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México, Brasil y Nicaragua: tres países latinoamericanos no han estado a la altura de la emergencia del coronavirus.

Tres países latinoamericanos preocupan a muchos columnistas de opinión que dan seguimiento a la pandemia del COVID-19 y especialistas de la OMS.  Los presidentes de México, Brasil y Nicaragua no han estado a la altura de la emergencia sobre el peligro de darle un uso político al coronavirus, y el más preocupante es Venezuela que tiene un sistema sanitario en crisis. En este caso, es preocupación que comparten profesionales de la salud venezolanos, la doctora Astrid Cantor y el médico Franz Armas, quien hace un llamado a enfrentar la emergencia con “menos política y más solidaridad”.

Los líderes latinoamericanos tienen que estar a la altura de una emergencia de salud como la del COVID-19 según expresan líderes y especialistas en salud. Pero: López Obrador ha sido renuente a aceptar las recomendaciones médicas y Bolsonaro ha dicho que el virus ha traído “histeria” y en el caso de Nicaragua las motivaciones se han trasladado movilizaciones de carácter partidarias.

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha mostrado públicamente dos amuletos que serían sus “guardaespaldas” contra el coronavirus. En esa conferencia dijo que el “escudo protector” contra la pandemia es la honestidad.

El 4 de marzo, después de que expertos sanitarios de México recomendaran mantener la distancia social por el coronavirus, el presidente de México dijo que no había nada malo en abrazarse, y lo encomió. Una semana después, la Organización Mundial de la Salud calificaba de pandemia la crisis del COVID-19, e igual no importó: López Obrador siguió repartiendo amor a cientos de personas en sus mítines propagandísticos. El momento cenital de su Virus de los Abrazos llegó cuando alzó en brazos a una niña y la besó ocho veces antes de encajarle tres mordiscos en la mejilla. No acabó ahí: la última imagen del cinismo de un presidente llegó cuando AMLO dijo en una de sus conferencias de prensa matutinas que la defensa contra el virus era la honestidad. Luego mostró dos estampas de santos a los que llamó sus guardaespaldas. En pocas palabras: López Obrador es irresponsable. Su desdén a tomar medidas preventivas y liderar con el ejemplo es una parodia peligrosa de un reyezuelo displicente. México tiene poblaciones vulnerables, ciudades sobrepobladas, transporte público desbordado y un sistema de salud debilitado por los recortes presupuestario de su gobierno en 2019.

Esta crisis demanda esfuerzo colectivo, pero exige, sobre todo, que esa decisión individual sea reforzada a diario por la conducta de los funcionarios electos. Presidentes, alcaldes, gobernadores, diputados deben ser prescriptores de conducta. Su figura orienta comportamientos, fija los límites simbólicos de lo permitido. Por algo a algunos se les llama primeros mandatarios o primeros ciudadanos: porque han de ser ellos quienes cumplan la ley antes que todos.

Hay una gran distancia entre los errores nacidos de la buena voluntad y los desafíos, ignorantes, cínicos o frívolos de líderes que debieran dar la nota en el tono adecuado. Una cosa es el error mínimo y otra el fallo sistémico de tratar a la mayor pandemia en un siglo como una alergia estacionaria.

 Jair Bolsonaro, por ejemplo, también se dio un baño de masas en contra del consejo médico —incluso después de estar con un funcionario enfermo— y ha dicho que “el virus trajo una cierta histeria”.

El gobierno de Nicaragua convocó a una marcha bajo el lema “Amor en tiempos del COVID-19” en un país con uno de los peores sistemas sanitarios de América Latina.

La excepcionalidad del momento, claro. Los gobiernos están sometidos a una presión única. Están entrenados para lidiar con opositores, ganar elecciones, manejar un paro o, incluso, una revuelta. Pero una pandemia inesperada, velocísima y novísima empuja sus capacidades al límite. Tienen que liderar a una ciudadanía asustada con el uniforme de líderes de la nación o, cuanto menos, tienen que atender su propio futuro: el modo en el que gestionen esta crisis renovará mandatos o hundirá carreras.

AEV/NWT/ATF