 2020 se haya llegado a un acuerdo sobre el nuevo etiquetado frontal nutrimental (EFN), aunque la industria fabricante de bebidas y alimentos se niega a dar su brazo a torcer e insiste en que el etiquetado actual no es confuso para los consumidores, como lo reconoció una declaración de la SCJN de mayo pasado, que señaló que el EFN es constitucional.

Sin embargo, es evidente que el problema de la obesidad en México se mantiene como uno de los mayores retos en materia de salud y no sólo para las autoridades del ramo, sino también para la Secretaría de Educación Pública, por el alarmante número de niños en edad escolar con problemas de sobrepeso y casos de diabetes infantil.

En la revisión de la NOM sobre el EFN, encabezados por la Secretaría de Salud, Cofepris y la Secretaría de Economía, participa un amplio número de representantes de la Concamin, la Canacintra y, desde luego, ConMéxico, instituciones de educación superior y organizaciones civiles.

El más activo defensor de cambio del EFN actual es Alejandro Calvillo, presidente de El Poder del Consumidor, quien impulsa que se adopte en México un etiquetado con el modelo chileno, que es, no sólo en América Latina, sino a nivel mundial, uno de los países más exitosos en el combate a la obesidad, desde que entró en vigor, en 2015, un nuevo etiquetado que coloca en la parte frontal de alimentos y bebidas un sello de advertencia si los alimentos son altos en calorías, grasas saturadas, azúcares y sodio.

Hay alimentos que tienen un sello y otros que son altos en todo y es decisión de los consumidores comprarlos o no, pero no se pueden vender ni regalar en las cooperativas o tiendas escolares ni promocionar en medios.

Entre los últimos resultados que reportó el Ministerio de Salud de Chile sobre el nuevo EFN hay un dato muy interesante: el 17.7% de los productos han sido reformulados por parte de los fabricantes —muchas de las mismas empresas que predominan en México— para reducir su contenido de azúcares, sodio, calorías y grasas saturadas, y no tener ya el sello de advertencia.

Desde su implementación, se ha reducido en 14% la venta de cereales para desayuno, ha bajado 25% la de postres envasados y el 92.9% de consumidores encuestados por el Ministerio Chileno de Salud aseguran que entienden la información de los sellos, y el 79.1%, que sí influyen sobre su decisión de compra. Ante estos resultados, Perú ya inició este año un etiquetado basado en el modelo chileno y, el año próximo, Uruguay comenzará a aplicarlo.

En México, se espera, además, que en este periodo ordinario se aprueben las reformas a la Ley de Salud, que define los criterios —muy generales, por cierto— para el EFN.

Adicionalmente, el presidente López Obrador anunció que, “próximamente”, habrá una nueva campaña nacional contra los productos chatarra y seguramente fue uno de los temas que abordó en su reunión con José Antonio Fernández, presidente de Femsa.

AEV/Maricarmen Cortes