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En Colombia el COVID-19 ha sido una prueba de fuego, pero el país se prepara volver a la normalidad

Las mayores incógnitas sobre la pandemia son cómo afectará el tejido social y cuáles serán las consecuencias en la economía, pues todos coinciden en que no se volverá a la normalidad

En Colombia, por ejemplo, el coronavirus ha obligado a la presidencia a movilizar toda la capacidad del Estado, apoyándose en sus instituciones, sus fondos económicos, en los periodistas como formadores de opinión pública y en la academia analítica, que quienes hasta hace pocos meses encarnaban la oposición, empujen para el mismo lado como siempre debe ser y se conviertan en instrumentos democráticos en quienes confiar. Una sensación de nuevo nacionalismo forzado, producto de las fronteras cerradas y las cadenas de suministro mundiales interrumpidas.

También se está promoviendo introducir un seguimiento individual con aplicaciones que garanticen que las personas no son portadores del letal virus; esta es sólo una fórmula o una receta que hay que seguir para avanzar. No es un simple regreso a la vida cotidiana de antes, lo que se ve en el horizonte es que para poder simular la vieja realidad hay que aceptar nuevos códigos sociales y que la tecnología será el cordón umbilical de la Colombia pos Covid-19.

Todas las sociedades sometidas a unas cuarentenas, unas más férreas que otras, tienen sus límites marcados por la economía, pues de algo se debe vivir, en algo se debe trabajar y algunas metas, planes y propósitos deben tener las personas. Ese gen de moverse y socializar obligará a los estados a soltar amarras y dejar fluir para ir construyendo una normalidad distinta.

AEV/REPÚBLICA