Apoye nuestro esfuerzo con una donación
Suscríbase a nuestros boletines

El Tratado Comercial entre el Mercosur y la Unión europea podría desvanecerse. Existe un capítulo con salvaguardias ambientales

El tratado comercial entre el Mercosur y la Unión Europea podría literalmente quemarse. El Parlamento austríaco rechazó el miércoles (18.09.) el tratado y obliga al Gobierno a vetarlo ante el Consejo Europeo.

Durante veinte años, la Unión Europea negoció con los cuatro países del Mercosur, firmó el tratado y luego vino Bolsonaro. El presidente derechista de Brasil no es exactamente un defensor de las ideas ecológicas. Bajo su gobierno, la selva amazónica está ardiendo a un ritmo sin precedentes. Ahora, los miembros de casi todos los partidos del Parlamento austriaco han sacado sus conclusiones.

En una votación en la subcomisión para la UE del Parlamento en Viena, cuatro de cinco partidos votaron en contra del tratado con el Mercosur. La exministra austriaca de Agricultura, Elisabeth Köstinger (ÖVP), declaró tras la votación que había “un mandato claro para los ministros responsables” de rechazar el tratado a nivel europeo. El jefe del grupo parlamentario del SPÖ, Jörg Leichtfried, calificó la votación de “gran éxito para la protección de los consumidores, del medio ambiente y de los animales, así como de los derechos humanos”.

El Acuerdo de Libre Comercio entre el Mercosur y la UE solo puede entrar en vigor si todos los países implicados están de acuerdo, y esto se aplica a cada Parlamento nacional de todos los Estados miembros. También se requiere la aprobación del Parlamento Europeo, y la ratificación por parte de los Jefes de Estado y de Gobierno de la UE debe ser unánime.

Es un Acuerdo que involucra a 772 millones de personas. Desde el punto de vista de la UE, el tratado está listo, la revisión legal está en curso y podría estar listo para su firma en otoño del año que viene. El Mercosur incluye a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Con una población de más de 260 millones de habitantes, esta unión de estados sudamericanos ya es una de las principales zonas económicas del mundo. Sin embargo, con más de 512 millones de habitantes, la Unión europea es casi el doble de grande.

Para Europa, el Tratado de Libre Comercio significaría, sobre todo, la abolición de los altos aranceles sobre los productos industriales de la UE que se exportan a América Latina. A cambio, sin embargo, se trata principalmente de los productos agrícolas de los cuatro países sudamericanos, que podrían encontrar un mejor acceso al mercado en Europa.

Ya ahora, según la organización medioambiental WWF Alemania, la producción de forraje para cerdos, vacas y aves en Alemania requiere una enorme cantidad de terreno. “Una de las causas de los devastadores incendios en el Amazonas, se puede encontrar en los comederos alemanes: la soja”, dice Eberhard Brandes, miembro de la junta directiva de WWF. Una gran parte de la soja en Alemania proviene de América del Sur.

La Comisión de la UE sostiene que el acuerdo contiene normas vinculantes para la protección de la selva tropical. Según el resumen conocido hasta ahora, un artículo especial obliga a ambas partes a “aplicar efectivamente” el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático. Además, el tratado contiene compromisos para la lucha contra la deforestación. Aquí el resumen menciona iniciativas del sector privado que “refuerzan estos compromisos”, como no comprar carne de granjas “en zonas recientemente deforestadas”. Los críticos consideran que estas cláusulas son demasiado ambiguas. También faltan medidas de sanción si se violan las afirmaciones de que la selva tropical y el clima deben ser protegidos.

Una fuente del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil dijo a DW que el gobierno de Bolsonaro no estaba contento con la decisión del parlamento austríaco y que la consideró precipitada, ya que la versión final del acuerdo comercial aún está en proceso de redacción, el proceso de ratificación no ha comenzado todavía y existe un capítulo con salvaguardias ambientales, según la fuente. Además, parlamento austríaco pueda volver revocar la decisión, teniendo en cuenta que el país europeo celebrará elecciones legislativas el 29 de septiembre.

