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NICARAGUA ANTE LA CRISIS ECONÓMICA Y LA POLÍTICA EN EL MARCO DEL COVID-19 EN 2020

Por: Alejandro Aráuz  L

ENTORNO MUNDIAL

La pandemia del COVID-19 ha entrado en la segunda fase de “crisis” en el mundo, las afectaciones son demasiados graves para pretender que el retorno de la normalidad de los países afectados pueda ser pronto y con un retorno favorable para nuevos retos.  Es tal la dimensión de este grave suceso cuyos efectos han agravado de hecho los cimientos de todas las economías del mundo incluidas las más poderosas y transferido a través de los mercados, la comunicación y la política efectos contundentes en las poblaciones y las economías menos desarrolladas.  

Actualmente los gobiernos y las organizaciones internacionales continúan trabajando para contener el COVID-19 y frenar el creciente número de víctimas humanitarias, los efectos económicos a nivel macro y sectorial, así como sobre el empleo, los que están empezando a complicarse gravemente.  Así, un “Global Surveyes” del consumidor realizado por la prestigiosa firma Consultora:  McKinsey & Company  sobre la “percepción del consumidor y las expectativas de los ingresos, los gastos y el proceso de reconversión de la economía” muestra una situación de pesimismo e incertidumbre en países desarrollados. En el gráfico siguiente tomado de ésta fuente refleja con nitidez la situación de algunas economías más afectadas.

Al momento de escribir este artículo, ha habido más de 690,473 casos confirmados de COVID-19 y el 4.5% de muertes por la enfermedad. Las personas mayores, especialmente, están en riesgo Más de 140 países y territorios han reportado casos; Más de 80 han confirmado la transmisión local.

La pandemia del coronavirus en todos los países donde está presente, ya establecida y en etapa inicial  ha sofocado los viajes, cerrado negocios, cancelado eventos deportivos y enviado a los mercados bursátiles a la caída libre. En muchos casos las medidas de contención que salvan vidas han reducido drásticamente la producción económica, provocando un shock que muchos creen que desencadenará una recesión mundial[1].  Estas medidas pretenden el respaldado por la debilidad en la producción industrial, el comercio, los flujos de capital, el consumo de las fuentes de energía derivadas del petróleo y el desempleo. No obstante, las estimaciones de los organismos financieros internacionales y agencias de estudio prevén que esta crisis será las más grave y profunda que la crisis financiera Global de 2008, pues la crisis por el COVID-19 echará por abajo los fundamentos económicos, las cadenas de suministros, los sistemas de producción, los patrones de consumo, de distribución y el esparcimiento en cualquier país que esté presente el virus.     

Algunas agencias de estudio e investigación como The Economist Intelligence Unit ha publicado una importante reducción de las previsiones económicas y estiman que la economía mundial se reduzca un 2.2% en 2020, más que la contracción del 1.7% en 2009. Europa y América Latina se verán especialmente afectadas. Estos datos coinciden con las apreciaciones de los grandes bancos mundiales y aún pueden ser modificados hacia la baja.

Los países con mayor desarrollo y capacidad económica “han convertido la atención médica y otras acciones para reducir la propagación del virus en una “política económica especial” como primera respuesta y el control efectivo de la economía como requisito previo para el retorno de la confianza de los consumidores y las empresas. Más allá de eso, la siguiente prioridad para los países es la política fiscal y la escala de medidas como el gasto de estímulo y el apoyo a los ingresos, y la forma en que se dirigen.

El equilibrio entre el apoyo a las empresas y el apoyo a las personas varía según el país, y también hay complejidades sobre qué tan lejos se llegará con los recursos existentes para algunas economías débiles para proteger a los sectores más afectados, como el turismo el sector servicios y alimentario.

Otra particularidad que se ha estado observando es que el gasto de los gobiernos está aumentado, pero con un “control”  dirigido para evitar inflaciones generalizadas, pero los ingresos de los gobiernos están cayendo, la reducción del consumo está siendo el segundo Shock que está progresando. La aversión al riesgo en los mercados financiero, aunque no ha crecido, no obstante, es probable que se produzcan algunas crisis “soberanas” en algunos países de alto riesgo en América Latina.

