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La Naciones Unidas y los objetivos del Milenio, sus resultados y a la Agenda 2030

En el año 2000, las Naciones Unidas acordaron sus Objetivos del Milenio, ocho objetivos que los estados del mundo se comprometían a cumplir para el año 2015. El primero y más importante de dichos objetivos era erradicar la pobreza extrema y el hambre del planeta. Muy ambicioso teniendo en cuenta que en aquel momento el 30% de la población global se encontraba bajo la pobreza extrema y el 15% se encontraba desnutrida.

Sin embargo, el cumplimiento fue bastante satisfactorio. En 2015 la pobreza extrema afectaba a menos del 10% de la humanidad, y la desnutrición había bajado aproximadamente a la misma proporción. Impulsados por el éxito, las Naciones Unidas lanzaron en 2015 otro plan a 15 años vista, los Objetivos de Desarrollo Sostenible dentro de la llamada Agenda 2030. Los primeros objetivos de dicha agenda vuelven a ser acabar con el hambre y la pobreza, sin embargo, en los últimos años el debate se está centrando en otros objetivos de la lista, de carácter marcadamente ambiental (como por ejemplo acción climática, ciudades sostenibles o consumo responsable).

El problema es que la consecución de unos y otros objetivos implica conflictos y contradicciones. Buena parte de la reducción de la pobreza global en las últimas décadas se ha conseguido relegando el medio ambiente al segundo plano. China e India no solo son las naciones más pobladas del planeta: también las más contaminantes. Su rápido crecimiento económico está elevando a millones de personas cada año desde la pobreza a la clase media, una gran noticia, pero con un lado negativo: es improbable que sus emisiones vayan a descender al menos en el corto plazo.

Desde el mundo occidental priorizar los objetivos ambientales frente a la lucha contra la pobreza es una decisión relativamente ‘fácil’, una vez que la pobreza extrema está prácticamente erradicada dentro de sus fronteras. Pero la mejora de vida de millones de personas en países cada vez más poblados como China, India, Brasil, Indonesia, Nigeria o México pasa por un aumento de la urbanización y la industrialización que difícilmente se puede hacer sin aumentar las emisiones, salvo espectacular avance tecnológico.

AEV/ OurWorldInData.org