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INTERROGANTES PARA LA REGIÓN: IMAGEN DEL EFECTO TRUMP EN MEXICO

RESISTENCIA DE MÉXICO A EL EFECTO TRUMP: CUADRO  E INTERROGANTES PARA LA REGIÓN.

De acuerdo a análisis de las cifras aún muy preliminares del PIB de Estados Unidos y de México, aunque parezca increíble, los datos están bastante mal para Estados Unidos y bastante bien para México. Esta lectura es sorprendente si se tiene en cuenta el impacto que tuvo la victoria de Donald Trump en ambos lados del Río Bravo. En el norte, su triunfo fue recibido con un desaforado optimismo: el nuevo Presidente les iba a reducir los impuestos, iba a realizar un gran gasto en infraestructura, e iba a desregular sectores clave, como el bancario o el energético, de las rigideces y normas que impuso su predecesor, Barack Obama. En consecuencia, se disparó la confianza del consumidor, mejoró el ánimo del empresario y las Bolsas volaron a nuevos récords históricos. Todo parecía indicar que tras un largo período de crecimiento lento con tasas de expansión del PIB en torno a 2.0% en los últimos años, la economía estadunidense estaba lista para despegar con fuerza y dirigirse hacia tasas de 3.0% o incluso a 4% que ha prometido Donald Trump.

Por el contrario, en el sur, en México, cundió el desánimo y la desesperación. Trump amenazaba con desmantelar el Tratado de Libre Comercio, poner un arancel sobre las importaciones, desincentivar la implantación de fábricas en territorio mexicano como hizo con Ford y Carrier, gravar las remesas para financiar un imponente muro a lo largo de toda la frontera y deportar a inmigrantes. Tanto oprobio quedó reflejado en las encuestas y mostraban a un consumidor deprimido, un empresariado que se enfrentaba a un escenario catastrófico y el derrumbe del peso mexicano. El  impacto sobre la economía podría ser tal que no se descartaba incluso la posibilidad de que México entrara en recesión.

Pues bien, una cosa son las encuestas y otra, los datos duros. En Estados Unidos, pese al rampante optimismo, el consumidor se mostró más cauto a la hora de gastar. Y lo que es peor: como los precios al consumidor han venido subiendo, en términos reales (que es como se computa en el PIB) el gasto de consumo se ha deprimido. Así, el  gasto de consumo real se ha contraído durante dos meses consecutivos: enero (-0.2%) y febrero (-0.1%),  algo que no sucedía desde la crisis de 2009. En consecuencia, el consumo privado,  que representa 2/3 del PIB de Estados Unidos y que es, por tanto, el rubro que dirige el crecimiento de la economía, se ha frenado de manera abrupta. El gasto de consumo pudo aumentar en torno a un 0.9%  en el primer trimestre, según las encuestas del mercado, lo que significa una brutal desaceleración respecto a la tasa de 3.5% en el cuarto trimestre. En caso de confirmarse, se trataría de la tasa más baja desde el segundo trimestre de 2013.

De este modo, y como resultado de la inesperada debilidad del gasto de consumo, la economía estadunidense se ha paralizado durante el inicio de 2017. El consenso estima que el PIB apenas crezca a una tasa trimestral anualizada de 1.0% en el primer trimestre, lo que implica un sustancial deterioro respecto a la tasa de 2.1% en el cuarto trimestre del año pasado, o 3.5% en el tercero. De ser correcto el pronóstico del mercado, el crecimiento del PIB del primer trimestre sería el más lento desde el mismo período del año pasado.

En contraste, México, que se temía podría sufrir un descalabro al empezar el año, ha resistido bastante bien. No sólo era el efecto Trump: se juntó con el gasolinazo y su impacto inflacionario, el desplome del peso, las subidas de tasas de Banxico y la contención del gasto público para reinstaurar la disciplina fiscal. Por tanto, se sospechaba que la economía mexicana, que ha logrado crecer a tasas ligeramente por encima de 2% en los últimos años, podría desbarrancar al inicio de 2017.

Pero no fue así.  Todo parece indicar que el PIB de México encajó todos los golpes y logró preservar un crecimiento superior a 2.0% en el primer trimestre. La gran sorpresa fue el dato del IGAE de enero, esa especie de PIB mensual que tiene la economía mexicana. Sin duda, en ese primer mes del año se acumularon todos los males posibles. Sin embargo, el IGAE sorprendió con una tasa anual de crecimiento de 3.0%, por encima de 2.1% en diciembre y muy por encima de la tasa de 1.9% que esperaba el consenso. La mayor sorpresa se concentró en el sector servicios, el de mayor peso en la economía: su tasa de crecimiento en enero fue de 4.1%, una mejora respecto a la tasa de 3.3% en diciembre. Esa recuperación del sector servicios tomó  por sorpresa a los analistas, más teniendo en cuenta el desempeño de las ventas minoristas: los ingresos por suministro de bienes y servicios de las empresas al por menor pasaron de crecer de una tasa anual de 11.2% en noviembre a otra de sólo 4.9% en enero. La cifra de febrero, publicada ayer, se desaceleró aún más, a 3.6%).

Por lo tanto, enero, lejos de ser lo demoledor que se temía, supuso una sustancial mejora en el ritmo de actividad. Si enero salió bien parado pese a todos los contratiempos e indicios que se tenían, febrero y marzo pintan mejor una vez que la situación económica empezó a mejorar. En febrero, el IGAE aumentó a una tasa anual de 1.0%, nada mal si tenemos en cuenta que 2016 fue bisiesto y por tanto este año contó con un día menos. En términos ajustados estacionalmente, el IGAE ha aumentado  en los últimos diez meses, lo que indica que la economía mexicana se ha tragado y ha incorporado el factor Trump sin tener que sufrir ningún fuerte tropiezo en su tendencia de crecimiento. Tanto es así que el consenso prevé que el PIB de México mejore ligeramente en el primer trimestre: pronostica un aumento en la tasa anual de 2.5%, lo que supondría un ligero repunte  respecto a la tasa de 2.4% del cuarto trimestre del año pasado.

Claro  que apenas está empezando la gestión de Trump. Parte de la debilidad del consumo privado en el primer trimestre se  debió a un aspecto temporal: el templado invierno en Estados Unidos ha significado un bajo gasto en calefacción. Pero los fundamentos para que el  gasto de consumo permanezca robusto siguen ahí: el empleo crece; los ingresos de los trabajadores están mejorando; las tasas de interés permanecen baja; las bolsas han volado, lo que favorece un mayor gasto por “efecto riqueza”; y los consumidores andan de muy buen ánimo, sobre todo si dentro de poco les recortan los impuestos, como promete Trump. Por tanto, en Estados Unidos es de esperar que tras el bache del primer trimestre, la economía mejore. Sin embargo, nos tememos que el rumbo de crecimiento para todo el año se mantendrá cerca de la reciente tendencia del PIB, de alrededor de 2.0%, pero lejos de ese 3% o 4% que se habla en la Casa Blanca.

En México, por otro lado, la mejor noticia es su capacidad de resistencia. El FMI, la semana pasada,  mantuvo su pronóstico de crecimiento de 1.7% para todo el año. La última encuesta de Citibanamex, del pasado 20 de abril, revisó al alza el PIB para 2017 de 1.5 a 1.6%. En caso de confirmarse la cifra del PIB, podría haber más revisiones al alza, más teniendo en cuenta que Trump da claras señales de debilidad y  se ve cada vez con más dificultades para cumplir sus amenazas populistas de campaña.

Por: Jose Miguel Moreno: Facultad de Economía de la UNAM.