Apoye nuestro esfuerzo con una donación
Suscríbase a nuestros boletines

Alan Greenspan: sus declaraciones sobre la resistencia de la FED, la presión de otros bancos centrales y las injerencias presidenciales en la política monetaria.

Greenspan ha hecho unas significativas declaraciones en las que deja meridianamente claro que la resistencia de la FED, aunque sea numantina, tampoco es infinita, y ha afirmado que en algún momento vamos a asistir también a ver tipos “sub-zero” en EEUU.

El expresidente de la Reserva Federal Alan Greenspan ya apunta a que, más tarde o más pronto, esos tipos negativos llegarán también a Estados Unidos. Y lo ha dicho sin dejar espacio para la más mínima sombra de duda, pues su frase literal ha sido: “es sólo cuestión de tiempo que los tipos negativos lleguen a Estados Unidos”. El enlace anterior de la CNBC además pone en contexto al explicar cómo en el mundo ya hay 16 billones de dólares invertidos en deuda que sólo ofrece “atractivas” rentabilidades negativas.

La irreductible FED trata de aferrarse a la econometría más ortodoxa para fijar el rumbo de los tipos de interés en Estados Unidos, intentando mantenerse firme ante las constantes injerencias políticas y también ante la presión cambiaria que los tipos negativos de otros Bancos Centrales ejercen en la práctica sobre la economía estadounidense.

La presión sobre la FED para bajar tipos no afloja, sino que se incrementa en todos los frentes. En primer lugar, y atendiendo al doble mandato de la FED, hay que decir que el empleo en EEUU ya lleva dando desde hace bastantes meses señales de estar bastante tensionado. Y ya no sólo con una tasa de desempleo que se situaba en Julio en un envidiable 3,7%, sino más recientemente también con unos salarios que llevan ya algunos meses dando muestras de una clara revitalización, pese al eterno aletargamiento en el que han estado sumidos durante buena parte de la recuperación tras la Gran Recesión. Pero aquí se acaban mayormente los datos con argumentos clásicos en pos de los más halcones de la Reserva Federal.

Y es aquí donde las palomas ya se vuelven agresivas, y optan por atacar cuan rapaces a los halcones que promulgan tipos altos. Por la segunda parte de ese doble mandato de la FED, tenemos que a la inflación estadounidense ni se le ve ni se le espera. No sólo el IPC de EEUU se situó al cierre de 2018 en un exiguo 1,91%, sino que estas tasas de inflación se encuentran por debajo del objetivo de inflación de la Reserva Federal, situado en el 2%.

Por otro lado, tenemos que las constantes (y dañinas) injerencias políticas presidenciales en la política monetaria, y en el desempeño de la misma que debería ser dominio exclusivo de la FED, no cesan. Desde hace bastantes meses que ya el presidente Trump se atrevió a empezar a dar indicaciones a golpe de tuit a una Reserva Federal que se resiste a plegarse ante el poder político, según les analizamos en su momento en el artículo “El fin de Trump se podría estar acercando si la FED sigue subiendo tipos”.

Pero desde aquel análisis, las injerencias y los intentos de influenciar (o incluso dictar) la política monetaria por parte de Trump sólo han ido a más. Imaginen cómo estará la cosa, que hace unas semanas se publicó una indicativa y desesperada carta abierta de cuatro predecesores en el cargo de máximo dirigente de la FED clamando por que es esencial que se respete su independencia. Pero el presidente ha hecho caso omiso (¡Cómo no!), y no sólo no ha parado de presionar a la FED, sino que ya ha pasado al siguiente estadio: claramente ha declarado a la FED el práctico “enemigo único” tan propagandístico con el que ya le está empezando a culpar de la próxima crisis. Y esto lo hace sin el más mínimo rastro de auto-crítica por la calamitosa situación del déficit, que él personalmente ha catapultado hasta niveles inconcebibles (y también, aunque sólo en parte, los niveles de deuda). Es Trump y no la FED quién ha enterrado la sostenibilidad de las cuentas públicas de EEUU con sus viscerales e insostenibles políticas fiscales; pero claro, la culpa

