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El 39% de la población de EE. UU aprueba la política de imposición de aranceles del presidente Donald Trump.

Según una encuesta de Washington Post / Schar School publicada el 11 de julio 2018, solo el 39% de los encuestados aprobó la imposición de aranceles del presidente estadounidense Donald Trump a países extranjeros, mientras que el 56% se opuso.https://www.washingtonpost.com/page/2010-2019/WashingtonPost/2018/07/06/National-Politics/Polling/release_526.xml?tid=a_mcntx

Este dato representa para algunos economistas estadounidense y del mundo, una buena noticia que la mayoría de los estadounidenses se oponga a su presidente en este tema clave, Trump está avanzando, aparentemente pensando que al público le agradarán las tarifas cuando estén en su lugar. Hay hechos históricos como los ocurrido en la  Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial, y el Acuerdo General de Aranceles y Comercio de 1947, donde Estados Unidos -tanto su gobierno como su pueblo- ha apoyado firmemente el libre comercio.

La pregunta que se hacen muchos analistas es: ¿por qué estamos viendo tanto apoyo público para una guerra comercial iniciada por los EE. UU. ¿Ahora? Las respuestas coinciden en señalar que se debe a la inseguridad laboral a veces impuesta por el libre comercio y del sentimiento de injusticia que surge cuando alguien se encuentra entre los perdedores. La mayoría de las personas no quiere caridad.

El politólogo John Ruggie argumentó en 1982 que el multilateralismo y el libre comercio posterior a la Segunda Guerra Mundial era el resultado de un “compromiso del liberalismo incrustado”. Un sistema multilateral y aranceles bajos podrían ser políticamente viables solo si el gobierno interviniera para estabilizar la economía.

Por otra parte, el economista Dani Rodrik ha proporcionado más pruebas que apoyan el argumento de Ruggie. Usando datos de 125 países y controlando por otros factores, Rodrik encontró una correlación positiva entre la apertura económica de los países y la participación del gasto público en su PIB; es decir, las economías más abiertas gastan más dinero en relación con su tamaño para bienes y servicios para sus ciudadanos. Los países de alto comercio no son países pequeños: es todo lo contrario.

El economista Robert J. Shiller, en su libro de 2003 “The New Financial Order” (Nueva orden financiera), argumenté a favor del “seguro de medios de subsistencia” emitido de forma privada, que protege contra la pérdida de ingresos a largo plazo y establece primas sobre la base de la ocupación y la capacitación. Pero, aunque tales programas podrían alentar la toma de riesgos ocupacionales y el crecimiento económico, no se están implementando de ninguna forma en EE.UU.

Este mismo economista argumenta que una de las razones por la cual ha sido tan difícil aplicar el principio de seguro a los riesgos comerciales es que si el gobierno ofrece la cobertura contra los riesgos para los medios de vida del libre comercio, simplemente se ve como una redistribución. Esto es especialmente así porque los riesgos de mantener el libre comercio con tarifas bajas pueden ser a largo plazo. Perder el trabajo en la industria siderúrgica de EE. UU. Ya que las fábricas cerradas frente a la competencia extranjera pueden parecer terriblemente permanentes. Pero es difícil imaginar que los gobiernos subsidien a los trabajadores desplazados durante décadas.

Fuente: Análisis de Eco-visión de varias documentos y fuentes