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El proteccionismo que intenta Trump poner a su país podría tener obstáculos y bloqueos ….

El sistema institucional de los Estados Unidos de América está constituido por un enjambre de elementos que dificultan enormemente aplicar políticas del Ejecutivo sino no es con el consenso y la filtración de las contrapesas políticas de los demás poderes de la Unión. El sistema político e institucional de Estados Unidos de América es un sistema de gobierno basado en sólidas instituciones y con una separación de poderes que funciona con efectividad.

Tanto para derribar aranceles, renegociar tratados comerciales y establecer medidas ligadas a las políticas de inserción y expansión de la economía globalizada de Estados Unidos de América, el presiente no lo puede hacer efectivo porque hay límites internos y externos que se lo impiden, incluso hasta aplicar la amenaza de restringir el comercio con México.

La situación regional con su enfrentamiento con México está convulsionando el orden económico mundial y sería aun mayor con su más que previsible choque con China. Pero, existen límites, internos y externos los que podrían impedir que Trump se convierta para su país en la herramienta que puede acabar con un sistema político y un modelo de gobierno ya institucionalizado fuertemente.

Él se encuentra prisionero del sólido entramado institucional de la democracia estadounidense y cuando se produzca el choque entre el ejecutivo y el legislativo, sin duda, será un show mediático interesante que vivirá la sociedad norteamericana y los medios informativos del mundo.

Los imites institucionales de Trump están de cara a unas instituciones mucho más fuertes y con una tradición histórica lejana; un entramado económico-comercial que se erigen como una elevada muralla para sus planes. Su propio Partido Republicano, que no está lejos de ser monolítico, tampoco le tiene con Trump como líder y referente. Según algunos congresistas Republicanos el Ejecutivo, con Trump a la cabeza, tiene libertad para promover, proponer y disponer los temas que desee en la agenda. No obstante, su puesta en marcha efectiva dependerá en buena medida de un poder legislativo que controla decisiones imprudentes para el presente o futuro de Estados Unidos. Según algunos congresistas ““No hay que olvidar que los líderes del Partido Republicano en el Congreso y Senado habían manifestado su distanciamiento con Trump, por tanto, aunque las relaciones parecen haber mejorado funcionarán como contrapeso”,

Sebastián Royo del Reasl Instituto Elcano subraya que “el sistema de separación de poderes, y el de checks and balances que son la base de la Constitución de EEUU, obligan al presidente a trabajar con el Congreso para poder avanzar cualquier iniciativa legislativa. Y pese a que los Republicanos tienen mayoría en las dos cámaras legislativas eso no le garantiza de ninguna manera que muchos de sus compromisos electorales saldrán adelante. Obama también tenía mayoría en las cámaras cuando llego al poder y, con la excepción del paquete de estímulo fiscal (que tuvo que diluir muy significativamente) y su programa de salud, prácticamente no pudo hacer mucho más esos años. Y hay que resaltar que el partido Republicano está profundamente dividido sobre muchas de las propuestas de Trump (libre comercio, inmigración, política exterior, políticas fiscales, etc) Y, además, la relación entre Trump y algunos de los líderes Republicanos del Congreso es muy tirante. Tal y como recordaba Obama recientemente, el gobierno federal es un portaviones que gira muy lentamente, no un coche de carreras”.

En el tema comercial Trump tiene límites, ya que en este terreno existe un consenso generalizado en ambos congresos y en gran parte de la población empresarial que está de acuerdo y considera que es conveniente renegociar el NAFTA, pero de eso a acabar con el vínculo con México hay un abismo. Sobre todo, porque para terminar con el NAFTA u otro acuerdo para alterarlo en su esencia necesita el respaldo del Congreso.

Elevar y aplicar aranceles implicaría violar el NAFTA, que establece el libre comercio,  y por tanto cero aranceles entre EEUU, México y Canadá.  Trump, para llevar a la práctica su amenaza debería liquidar el acuerdo de libre comercio mediante una ley votada en el Congreso donde el Partido Republicano posee la mayoría, pero la gran mayoría de los republicanos son partidarios de libre comercio y enemigos del proteccionismo.

Por otra parte, el primer enfrentamiento que realiza Trump  que es con México, la relación con este país, según el senador republicano, Lindsey Graham, ha sido el primero en mostrarse contrario a las medidas del  presidente estadounidense: “Seguridad fronteriza, sí; aranceles, no. México es nuestro tercer socio comercial (…) Son una gran barrera al crecimiento económico“. En efecto, México es el segundo destino de las exportaciones estadounidenses con el 14.8% del total, sólo por detrás de Canadá y el tercer proveedor de EEUU: supone el 13.1% de sus importaciones, después de China con el 21.5% y Canadá, que representa el 13.2%.

La Agencia de Calificaciones de Riesgo (Moody’s)  ha calculado que una “guerra comercial” entre Trump y México reduciría el crecimiento económico de Estados Unidos de América que podría perder alrededor de 300.000 empleos. Estados Unidos exportó bienes y servicios a México por valor de USD 236.000 millones en 2015. Las pretensiones de Trump de financiar el muro para frenar la inmigración en la frontera con México con una tasa de 20% a los productos importados de ese país, según anunció su portavoz Sean Spicer, se trata de una medida que para hacerse realidad requiere de una ley del Congreso. Y ahí no existe consenso. El senador republicano de Arizona, John McCain, asegura que renegociar el TLCAN no es mala idea si es para modernizar el tratado, pero no para aumentar aranceles a los vecinos norteamericanos: “El libre flujo de bienes ha sido el establecimiento de la política económica estadounidense durante décadas y un factor clave en nuestra grandeza y prosperidad. No deberíamos tener que reaprender las lecciones de la historia”. McCain ha recordado que las exportaciones de Arizona a México y Canadá rondan los 5.700 millones de dólares, un 236% más que en 1994.

Por otra parte, una medida a la aplicación de aranceles hacia arriba tienen efecto en los consumidores, así, no son una medida inofensiva, sino que puede provocar un alza en la inflación lo cual golpearía sobre las clases bajas y medias estadounidense. Además, acrecentaría las presiones migratorias por el aumento del desempleo. Y esto también tiene su lógica, según el canciller mexicano Luis Videgaray  “un impuesto a las importaciones que hace EU de productos mexicanos no es una manera de hacer que México pague por un muro, sería el consumidor norteamericano quien estaría pagando, porque aquí Estados Unidos serían más caro los aguacates, las lavadoras, las televisiones, muchas cosas que compran las familias norteamericanas, afectado la economía de las familias”.

En síntesis, las explosivas manifestaciones de Trump están teniendo efectos directos e indirectos por vía de la “incertidumbre” de sus políticas, especialmente que salen de un Ejecutivo no alineado o armonizado con los demás Poderes de la Unión.