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Es la política de salarios mínimos una medida acertada de distribución de los ingresos…?

Apropósitos de las discusiones salariales de Nicaragua el siguiente tema es un analisis que incita a reflexionar, no solo en cuanto a la sostenibilidad de las políticas de salario mínimos en los países  desarrollados y en aquellos donde el salario mínimo representa un nivel de ingresos demasiado importante para no ser atendido y profundizado (véase los niveles de salarios mínimos de los países desarrollados: http://stats.oecd.org/Index.aspx?DataSetCode=MIN2AVE .

Cada tiempo que transcurre con el desarrollo del capitalismo hasta su estado actual, la discusión sobre la distribución del ingreso se torna compleja y menos clara todavía.  Un trabajo que ofrece una visión interesante es el libro de texto del salario mínimo de James Kwak (véase el articulo completo): https://www.theatlantic.com/business/archive/2017/01/economism-and-the-minimum-wage/513155/

James Kwak, proporciona un ejemplo perfecto de cómo la economía corriente contemporánea “puede ser más engañosa de lo que es útil”. En su tesis James Kwak se refiere al problema de como el “economicismo empresarial” de los salarios mínimos es engañosa. La argumentación contra el aumento del salario mínimo a menudo se basa en el “economicismo empresarial para no otorgarlos”.  Estas concepciones parten de muchos libros de texto con enfoque microeconómico que hacen una descripción “abstracta de la realidad” a los problemas del mundo real, creando la ilusión de consenso y reduciendo un tema complejo a un caso simple. Según el argumento mayoritario del “economicismo empresarial”, con un par de curvas de oferta y demanda se demuestra que un salario mínimo aumenta el desempleo y perjudica exactamente a los trabajadores de bajos salarios que se supone que deben ayudar. El argumento es el siguiente: La mano de obra poco calificada es comprada y vendida en un mercado, como cualquier bien o servicio, y su precio debe ser fijado por la oferta y la demanda. Un salario mínimo, sin embargo, altera este equilibrio un tanto feliz porque establece un piso de precio en el mercado de trabajo. Si está por debajo de la tasa de salario natural, entonces nada cambia. Pero si el mínimo está por encima del salario natural distorsiona el mercado. Más personas quieren empleos a un salario superior que el salario natural (el más bajo o de base), pero las empresas quieren contratar menos empleados. El resultado es más desempleo. Las personas que todavía están empleadas están mejor, porque se les paga más por el mismo trabajo; la ganancia empresarial es exactamente equilibrada por la pérdida de sus empleadores. Pero la sociedad en su conjunto está peor, ya que las transacciones que hubieran beneficiado tanto a los compradores como a los proveedores de mano de obra no ocurrirían debido al salario mínimo. Estos son trabajos que alguien habría estado dispuesto a hacer por menos del salario base o del mínimo y para los que alguna empresa habría estado dispuesta a pagar más de ese salario. Ahora esos empleos han desaparecido, así como los bienes y servicios que habrían producido con el salario mínimo. En conclusión, una política sin salarios mínimos la sociedad en su conjunto podría llegar a un óptimo de “Pareto” en que la sociedad en su conjunto, independiente de las estructuras sociales y los ingresos fuera del salario, arriba a un punto de equilibrio en el que salen menos afectados los trabajadores de ingreso base sin reducir la situación de bienestar de cualquier otro nivel de salarios del mercado (aal)