Y finalmente, por la parte del palomar, hay que actualizarles desde el análisis “Una parte importante de las decisiones monetarias de la FED se toman ahora mismo en… Frankfurt”, y decirles cómo no sólo pesa en las decisiones de la FED todo lo que está haciendo el BCE con sus tipos bajo cero, sino que esa fuente de presión va en aumento más allá de lo que marca el barómetro. Así, Draghi, en su última reunión al frente de la institución monetaria, no sólo ha vuelto a mantener su política de tipos “sub-zero”, sino que, demostrando lo gélido de la tormenta de nieve socioeconómica que se cierne sobre el continente europeo.

Lo cierto es que, entre bastidores y bajo el secretismo que impone el carácter estrictamente interno de estos consejos del BCE, ha habido una fuerte oposición, e incluso toda una revuelta interna, concretamente contra la reanudación del QE. Francia, Alemania, Holanda, Austria y Estonia han mostrado su total rechazo a la medida. Entre todos estos países pesan más del 50% de la Eurozona, y además, con toda la lógica y cautela criticaban que tal vez sería mejor guardar esa munición para posibles casos de emergencia que puedan sobrevenir en el futuro: sin ir más lejos, el propio Brexit. Habrá que ver si la sucesora de Draghi, Lagarde, sigue en la misma linea. Las declaraciones del airado Trump no se han hecho esperar, y ha acusado abiertamente al BCE de ser un manipulador de divisas haciendo al euro más competitivo; y eso que el BCE se supone que le estaría ayudando en su “mandato presidencial” monetario por el que le exige a la FED que baje los tipos.

Pero ya no es sólo lo que se ha decidido en la última reunión del consejo del Banco Central Europeo, es que además las perspectivas apuntan a que, incluso en un plano más general, en los próximos trimeses, es probable que sigamos viendo más de lo mismo. Así, de forma paralela a lo decidido en el seno del BCE, en el organigrama diseñado por la nueva presidenta de la Comisión Europea, la alemana Ursula von der Leyen, sorpresivamente, la cartera del departamento de Asuntos Económicos ha sido adjudicada al ex-primer ministro italiano Paolo Gentiloni. El movimiento es revelador y significativo, especialmente tras las tensiones vividas entre Bruselas y Roma por su desorbitada deuda pública y por su insostenible política fiscal, que tuvieron como consecuencia que desde la Comisión tirasen abajo los irresponsables prespuestos italianos, habiendo llegado incluso a amenazarles con expedientar a Italia por esos altos niveles de endedudamiento.

Pero ahora soplan aires insuflados desde Bruselas a Italia, y será el citado italiano, Paolo Gentiloni, el responsable de aplicar el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (incluyendo responsabilidades sobre Italia). Esto constituye mucho más que un simple guiño hacia Italia: es una carta declarándose en toda regla, en lo que supone una maniobra estratégica que parece querer volver a hacer a los italianos descarriados abrazar de nuevo el europeísmo. Esto cobra sentido cuando pensamos que ocurre tras meses de eurofobia promulgada desde la propaganda y desde cierto partido que todos conocemos. Que por cierto, esta salsa “a la italiana” de relajación presupuestaria podrá ¿beneficiar? a España, aunque sea cortoplacistamente para que el gobierno de turno pueda seguir a bajo precio con la fiesta de la “deuda para todos” (sí, usted como españolito está en la lista, pero sólo para pagar la cuenta quiera o no quiera).

Pero independientemente de su capacidad por mantener su rigor y carácter más ortodoxo, lo cierto es que la FED puede que acabe no teniendo más remedio que acometer esas bajadas de tipos a las que se venía resistiendo y que tan visceralmente le exigía Trump, y muy probablemente tendrá incluso que entrar también en el mismo terreno de tipos “sub-zero” en el que ya ha sumido el BCE a la vieja Europa. Efectivamente, el bono soberano a diez años ya renta negativo en Bélgica, Alemania, Francia… Pero no es sólo Europa, la referencia de la deuda soberana por antonomasia también está en terreno de números rojos en Japón y en otros países del mundo.

AEV/SALMON