El lunes pasado, el ministro de Asuntos Exteriores argentino, Jorge Faurie, exigió no mezclar los asuntos ambientales y comerciales en el proceso de ratificación del acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur. Precisamente estando en Viena, donde participó en la Conferencia General de la agencia nuclear de la ONU, el canciller argentino aseguró que el Mercosur adoptó la posición ambiental de la UE, y que en el acuerdo final “los aspectos ambientales están claramente defendidos y protegidos”.

Económicamente, la región del Mercosur no es realmente importante para Alemania en este momento. Sólo el 2,6 por ciento de las inversiones alemanas en el mundo van allí. Apenas el tres por ciento de los productos alemanes se venden en la zona del Mercosur.

A los opositores del libre comercio entre los países comunitarios y mercosureños les entusiasma ver la resistencia que Austria le ofrece al tratado interregional. Pero Viena no tiene la última palabra. Aunque la aprobación unánime es obligatoria para que el tratado de libre comercio entre en vigencia.

El presidente de la formación populista de derecha Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) se dio por vencedor tras una votación realizada en una subcomisión del Parlamento austríaco: el pacto entre la Unión Europea y los cuatro países sudamericanos del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) murió, creyó a final de la jornada. Pero tanto él como los otros opositores del libre comercio en Austria y el resto del bloque comunitario celebraron demasiado pronto. Aunque la votación en cuestión es vinculante para el actual Ejecutivo, que es un Gobierno de transición, no se sabe lo que pasará después de las elecciones parlamentarias –pautadas para dentro de diez días– y de la conformación del nuevo Gobierno.

Austria puede influir sobre las negociaciones finales entre la Unión Europea y el MERCOSUR con su amenaza de veto. Y es que todavía no ha sido redactado el texto que encarnará el convenio de libre comercio. Se presume que el documento estará listo a finales de octubre, veinte años después de que comenzaran las primeras conversaciones entre ambos bloques. Sólo cuando el texto esté sobre la mesa se podrá proceder con la votación en el Consejo de la Unión Europea, donde los Estados miembros están representados por sus respectivos ministros de Economía y Comercio. En este instante, todo apunta a que los países comunitarios deben aprobar el proyecto unánimemente para que entre en vigor. Una decisión por mayoría sólo sería posible si la Comisión Europea anunciara que el tratado es competencia exclusiva de la Unión Europea y no de sus socios. Pero ese es un escenario inimaginable porque este convenio comercial es demasiado abarcador y forma parte de un pacto de asociación con Sudamérica más amplio todavía.

Eso significa que la unanimidad es obligatoria para que el tratado de libre comercio entre en vigencia. De ahí que no sea solamente Austria la que juega al póker con su poder de veto. Por razones distintas, Francia, Irlanda y Luxemburgo también han amenazado con rechazar el pacto con Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. De golpe, esos países europeos alegan no poder sellar el trato con el presidente de Brasil, el nacionalista de derecha Jair Bolsonaro, debido a su renuencia a proteger las selvas de su país. Este argumento tiene pies de barro porque el convenio con el MERCOSUR pone el cumplimiento de estándares ambientales y la protección activa de las selvas como condición para el disfrute de ventajas comerciales. Si no se firma el pacto de libre comercio, el presidente Bolsonaro no tendría un motivo de peso para cambiar sus políticas de cara a la Amazonia. Y la Unión Europea no tendría ninguna herramienta para ejercer presión sbre Brasilia.

Es muy probable que lo que en realidad preocupa a Francia, Irlanda y Austria sea el descontento de sus granjeros. Éstos protestan a voz en cuello, alegando que la carne de res proveniente de Sudamérica va a terminar saturando a la Unión Europea y dejando fuera de juego a los productores agropecuarios locales. Puede que esa crítica sea fundada, pero es también exagerada: la cuota de la carne de res sudamericana en el mercado comunitario llega apenas al uno o al dos por ciento y, de aprobarse el tratado de libre comercio interregional, ésta no subirá drásticamente. Los granjeros europeos sufren a causa de su propia sobreproducción: en la Unión Europea se produce un 102 por ciento de lo que se necesita en lo que concierne a la carne de res. La Unión Europea es una exportadora de carne de res.

AEF/F/EFE