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China pudiera situarse en el mundo en un distanciamiento estratégico de carácter político y económico

Según un reciente análisis de The Economist, el ascenso geopolítico actual de China es innegable, y es una de las principales potencias del mundo, pero China es un poder diplomático más débil de lo que muchos piensan y se enfrenta a crecientes desafíos internacionales que se profundiza aún más por el efecto pandemia.

Según reza el análisis, la China se ha beneficiado en los últimos años ya que las potencias occidentales como la UE, Japón, Canadá y Australia han pasado por alto los desacuerdos políticos con China, a fin de lograr beneficios económicos y debido al deseo de distanciarse del enfoque de confrontación de Donald Trump. Sin embargo, en los últimos meses hemos visto un claro movimiento hacia un frente más unido contra China entre los países occidentales, ya que la paciencia entre los políticos y el público con las tácticas de coerción económica de China se agota. Esto deja a China dependiente de las relaciones con países como Rusia, Turquía y Arabia Saudita,

Si, como parece cada vez más probable, Trump pierde las elecciones presidenciales de EE. UU. A finales de este año, la solidificación de un frente occidental más unido contra China parece aún más probable. Esto deja a China buscando impulsar lazos más fuertes con el mundo en desarrollo, particularmente en los países suscritos a su Iniciativa Belt and Road (BRI). Esta estrategia se ve obstaculizada significativamente porque uno de los países más importantes del mundo en desarrollo, India, no es parte del BRI y también se está moviendo decisivamente en la misma dirección que los aliados occidentales. De la misma manera que la UE y Australia han estado presionando más duro contra la falta de reciprocidad en las reglas de inversión extranjera directa, India invocó esta semana un lenguaje de tipo soberanía digital, similar al que usa China, para justificar su decisión de prohibir 59 aplicaciones chinas.

AEV/The Economist