También se observa situaciones volátiles para las monedas del mundo y aunque el dólar estadounidense ha sido generalmente fuerte, también hay dinámicas importantes cuando se miran otros pares de divisas fuertes. El  Euro aun permanece firma, posiblemente sea eclipsado por el contagio monetario. Todos los países y gobiernes quieren evitar el tercer Shock que sería el financiero lo que implicaría una profunda contracción de la economía mundial sin precedentes.  

Así, instituciones en estrategia de negocios como McKinsey &  Company, Strategic Inteligence WSJ,  como The Economist Intelligence Unit y otras coinciden en algunos escenarios sobre el desarrollo y la recuperación de las economías a nivel mundial. El problema que subyace en estos escenarios, es la rapidez con que el virus de infestación avanza.  En esta descripción partimos de la visión de como ellos revén o describen los Dos escenarios proyectados hacia adelante.[2]

Los siguientes escenarios han sido tomados de las referencias anteriores y en especial de McKinsey &  Company.

Primer Escenario Recuperación tardía

Tema de la epidemiología.  Los casos en América y Europa aumentan hasta mediados de abril. Los países asiáticos alcanzan su punto máximo antes; Las epidemias en África y Oceanía son limitadas. El crecimiento en el recuento de casos se ralentiza por el distanciamiento social efectivo a través de una combinación de cuarentenas nacionales y locales, los empleadores que eligen restringir los viajes e implementar políticas de trabajo desde el hogar y opciones individuales. La capacidad de prueba se ajusta a la necesidad, lo que permite una imagen precisa de la epidemia. El virus demuestra ser estacional, lo que limita aún más su propagación. A mediados de mayo, la impresión es significativamente más optimista sobre la epidemia. El invierno del hemisferio sur ve un repunte en los casos, pero en ese punto, los países tienen un libro de jugadas mejor desarrollado para la respuesta. Mientras que el otoño de 2020 ve un resurgimiento de infecciones, pero hay una mejor preparación que permite una actividad económica continua.

El impacto económico. Las cuarentenas a gran escala, las restricciones de viaje y las medidas de distanciamiento social provocaran una fuerte caída en el gasto de los consumidores y las empresas hasta el final del segundo trimestre, produciendo una recesión. Aunque el brote se encuentra bajo control en la mayoría de las partes del mundo a fines del segundo trimestre, la dinámica autorreforzante de una recesión entra en acción y prolonga la depresión hasta el final del tercer trimestre. Los consumidores se quedan en casa, las empresas pierden ingresos y despiden trabajadores, y los niveles de desempleo aumentan bruscamente. Los contratos de inversión empresarial y las quiebras corporativas se disparan, ejerciendo una presión significativa sobre el sistema bancario y financiero.

El tema de la política monetaria. Esta se suaviza aún más en el primer trimestre, pero tiene un impacto limitado, dadas las bajas tasas de interés vigentes. Las respuestas fiscales modestas resultan insuficientes para superar el daño económico en el segundo y tercer trimestre. Se necesita hasta el cuarto trimestre para que las economías europeas y estadounidenses vean una verdadera recuperación. El PIB mundial en 2020 cae ligeramente.

Contracción prolongada

Tema de epidemiología. En este escenario, la epidemia no alcanza su punto máximo en las Américas y Europa hasta mayo, ya que la demora en las pruebas y la débil adopción del distanciamiento social obstaculizan la respuesta de salud pública. El virus no demuestra ser estacional, lo que lleva a una larga cola de casos durante el resto del año. África, Oceanía y algunos países asiáticos también experimentan epidemias generalizadas, aunque los países con poblaciones más jóvenes experimentan menos muertes en términos porcentuales. Incluso los países que han tenido éxito en el control de la epidemia (como China) se ven obligados a mantener algunas medidas de salud pública para evitar el resurgimiento.

El impacto económico. La demanda sufre a medida que los consumidores reducen el gasto durante todo el año. En los sectores más afectados, el número de despidos corporativos y quiebras aumenta a lo largo de 2020, alimentando una espiral descendente autorreforzante. Pero, l impacto económico global es severo y se acerca a la crisis financiera mundial de 2008-2009. El PIB se contrae significativamente en la mayoría de las principales economías en 2020, y la recuperación comienza solo en el segundo trimestre de 2021.

