Apoye nuestro esfuerzo con una donación
Suscríbase a nuestros boletines

China sufre su primera contracción económica desde 1976

China ha sido una pujante potencia que no para de crecer y desde hace décadas, antes incluso desde que la globalización fuese tendencia. Como resultado de tanto crecimiento acumulado, el gigante comunista ha acabado conquistando el segundo lugar en el podio de las economías más grandes del planeta, tan sólo superada por Estados Unidos.

Sin embargo, la contracción ha llegado al PIB chino. Ya es un hecho, e incluso en el primer trimestre del año el PIB de China se ha contraído un contundente 6,8% respecto al mismo trimestre de 2019. Pero, no es sólo China, es el mundo y muy especialmente incluso el líder capitalista que es Estados Unidos

Por otro lado, Europa se encuentra también en una situación crítica que se complica por momentos. Las tensiones político-sociales en Europa cotizan al alza, y lo hacen en múltiples arterias y órganos: la tensión norte-sur, la tensión del Brexit, la tensión este-oeste, la tensión entre europeístas y eurófobos, la polarización creciente y la crispada confrontación entre izquierdas y derechas.

Finalmente, en Estados Unidos, a pesar de ser el líder económico del mundo actual, a pesar de que ha sido su modelo socioeconómico el que se ha impuesto por todo el planeta, a pesar de su rico tejido económico, a pesar de todo, casi con absoluta certeza en EEUU es donde más bastos económicos pintan actualmente. Algunos sectores argumentan que los ciudadanos estadounidenses parten de una situación económica infinitamente mejor que otros países para enfrentarse a un parón económico. Lo cierto es que nada más lejano de la realidad, en un país en el que el pleno empleo tan enarbolado por algunos no es tal ni de lejos, en el que la FED ya publicó unas estadísticas que dibujaban un panorama económico desolador en Estados Unidos, y que revelaban cómo un chocante 40% de los estadounidenses no tienen suficiente colchón económico para poder permitirse ni tan siquiera un gasto inesperado de 400$, o que un no menos chocante 43% de los hogares estadounidenses no pueden permitirse un modo de vida considerado básico, o que un nada desdeñable 22% de los ciudadanos de EEUU no pueden pagar sus facturas a fin de mes. Otro dato significativo es el que publicó la Oficina de Estadísticas Laborales del Gobierno Federal de cómo bastantes decenas de millones de trabajadores estadounidenses (44% de los trabajadores entre 18 y 64 años) cobran poco más del salario mínimo, del cual apenas pueden vivir.

La cuarta superpotencia mundial, la Rusia de Putin. ¿Qué podemos decir de esa socioeconomía? Bueno, lo cierto es que Putin es un líder que socioeconómicamente lleva ya un tiempo en serios aprietos económicos, especialmente en lo que a la sostenibilidad de algunas de sus cuentas públicas se refiere, aunque lo cierto también es que al estado ruso esta crisis le coge habiendo deshecho posiciones masivamente en dólares y habiendo comprado oro a espuertas, aparte de que a las empresas rusas les coge con las arcas llenas al máximo. Además, dada la opacidad informativa habitual del gobierno de Putin, en el que las noticias que da el gobierno a través de los medios son básicamente un sonoro auto-bombo continuo, poco más podemos añadir, salvo que, a pesar de su situación actual y de la capacidad de su gobierno por mantener el control con puño de hierro, lo cierto es que el hundimiento del barril de crudo propiciado por esa guerra del petróleo que desde aquí les declaramos abierta tampoco es precisamente una buena noticia para la economía rusa.

Tras aquel análisis, la cosa ha ido infinitamente a peor en el mercado petrolífero, y ayer los futuros del West Texas de Mayo se hundieron a niveles fuera de todo registro, con unos apocalípticos 0,90 céntimos por barril, e incluso llegando a entrar en terreno negativo (sí, teóricamente le pagaban al comprador de petróleo en el mercado de derivados por cada transacción). Por mucho que esta barbaridad pueda obedecer a razones coyunturales de falta de capacidad para más almacenamiento, no deja de ser todo un cataclismo petrolífero con múltiples posibles implicaciones de calado para cualquier país productor, especialmente para los que dependen vitalmente del petróleo como Rusia. Recuerden que el hundimiento del oro negro fue uno de los principales desencadenantes que ya precipitó la caída de la extinta Unión Soviética. A pesar de la imagen de control e impasibilidad que siempre da el gobierno de Putin, y a pesar de que la crisis les coge en una buena posición de partida, la magnitud de un shock económico de este calibre hace que tampoco se pueda descartar ningún escenario para la superpotencia rusa, por muy sólida que sea la imagen que se proyecta desde todos sus medios tan intervenidos. La Caja de Pandora es lo que tiene: que una vez que se ha abierto desde Wuhan, las consecuencias son impredecibles absolutamente para todos.

AEV/SALMON