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La sustitución de trabajo humano por robots afecta negativamente el mercado de trabajo. ¿Es posible una legislación tributaria sobre el uso de los robots?

En la actual era industrial la sustitución de trabajo humano por robots afecta negativamente el mercado de trabajo. ¿Es posible una legislación tributaria sobre el uso de los robots?

En los países más desarrollados tecnológicamente cada robot sustituye 1.000 trabajadores, en consecuencia, disminuye el empleo con respecto a la población alrededor del 0,2 punto porcentual, y los salarios se reducen en un 0,37 por ciento. El trabajo disminuye entre los profesionales con tareas mecánicas, como fábricas, además, los salarios se reducen al mínimo.

Sin embargo, durante las 2 últimas décadas, el número de robots industriales en los EE.UU. ha pasado de 0,36 por cada 1.000 trabajadores a 1,65 por cada 1.000 trabajadores, con lo que el efecto en los sueldos y el trabajo ha sido poco significativo.

Los efectos de la automatización de la industria van a ser desiguales y, por tanto, se debería compensar con un impuesto de la renta de las personas más progresivo en un primer momento y, si esto no fuera suficiente, con un impuesto sobre los robots que no genere problemas.

Por tanto, el impuesto mejor que se puede aplicar sería del 1 por ciento del valor del inventario de los robots existentes en cada una de las empresas, si bien un crecimiento del bienestar se da en 20 dólares anuales por persona.

A punto de entrar en una nueva década cada vez industrializada, la pregunta necesaria es si tendríamos que plantear si los robots tendrían que pagar nuestros impuestos, ya que son responsables de un número cada vez mayor de tareas que antes realizaban los seres humanos y estaban sujetas a impuestos. Ponerle impuestos a los robots puede tener efectos fiscales y sociales beneficiosos, pero no estaría exento de una gran complejidad o de posibles efectos contraproducentes.

Los países avanzados consiguen gran parte de sus ingresos a través de las rentas de trabajo. Cada cierto espacio de tiempo las economías que están industrializadas se enfrente a oleada de automatizaciones en sus procesos productivos. La última de estas oleadas se ha dado en la revolución de las tecnologías de la información, y los robots han sido su representación más clara.

En un tercio de los puestos de trabajo de las economías más avanzadas, especialmente aquellos puestos de trabajo que son poco cualificados y especializados, podrían quedarse obsoletos, y a medio plazo se podrían encargar de ellos robots. Si al final los robots impactan de forma negativa sobre el mercado de trabajo, esto indica que se tendría que dar una recaudación de tipo impositivo, aspecto que ayudaría a las arcas públicas si tenemos en cuenta que los impuestos del trabajo representan una fuente importante de ingresos.

En 2017 las rentas del trabajado han dejado a las arcas públicas el 19,4 por ciento del PIB dentro de la Unión Europea. Sin embargo, si los robots consiguen un aumento de la productividad y con ello un aumento de los ingresos de los trabajadores más cualificados, la recaudación vía impuestos debería aumentar.

Es decir, que el pago de impuestos de forma indiscriminada sobre los robots también puede tener efectos negativos sobre la economía y la recaudación de los impuestos. Mientras que las empresas tecnológicas han defendido públicamente la necesidad de iniciar un impuesto que paguen los robots, las instituciones y las corporaciones de la Unión Europea lo han descartado.

Algunos de los impuestos que se han considerado que paguen los robots.Los problemas que trae el impuesto a los robots son varios. El primer problema sería que los robots pasan a ser sujetos pasivos dentro de la tributación de impuestos, por tanto, un maquina automatizada dentro de una cadena de montaje de una fábrica puede ser un sujeto pasivo, igual que un ordenador personal o tablet puede serlo.

Otro aspecto es qué tipo de impuesto se deberían aplicar a los robots. Una posible solución sería crear un impuesto sobre la renta sobre el salario hipotético que debería recibir el robot si el mismo trabajo lo estuviera realizando un ser humano.

Otra alternativa sería imponer un pago único según una estimación de la capacidad de pago del impuesto, lo que llevaría atribuirle al empresario o propietario del robot el pago de dicho impuesto.

Sin embargo, a medida que la tecnología fuera avanzando, se acabaría reconociendo la capacidad de pago al propio robot, como ente, y por tanto, la renta imputada también estaría sujeta a las cotizaciones de la seguridad social.

Otra consideración es el diseño de un sistema fiscal neutro según el uso de robots y el número de trabajadores, es decir, un impuesto a la automatización basado en la proporción de ingresos de la empresa, vía ventas totales, con respecto al número de trabajadores que tiene automatizados.

Otra propuesta ha sido la aplicación del IVA a la actividad de los robots. Es decir, que la robótica y la automatización ya están sujetas al IVA, pero los robots podrían siendo considerados sujetos pasivos del IVA con el paso del tiempo. Por último, se podría introducir un impuesto a los robots, igual que se hace con los vehículos de tracción mecánica.

El impuesto a los robots tendría que darse en todos los países del mundo. La imposición por impuestos sobre los robots debería llevarse a un debate a nivel internacional, dentro del marco de la ODCE, la Unión Europea y las Naciones Unidas, para evitar los problemas de competencia entre países.

AEV/RAÚL JAIME MAESTRE