El sistema financiero sufre una angustia significativa, pero se evita una crisis bancaria a gran escala debido a la fuerte capitalización de los bancos y la supervisión macro prudencial actualmente en vigor. Las respuestas de política fiscal y monetaria resultan insuficientes para romper la espiral descendente.

EL ESCENARIO DE NICARAGUA

El país atraviesa una crisis política profunda a partir de 2018 que ha quebrantado principalmente la “confianza y el deterioro de la relación entre gobernantes y gobernados”. Así también se dio un rompimiento del corporativismo de un sector empresarial con el gobierno, entendido como la intermediación de intereses, y la concertación, es decir, una costumbre consensuada e institucional del sector económico más poderoso del país en hacer y aplicar las políticas públicas.

La credibilidad política y la capacidad de gobernar para la mayoría de la población y empresas se ha debilitado por la represión y la persecución política. Ambos elementos son un factor desfavorable para poder enfrentar la crisis COVID-19 en el país. Aunque los casos a esta fecha son menores de otros países, el riesgo de acrecentarse y expandiese en la sociedad nicaragüense son realmente alarmantes ante la carencia de medios, mecanismos y capacidad institucional del gobierno e instituciones privadas en contener un proceso de masificación viral.  

Un nivel de agravamiento de la pandemia en el país por encima de los 200 casos se tornaría muy grave por la fragilidad del sistema sanitario y la organización institucional de salud, escuelas, etc. del país.  Además,  “la confianza de una gran parte de la población con el gobierno” agrava el escenario y los efectos secuenciales para el país. 

Solo el hecho de la percepción y afectación divulgativa de la pandemia en el mundo ha impactado psicológicamente a la población. Así también los efectos económicos trasmitidos desde el exterior han provocado una acumulación de la contracción de la economía y generado expectativas “pesimistas” sobre la recuperación futura.

Esta crisis presenta características propias que la diferencian notablemente de los demás países de la región y el mundo. El aspecto más angustioso es que se produce en un país haciendo esfuerzos por recuperarse de la caída del PIB que registró el -5.7% en 2019 y en proceso de declive.  Si bien el Fondo Monetario Internacional habría pronosticado un nivel de contracción de – 1.2% en 2020., los datos que disponemos en EconomistVision, indican que al primer trimestre (enero/marzo de 2020) la economía del país habría crecido un 2.5% con respecto al Trimestre anterior (Oct/Dic 2019), pero aislando el efecto COVID-19, ya con el efecto del virus las probabilidades relativamente positivas desaparecen.

Bajo este aspecto, el análisis de nuestro Equipo de Economistvison sobre la perspectiva para el 2020 ha cambiado radicalmente, la conclusión final es grave. Se parte de un conjunto de información recolectada históricamente, consultas y muestreos que hemos venido realizado durante varios meses, una vez que el BCN dejo de publicar datos económicos relevantes. Así, las perspectivas del PIB para 2020 en tres escenarios son muy negativas y alarmantes: Los escenarios están descritos en la Tabla siguiente y son:  A: de menor contracción, C: mayor contracción y B: intermedio. 

Las probabilidades de que la contracción de la economía se mueva entre los escenarios A y B son elevados con base al fundamento estadístico en el que se basa el análisis. Así, una mayor o menor caída de las tasas de crecimiento trimestral están en fusión de la fortaleza con que estaría evolucionando el Sector Primario (agricultura, ganadería, avicultura, selvicultura) sectores que han venido funcionando a medio gas con el bajo nivel de respaldo financiero obtenido. En estos sectores se ha identificado una ventaja en el hecho de tener menor concentraciones de población laboral durante este periodo y  es hasta finales del año donde se da el resultado final del trabajo agrícola desarrollado antes.  Este sector representa el 16.3% de participación del PIB y se ha convertido desde el 2018 a la fecha en el sector de “soporte productivo” más estable.

La contracción más profunda estará en el comercio, los servicios, el sector hotelero y turismo. Este casi en el piso y la caída de la paralización de la producción del régimen de zonas francas afectando al sector industrial de manera profunda.

El gráfico siguiente indica el grado y la duración de la contracción durante los cuatro trimestres del 2020. En efecto, los ciclos y la estacionalidad de la producción real son parecidos a lo largo de los años, y la tendencia prevista más aguda se estaría generando durante el segundo y tercer trimestre de 2020. Se observa que el proceso de recuperación podría presentar un comportamiento de forma V (dos trimestres) que profundizarían fuertemente el proceso natural de la producción al final de 2020, no obstante, el sector agropecuario en general seria el que podría amortiguar una mayor catástrofe en el PIB.

