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La pandemia de COVID-19 y el estallido financiero elevara las ratios de deuda pública en los países deudores

El más tradicional indicador de solvencia de una economía es reflejar cuál es la proporción de la deuda sobre el producto interno bruto:  Deuda/PIB. Esto significa cuánta riqueza en bienes y servicios genera una economía en relación al endeudamiento. Es una medida similar a estimar cuál es la solvencia patrimonial de una unidad económica. Una ratio muy elevado cercano al 100%, es decir que la deuda pública es equivalente al producto, refleja una situación de solvencia crítica. Si se le agrega por la crisis del coronavirus restricciones de liquidez, o sea de disponibilidad de dólares, la cesación de pagos se convierte en una instancia muy cercana.

Este es el panorama que ya tiene la economía argentina, mientras otras de América Latina y Asia están transitando ese camino si no se supera rápido la crisis global.

En América Latina, el indicador deuda/PIB, a fines de 2019, mostraba a Argentina liderando el ranking con el 90,0%, seguido de Brasil con el 87,9% y luego se ubicaron Uruguay con el 63,5%, México con el 53,6%, Colombia con el 52,2% y Bolivia con el 51,3%.

Todas esas ratios empeorarán mucho en este año porque el denominador de la relación (PIB) registrará una brusca caída. La deuda pública, si se mantiene constante, situación poco probable, será una carga cada vez más pesada para las economías.

De acuerdo al informe de marzo del FMI, el panorama financiero en el mundo y en especial en los países emergentes es muy complejo porque, de acuerdo a este reporte de Estabilidad Financiera del FMI, desde marzo se ha registrado una salida de capitales de esos países por unos 100.000 millones de dólares (economías emergentes).

Para economías frágiles con elevada deuda pública, el shock del coronavirus es fulminante. A la escasez de divisas para pagar deuda se suma la caída dramática en las exportaciones, la interrupción en el abastecimiento de materias primas y bienes intermedios y el violento descenso del ingreso por turismo receptivo.

En este aspecto, es complicado el problema de Argentina, como el más real y evidente (Venezuela es otro análisis). La deuda soberana de Argentina está en ‘default’ y el Gobierno de Alberto Fernández ha propuesto a los acreedores una renegociación de los vencimientos, con extensión en los plazos, reducción fuerte de la tasa de interés y leve reducción del capital. El problema de la deuda argentina no es el único que existe en el mercado global de las deudas soberanas. Sin embargo, mientras se sigan pagando vencimientos de capital e intereses de deuda soberana emitida en bonos internacionales, las reservas de divisas de libre disponibilidad irán disminuyendo, en especial en los países denominados emergentes.  Ambiente que podría afectar fuertemente a Argentina.

Las finanzas públicas de muchos países quedan entonces en extrema vulnerabilidad, pero la de Argentina está tremendo riesgo.

AEV/aal