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En Israel con un cerrado resultado electoral; Netanyahu y Gantz cantan victoria

La contienda en las elecciones generales de este martes en Israel ha sido una de las más reñidas. Con más del 90% de los votos escrutados, los dos principales candidatos claman la victoria. El actual primer ministro, Benjamin Netanyahu, aún espera asegurar un quinto mandato. Los resultados muestran, de momento, un empate entre el Likud y el Partido Azul y Blanco. Israel vota en medio de debates sobre el papel que debe jugar la religión y los movimientos ortodoxos en el Estado.

Las elecciones de hoy, una repetición de las de abril después de que Benjamín Netanyahu no lograra formar una coalición de gobierno, han confrontado a los israelíes con “una campaña crucial para la trayectoria del país”, de acuerdo con un experto. Eso se debe a que en los últimos meses han aumentado los debates sobre qué tan judío debe ser el Estado de Israel —Netanyahu ha buscado a los parlamentarios ultraortodoxos y con eso ha alienado a políticos seculares—, así como respecto al aumento de asentamientos israelíes en territorios palestinos. Algunas encuestas indican que hay un empate técnico en preferencia de votos entre Netanyahu y su principal rival electoral, Benny Gantz.

En Israel, las mujeres y los hombres judíos son convocados a realizar el servicio militar, pero los ultraortodoxos están en su mayor parte exentos. A diferencia de otros israelíes, muchos ultraortodoxos reciben subsidios del Estado para estudiar la Torá y criar familias grandes.

Además, en un país que dice ser hogar de todos los judíos, los rabinos ultraortodoxos tienen un monopolio autorizado por el Estado en asuntos como los matrimonios, los divorcios y las conversiones religiosas. Una serie de giros políticos de pronto han vuelto evidentes estos problemas, y la división entre religiosos y seculares que ha estado formándose en el país desde hace mucho se ha convertido en un asunto central para las elecciones nacionales de este 17 de septiembre.

En un país afectado por un conflicto virulento con los palestinos, una guerra cada vez más declarada contra Irán y un primer ministro que enfrenta una posible destitución por cargos de corrupción, las elecciones han estado sorprendentemente dominadas por la pregunta de qué tan judío debe ser el Estado judío, y qué corriente del judaísmo se consideraría. Los partidos ultraortodoxos insisten en que simplemente están defendiendo un statu quo que data de la fundación de Israel y tiene como propósito que sean los más fieles devotos quienes preserven el estudio de la Torá. Un acuerdo con la comunidad religiosa de Israel, entonces en ciernes, les dio a los rabinos ortodoxos el control de las leyes alimentarias y familiares, entre otras cosas, a cambio de su apoyo al nuevo Estado.

Los ultraortodoxos ahora conforman tan solo el 10 por ciento de los electores judíos admisibles, señalan los encuestadores israelíes —en comparación con el 44 por ciento que se considera secular—, pero han mantenido y logrado aumentar las concesiones gracias a su habilidad para conseguir promesas a cambio de su apoyo político.

El Partido Azul y Blanco, encabezado por Benny Gantz, promete unificar al país desde el centro, “Tengo hijos y nietos”, comentó Grynberg. “Y cuando observamos a la sociedad israelí, nos gustaría que hubiera más unión en vez de divisiones”.

AEV/AFP/CNN