El país ha expeditado ya la primera fase la crisis económica que fue generado por un shock de oferta (caída de producción y rotura de cadena de suministros) causada con las medidas de política fiscal, financiera y seguridad social del gobierno a partir de marzo de 2019.

En consecuencia, la disrupción de la economía en la esfera de la producción, la distribución en el mercado interno ya está también generando las bases para la siguiente fase:  fase dos: el shock de demanda.  Si las empresas no venden, no podrán pagar salarios y deudas. Los trabajadores desempleados y los cuentapropistas (sector informal) están perdiendo ingresos, consumirán menos y no podrán pagar sus deudas. Así, el eventual riesgo que depara al país sería una tercera fase de la crisis:  la que aún estamos a tiempo de evitar, es la financiera (solvencia). ¿Cuántas de las empresas o familias afectadas por la contracción económica más COVID-19, podrán pagar sus deudas con el sistema financiero?. Con qué capacidad cuentan las empresas formales y los ahorros familiares en los bancos y los bolsillos para sostener salarios fijos y niveles de producción al límite mínimo, la alimentación, los gastos del hogar, los gastos médicos etc. durante más de tres meses. Es una respuesta complicada y de difícil pronóstico determinar por la oscuridad de los elementos políticos que envuelven al país.

Sin embargo, las evidencias actuales indican que la afectación de la economía podría caer en un Escenario de “contracción prolongada”.  Al sumarse la contracción de 2019 y los efectos encadenados que se han trasmitidos desde el exterior. Paralización de las exportaciones como la Maquila que representan más de 160 empleos de forma inmediata, reducción de precios internacionales para las ventas de futuro, desarticulación de las cadenas de suministros ligadas al mercado interno nacional, la reducción de remesas familiares, caída de inversión extranjera directa y la paralización del turismo y el sector hotelero que son coadyuvantes importantes en la demanda interna.   

El problema del país se agrava aún más en un contexto en que el gobierno se encuentra “atado a una situación financiera insostenible en el mediano plazo” para hacer frente a una situación crítica de mayor nivel de contracción. Los instrumentos de políticas para alinear los fundamentos macroeconómicos de forma sostenible son muy frágiles. De hecho, la política monetaria no tiene cabida ni podría hacer nada sino complicar más el problema.  Una laxitud de la misma pone en riesgo las escuálidas reservas financieras del país y la desalineación de los precios relativos respecto al tipo cambio.  La flexibilización de postergación de deudas ante una situación restrictiva, es casi imposible a menos que entren flujos de financiación de bajo costo.

Aunque la banca nacional se encuentra relativamente sólida en relación al estrecho nivel económico que experimenta le país, pero su nivel de endeudamiento de la masa de clientes es alto. Así, el informe que muestra el FMI sobre el crédito al sector privado proporcionado por las corporaciones financieras, como a través de préstamos, compras de valores no participativos y créditos comerciales y otras cuentas por cobrar representó el -8.7 en relación al PIB en 2018 y se estima el -15.4 en relación al PIB para el 2019, para el 2020 este indicador podría ser más elevado. Además, la cartera de cobro en recuperación es elevada cuyo capital de riesgo ronda el 18% del PIB. Es decir, respuestas financieras no son viables en el marco de la situación política que vive el país. 

En el área fiscal el Estado y el Gobierno en sí, presentan también una situación extrema. Si bien, el aparente excedente de ingresos fiscales recibidos por el gobierno en 2019 con la reforma fiscal lo que equivocadamente provoco fue elevar la presión tributaria aun 18% del PIB, y afectar el capital de trabajo de las empresas y reducir la capacidad del salario real de los trabajadores (efectos pro cíclicos a la crisis).  Si bien, este excedente de ingresos ha permitido al gobierno contar con un “colchón” de respaldo a partir de diciembre 2019/ marzo 2020, la caída del PIB en los trimestres sucesivos tensionarían las finanzas a un extremo insostenible de mantener la línea de gasto presupuestada para el ejercicio de 2020. Y las empresas y trabajadores serán “ordeñados” hasta la última gota de sus recursos. 

