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Coronavirus: Una estrategia de testeo serológico para América Latina

Por: Ernesto Stein

En ausencia de una vacuna, que está lejos en el tiempo todavía, la exposición al virus confiere inmunidad a las personas. Cuanto mayor sea el porcentaje de la población que ha estado infectada pero ya no lo está, y por tanto, está inmune, menor es la probabilidad de propagación del virus

¿Podrán los países de América Latina y el Caribe producir, desplegar y administrar estos tests de manera masiva, como para que el grueso de la población inmune pueda volver a trabajar? Hasta cierto punto, la mayoría de los países de la región ya tienen experiencia en tests de anticuerpos, que se hacen de manera rutinaria. Todos los tests de HIV son de este tipo, y los requisitos para donar a un banco de sangre también incluyen tests serológicos. Además, el proceso de extraer una gota de sangre, que es lo que se requiere para estos tests, es mucho más sencillo que la extracción de un hisopado nasal, que conlleva mucho mayor riesgo de transmisión del virus, y por lo tanto requiere máscaras tipo N-95 y otro equipo de protección personal que hoy en día escasea en todo el mundo. Por último, los tests serológicos son menos costosos, más rápidos, y pueden más fácilmente administrarse en puntos de atención. Son además menos demandantes en cuanto a los reactivos, al equipamiento necesario y a la complejidad técnica de los procesos a llevar a cabo en comparación con los tests que detectan el virus, que requieren máquinas tipo real time PCR relativamente caras y sofisticadas (que en general en nuestros países están centralizadas), y una logística mucho más compleja.

A pesar de estas ventajas, no está claro los países de la región puedan desplegar estos tests de manera masiva, al menos en un futuro inmediato.

En la medida que la capacidad de testeo sea limitada, se podría implementar una estrategia con dos componentes, como proponen Dewatripont et al. (2020). Por un lado, se podrían llevar a cabo tests de anticuerpos en una muestra aleatoria (ver también Stock, 2020). Esto permitiría dilucidar qué porcentaje de la población es inmune, y así establecer el grado en el que se ha generado ya la inmunidad comunitaria suficiente como para atreverse a volver a la normalidad. Por otro lado, se debería testear de manera prioritaria a médicos, enfermeros, aquellos que trabajan en instituciones geriátricas, quienes prestan servicios de primeros auxilios o desarrollan otras actividades esenciales. Estos trabajadores, que están en la línea de fuego, tienen un riesgo mucho mayor de contagio que el resto de la población. En particular en los epicentros más candentes del virus, una cantidad desproporcionada se contagia, poniendo en riesgo a otros pacientes, a sus colegas, y a sus familias. Una vez que se compruebe que ya no son susceptibles, estos trabajadores podrían rápidamente reincorporarse a sus trabajos atendiendo enfermos y ancianos, sin el riesgo de contagiar o ser contagiados. De ser necesario, incluso, podrían desplazarse a otras localidades en las que se produzcan focos del virus, así como China envió 40000 trabajadores de la salud a Wuhan, con todo su equipamiento de protección.

La decisión de cuándo y en qué medida volver a la normalidad tras la pandemia no será fácil. ¿Un elemento clave? Lógico: los tests serológicos.

Nota editorial: El autor agradece al Dr. Daniel R. Kuritzkes, profesor de medicina en la Escuela de Medicina de Harvard y director de la división de enfermedades infecciosas del Brigham and Woman’s Hospital en Boston, y de la Dra. Eileen Scully, profesora asistente de medicina en la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, especialista en enfermedades infecciosas. Ambos fueron consultados para este artículo. También se agradecen valiosos comentarios de Alicia Stein y de Matias Busso. Todos los errores corren por cuenta del autor.