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América Latina pierda oportunidades de atraer empresas (nearshoring) de Asia y otros continentes

Según el análisis de organización de Estrategia de Inversiones para América Latina de BlackRock, una de las grandes apuestas de Latinoamérica ha sido capitalizar la tensión entre EE. UU. y China y atraer parte de las empresas que salgan de Asia y decidan relocalizarse en cualquier país de la región.  No obstante, este nearshoring no está garantizado, sino que los países se lo tendrán que ganar adaptando sus economías y mejorando muchas condiciones de adaptación.

Independiente de las relaciones que surjan entre EE. UU con China y otros países con la llegada de Joe Biden al Presidencia de los EE. UU, no existe certeza alguna que se produzca el fenómeno de salida de empresas producto de la subida de impuestos y otras medidas no amigables con el mercado dada la propuesta del nuevo presidente estadounidense inclinar la economía al fortalecimiento de los sectores medios.

Por otra parte, los analistas perciben que con la nueva administración Biden, va a seguir siendo EE. UU  y China las dos potencias que se miran con recelo como adversarios en lo económico y en lo político, pero más predecible. No es que Biden vaya a ser más generoso o conciliador, pero sí se ajustará a las reglas de juego, si aplica aranceles, lo hará porque hay razones para ello.

Así, se puede percibir elementos positivos para América Latina si tratara de promover un mayor estímulo fiscal lo que tendría consecuencias positivas para varias industrias de la región, y planes como el de infraestructura que puede generar una gran demanda de materias primas como cobre, litio, hierro o cemento, entre otros.

Otro impacto positivo es la predictibilidad en el comercio, y aunque es poco probable que Biden sea activo en nuevos TLC, puede dar un impulso en las estrategias de nearshoring, especialmente para los trabajos de ingresos más bajos que no lleguen a EE. UU. También puede forzar un cambio en el modelo económico de China hacia el consumo interno y no la exportación, que beneficiaría a América Latina, y también la formalización de migrantes puede generar unas mayores remesas.

Otro elemento es el precio del petróleo que puede ser a largo plazo si se llegan a reducir subsidios de actividades de combustibles fósiles en Estados Unidos como fracking o carbón, lo que puede ser una buena noticia para la industria petrolera de Latinoamérica, para atender una menor producción.

En la región, México es uno de los países que ha entrado a capitalizar la tensión entre EE. UU y China y viene haciendo desde hace mucho, pero se puede extender a toda la región. El reto es qué tipo de oportunidades se quieren aprovechar, pues China ya no es un mercado de bajos salarios. Si se quiere atraer las industrias de ese país, hay que nivelar la capacidad tecnológica, tener una fuerza laboral más especializada, mejor calidad de la educación y estabilidad macroeconómica. Es decir, que EE. UU. quiera distanciarse de China no garantiza que esas empresas lleguen a Latinoamérica. Las oportunidades están, pero será para los países que estén mejor preparados. Esto requerirá mucha guía y coordinación público-privada para que el nearshoring sea efectivo y favorezca a la región.

AEV/SELA


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