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América Latina requiere de una “reforma policial” ya que se ha convertido en una región de las mas violentas del mundo

América Latina se ha convertido en la región más violenta del mundo y donde operan las fuerzas policiales más letales del planeta, el debate sobre una reforma policial está resurgiendo. Las Policías latinoamericanas “no cumplen un rol subordinado a la política, y eso hay que cambiarlo”, dice la experta chilena en seguridad Lucía Dammert quien es Doctora en Ciencia Política en la Universidad de Leiden, Holanda. Ha trabajado en instituciones académicas en Estados Unidos, Argentina, y Chile. Entre el 2005 y el 2010 se desempeñó como directora del Programa Seguridad y Ciudadanía de FLACSO Chile.

En México, Brasil, Argentina, Jamaica, Ecuador y Trinidad y Tobago, entre otros, hubo protestas en solidaridad con el movimiento Black Lives Matter. En algunos casos, las manifestaciones también sirvieron como vehículo para que la ciudadanía planteara sus demandas para poner fin a la violencia de las fuerzas represivas, el racismo sistémico y la impunidad policial.

En América Latina vive el 8% de la población mundial, sin embargo, la región registra el 33% de todos los asesinatos. En el mundo, 45% de los homicidios son cometidos con armas de fuego, en América Latina ese porcentaje asciende a 70%. El llamado triángulo del norte (Honduras, El Salvador y Guatemala) es el escenario de la mayor violencia armada en el mundo fuera de zonas en La criminalización de las protestas sociales y la pérdida de legitimidad de la policía

La criminalización de las protestas ciudadanas

El aumento del malestar ciudadano y de las crisis en la política en la mayoría de países de la región ha tenido como correlato el aumento de las manifestaciones en el espacio público, y la criminalización de las protestas: “lo que hace el mundo político es rápidamente inscribir la protesta como una amenaza criminal”, sostuvo Dammert. “Así van instalando la percepción de que lo que hay no necesariamente es una agenda política, sino una agenda criminal”, añadió.

La criminalización de las protestas, así como la policialización de los problemas políticos, “son dos problemas que erosionan las instituciones policiales, que pierden legitimidad debido a la presencia de violencia en las calles. Paradójicamente, la policía se puede convertir en parte del problema al escalar la violencia” y, también, limitar las capacidades reales de acuerdos políticos.

“Es fundamental poder reconocer que la policía no está llamada a resolver los temas políticos, y que cuando traes a la policía a resolver los problemas políticos [como las protestas ciudadanas], terminas con los problemas que hemos visto”.

​Según el análisis Reforma Policial. Agenda (aún) pendiente en América Latina, elaborado por Dammert y publicado en julio de 2020, en América Latina las reformas son anuladas antes de que puedan afianzarse y demostrar resultados. “Los avances con el regreso de la democracia [en la mayoría de los países desde finales de la década de los 70 hasta los 90] han sido limitados”, aseguró.

¿Qué pasa con la Policía en América Latina?

La policía latinoamericana tiene un “rol político evidente”, una parte importante del trabajo policial se desarrolla de forma corrupta, usa la violencia de forma indiscriminada, y los niveles de efectividad en la prevención, control e investigación criminal, son bajos —aunque en casos de violencia contra las mujeres o delitos de cuello blanco la situación es de “literal abandono”—.

Para modificar esas características de la policía latinoamericana y pensar en una reforma policial, Dammert asegura que “lo primero que tiene que reconocerse es la necesidad de que las policías jueguen un rol subordinado a la política”. Dammert identifica cinco áreas prioritarias que requieren reformas a corto plazo:

El papel de los civiles en temas policiales

En América Latina la profesionalización policial no ha sido encarada debidamente por los civiles que trabajan en la temática. “La relación de la policía con el mundo civil, llamemos investigadores, académicos, es muy muy pequeña”, aseguró Dammert.

La regulación de la seguridad privada

El negocio de la seguridad privada “crece de forma exponencial”. Dammert identifica dos motivos: la creciente demanda ciudadana y la percepción de que la policía no puede enfrentar las problemáticas. Seguridad privada vigila a migrantes frente a un tren de carga. En la ruta migrante se encontraron al menos cuatro de estas empresas dedicadas a la custodia de las vías, que también ejercen funciones de migración y seguridad pública.

Además, hay otro tema que requiere de regulación: la portación de armas de fuego. En América Latina vive el 8% de la población mundial, sin embargo, la región registra el 33% de todos los asesinatos. En el mundo, 45% de los homicidios son cometidos con armas de fuego, en América Latina ese porcentaje asciende a 70%. El llamado triángulo del norte (Honduras, El Salvador y Guatemala) es el escenario de la mayor violencia armada en el mundo fuera de zonas en conflicto.

La militarización de la policía y la policialización de los militares también implica que se instale la lógica del enemigo interno, que hoy es el narcotráfico, los mercados ilegales. Sin embargo, Dammert advierte que los problemas de violencia estructural continúan sin ser encarados cabalmente.

 

AEV/ Lucía Dammert/Pgrama Seguridad y Ciudadanía de FLACSO Chile.

 


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