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Qué esperar de Kristalina Georgieva si asume al frente del FMI

Kristalina Georgieva, de nacionalidad búlgara, está por conseguir ahora uno de los cargos más altos en los organismos internacionales, para ejercerlo en forma permanente. Hay un acuerdo transatlántico que data de la conferencia de Bretton Woods de 1944, según el cual un estadounidense encabeza el Banco Mundial, a la vez que un europeo lidera el Fondo Monetario Internacional (FMI). En agosto, Georgieva se convirtió en la nominada de Europa para reemplazar a Christine Lagarde en el timón de este último organismo

Kristalina Georgieva ha sido mencionada en vinculación con cada rol de liderazgo en organizaciones internacionales, desde secretaria general de las Naciones Unidas hasta cabeza de la Comisión Europea. Si la presidencia del Banco Mundial se decidiera solo por mérito y sin consideración de la nacionalidad, Georgieva, hoy su principal ejecutiva, podría haber sido una candidata segura. Estuvo por un breve período a cargo tras la renuncia de Jim Yong Kim en enero, pero en abril el puesto pasó a David Malpass, un estadounidense.

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Pese a que los británicos dijeron que propondrían un candidato propio, el 6 de este mes venció el plazo para presentar nominaciones. Y Georgieva quedó como única candidata. Su nombramiento oficial, a comienzos de octubre, parece asegurado. Desde 2017 Georgieva ha sido responsable de gran parte del funcionamiento del Banco Mundial, donde ya había trabajado antes de un período en la Comisión Europea.

Como principal ejecutiva, se le adjudica haber suavizado los choques entre Kim y el personal y encabezar las negociaciones con los accionistas del banco para obtener un aumento del capital. Sus buenas relaciones con los socios grandes, como Estados Unidos y China, deberían ser un factor positivo para su muy posible gestión en el FMI. Además del contexto de la guerra comercial, el tiempo de su mandato coincidirá con una desaceleración económica global y, frente a esa realidad, podría tener que aconsejar a los gobiernos.

Aunque no tiene tanta experiencia en materia macroeconómica, hay quienes señalan que participó de la evaluación de la realidad fiscal de países mientras estuvo en Bruselas y ayudó a fortalecer el mecanismo de rescate de la Unión Europea.

Como académica, escribió libros de texto que todavía son usados por estudiantes de grado en Bulgaria. También es probable que resulten útiles sus conocimientos de economía ambiental. Masood Ahmed, del Centro para el Desarrollo Global, un espacio de investigaciones, considera que el FMI tendrá que debatirse con el impacto del cambio climático para garantizar la estabilidad macroeconómica y financiera.

Un integrante del Banco Mundial señala que otros candidatos europeos podrían conocer los mercados emergentes solamente por haber estado de vacaciones. Georgieva, en cambio, ha pasado décadas trabajando con los países pobres que reciben la mayor parte del dinero del Fondo. Y su país hizo la transición del comunismo a una economía de mercado en la década de 1990: según la clasificación del propio FMI es una economía emergente, con un producto bruto interno (PBI) per cápita de menos de un cuarto del de Francia, que ha provisto cuatro de los últimos seis jefes del Fondo Monetario.

La estatura y la experiencia de Georgieva pueden explicar la ausencia de contendientes, lo que aseguró que Europa retuviera el cargo pese a la complicada disputa por la nominación. Fue la segunda de tales trifulcas del verano boreal, La primera, en junio, fue por un paquete de roles de primer nivel en la Unión Europea; allí se creó la vacante en el Fondo cuando Lagarde fue nombrada para liderar el Banco Central Europeo.

Para el puesto en el FMI los europeos orientales respaldaron a Georgieva, mientras que los norteños preferían a Jeroen Dijsselbloem, exministro de finanzas holandés. Cuando no lograron un consenso, los 28 ministros de finanzas nacionales de la Unión Europea recurrieron al voto por email, punto en el cual Georgieva obtuvo el mayor apoyo y Dijsselboem se retiró. Dado que no surgió ningún retador de otras latitudes, prevaleció la elección de Europa. Una reliquia de la era de Bretton Woods que de algún modo sigue desafiando el destino.

AEVGabriel Zadunaisky