La perspectiva presupuestaria del gobierno 2020 de proyectar un gasto cercano a los US$ 2,351.8 millones contra US$ 2,125.7 millones de ingresos fiscales, están ya fuera de lugar. Además   la perspectiva de lograr recursos externos por arriba de los US$ 226.1 millones no son viables por el momento a menos de una gestión afianzada por parte del gobierno.

Si bien el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) está disponiendo de recursos financiero por la cantidad de US$ 1,900.0 millones para que los países de la región enfrente la crisis COVID-19, la proporción que podría transferirse a Nicaragua será  proporcional al tamaño de su económica y la apropiada para mantener cierto nivel de estabilidad financiera en la banca y de colchón de protección de las reservas internacionales.

Pero las puertas aun no están cerradas. Nicaragua como miembro del FMI está en la opción de solicitar recursos financieros para evitar una crisis financiera grave del país. De hecho, el FMI tiene contemplado estas prerrogativas en base a su papel y estatutos de evitar y fortalecer los contagios financieros de los países y evitar la trasmisión de efectos adversos a la economía en general.  Es probable que el FMI otorgue al gobierno una partida en esta línea de acción, pero no para desarrollo productivo real, porque ese no es su papel. Al hacerlo estaría liberando de presión al sistema financiero nacional, pero difícilmente habría transferencia de en forma de “alivio” en postergar deudas, etc. a los sectores. El país debe velar por atravesar la situación graves y preparase para una recuperación menos dolorosa.

El análisis de nuestro Equipo determinó que los ingresos fiscales en los dos trimestres más contractivos (Abril/Septiembre) indican la captura del 46.8% del total del año. De acuerdo a las estimaciones estos caerán entre el 18% y 22% afectando notablemente las finanzas públicas.  Nuestras proyecciones apuntan a que el Gobierno se vera obligado a reducir la captura de sus ingresos durante este periodo de contracción (abril/septiembre) entre US$ 190.0-US$ 198.6 millones de dólares de los US$ 977.8 proyectados a percibir en ese periodo.  Las estimaciones para el final de 2020 representan una caída de los ingresos del gobierno por la vía fiscal alrededor de 486.4 millones de dólares. Cifra contundente para hacer trizas el proyecto de presupuesto del país y generar una incidencia directa e indirecta negativa en la economía nacional.

El modelo macroeconómico del gobierno es muy estrecho y restrictivo en cuanto a combinar medidas de política financiera, cambiara y fiscal. Si bien, el ahorro que el país obtendría de la compra de combustible cuyo precio internacional será bajo durante el año se evaporan porque los ingresos por exportaciones van a caer alrededor del 12.3% en 2020, las remesas podrían también contraerse y los flujos de cooperación están en un punto bajo para manifestar un respaldo minino o básico en replantear un marco de flexibilidad de las políticas macroeconómicas. 

La principal causa de que el país pueda contar con medidas de respaldo o alivio a los sectores y recuperar la demanda y evitar la crisis financiera, se centra en la “la confianza política” de la mayoría de la población, empresas y agentes económicos con el gobierno. Difícilmente los sectores políticos, empresariales y el gobierno podrían arribar a un punto de equilibrio con base a estrategias de coordinación (equilibrio Nash) si las heridas de la agresión y la aversión al gobierno son demasiados profundas.

La situación de la crisis política y el COVID-19 estarían conjúntame afectando dramáticamente a cerca de 2,817.4 mil personas entre desempleados y subempleados, efecto que traduce en una caída dramática de la demanda y la paralización del tejido intersectorial de la producción, los mercados y el comercio exterior.  Es una situación que en perspectiva nos ubicaría en términos de ingreso per capital en 1,734.2 dólares.  Prácticamente en los límites de los países que se benefician bajo las prerrogativas de la Asociación Internacional de Fomento (AIF).

Alejandro Aráuz  L

Marzo, 29 de 2020

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EL-COMPLICADO-PANAMORA-DE-NICARAGUA-CON-EL-CODV-19-a


[1] Fondo Monetario Internacional (FMI), al designar recesiones a escala mundial, analiza varios indicadores, incluida una disminución en el PIB per cápita ajustado a la inflación.

[2] Mckinsey & Company es una organización respetada en temas de análisis y asesorías  de riesgos y proyecciones a nivel mundial.