Nicaragua: “Madres de Abril” abren Museo de la Memoria a los muertos en la protesta de 2018

Los rostros en blanco y negro de unos 70 muchachos cuelgan en enormes cartelones, sonriendo o simplemente mirando de frente a quienes ingresan al salón. A su alrededor se han construido altares en forma de barricadas de mediano tamaño. Y sobre los adoquines se exhiben prendas de vestir, libros, juguetes y demás objetos personales de los ausentes.

“Las madres se preguntaban ¿qué hacer con tanto dolor? La respuesta fue: vamos a colectivizarlo”, dicen los creadores del Museo de la Memoria, un proyecto virtual que busca honrar a los muertos en las protestas de 2018.

Es la exposición instalada en el Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (IHNCA) de la Universidad Centroamericana (UCA), donde este lunes 30 de septiembre abrió sus puertas el “Museo de la Memoria y contra la Impunidad AMA y no Olvida”.

El proyecto surgió por iniciativa de la Asociación Madres de Abril (AMA), organismo que agrupa a familiares de los fallecidos en las protestas de 2018 contra el gobierno de Daniel Ortega. Funcionará mediante una plataforma digital con acceso a una base de datos de material escrito y audiovisual: las semblanzas de las víctimas plasmadas en cientos de fotografías, videos y entrevistas a parientes y amigos.

Según sus autores, el Museo desafía “la narrativa oficial que criminaliza a los ciudadanos que participaron en las protestas”. De esa manera, pretende “dignificar y honrar a las víctimas de los que ejercen el poder en el Estado de Nicaragua”.

“Esta es una labor de amar y no olvidar”, afirma Emilia Yang, directora del Museo. “Las madres se preguntaban ¿qué hacer con tanto dolor? La respuesta fue: vamos a colectivizarlo, a compartirlo con toda Nicaragua y con el mundo, como parte de la lucha por la justicia y la verdad”, asegura. En esta fase inicial, el museo reúne la documentación básica de unos 70 fallecidos, pero se irá ampliando en siguientes etapas.

Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), 328 nicaragüenses murieron, más de 2.000 resultaron heridos, unos 800 fueron encarcelados y otros 70.000 han emigrado a causa de la “represión estatal de las protestas”.

Daniel Ortega, sin embargo, asegura que la rebelión social fue “un intento fallido de golpe de Estado” y ha acusado a la CIDH y a las Naciones Unidas de presentar “informes sesgados y parcializados” sobre la crisis política, la más grave de las últimas cuatro décadas en este país. El gobierno solo reconoce 200 muertos, entre ellos 22 policías.

“Como el gobierno no permite instalar lugares de memoria para recordar a los muertos, se nos ocurrió construir este espacio virtual, gratuito, disponible a cualquier hora y desde cualquier lugar del mundo”, dice a DW la historiadora Margarita Vannini, que formó parte del proyecto.

Al menos cinco veces, la Alcaldía de Managua arrancó las cruces y las flores que estudiantes y familiares de los manifestantes muertos habían colocado en la rotonda capitalina Jean Paul Genie, misma que pretendieron convertir en memorial de la revuelta ciudadana. Desde hace un año el gobierno mantiene prohibida toda protesta opositora.

“Empezamos a trabajar a todo tren en diciembre pasado a partir de la construcción de un archivo histórico, mediante la realización de cientos de entrevistas a familiares” de las víctimas y testigos de los hechos, agrega Vannini, experta en memoria y ex directora del IHNCA-UCA.

Lisseth Dávila se detiene frente a la pequeña barricada y respira hondo. Apoyada sobre los adoquines está la patineta con la que jugaba su hijo, Álvaro Conrado, el niño de 15 años que murió por un disparo en el cuello, cuando repartía agua a los estudiantes atrincherados en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI).

“Yo sigo esperando la verdad y que se haga justicia, porque me quitaron lo más valioso de mi vida”, afirma la madre de Alvarito, el estudiante de cuerpo menudo que bajo las balas decía “me duele respirar” y cuyo rostro en agonía se hizo viral en las redes sociales el 20 de abril de 2018.

El recorrido por los altares de adoquines permite observar diplomas, cartas, zapatos, máscaras, lentes, guitarras, flautas y las camisas favoritas de varios de los fallecidos, en su mayoría jóvenes estudiantes.

“Es muy emocionante para mí ver todo esto”, comenta Francisca Machado, madre de Francisco Valdivia, de 24 años y papá de una niña de cuatro. Ella observa en silencio la barricada que exhibe algunos objetos de su hijo: una pelota de béisbol, sus tenis, una cinta métrica de carpintería y su libro favorito, “Los Miserables”, del clásico francés Víctor Hugo.

“Este museo muestra la vida de ellos y sirve para que no sean olvidados y que no manchen su memoria. Estas también son pruebas que nos van a servir para exigir la justicia que tanto necesitamos. Sólo entonces podremos vivir, siempre con dolor, pero con un poco de paz”, agrega Machado.

AEV/EFE/DW