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Retos que enfrentarán los pequeños empresarios en Nicaragua en 2018

El panorama que afrontará la política del país durante 2018 y en si la economía nicaragüense requiere que las pequeñas y medianas empresas estén listas a reaccionar ante cualquier eventualidad futura.

Si la economía en 2017 podría registrar un crecimiento del 4.5% el que se ha sostenido en los últimos años, este dato no implica que la política económica del gobierno haya sido eficiente y prometedora para apalancar del desarrollo y el crecimiento cualitativo del país. La distribución del ingreso y la concentración de los negocios es un tema cada vez llamativo y abrumador para el desarrollo cualitativo y amplio del país.

El país estaría experimentando incrementos en la tasa de interés, costos más elevados en los servicios fundamentales: agua, telefonía, comunicaciones, energía y otros que continuaran siendo los más elevados sobre el promedio centroamericano. También está la expectativa de una posible reforma fiscal, una mayor inflación en el país y la incertidumbre que genera entorno político del país con la Nica Act y los graves inconvenientes de la depreciada institucional que gozamos los nicaragüenses y aún más, la ineficiencia Estatal, la burocracia, el entorpecimiento para las transacciones económicas y la pérdida de tiempo en la búsqueda de soluciones y respuestas inmediatas de las instituciones públicas. Es decir, incompetencia, baja productividad y traslado de los costos de transición a productores, consumidores y los actores productivos del campo y la ciudad. Todo esto se traduce y transfiere a los consumidores en general.

Presión sobre precios. La inflación seguirá cercana al 6%-7% por un alza en el costo de los energéticos y el traspaso de la inflación importada, los costos de transacción y la ineficiencia general del Estado. Todo esto se traduciría en que las empresas incrementaran sus costos producción. Estos choques harán presión en el coste del dinero y la restricción del crédito y los beneficios.

La carencia de creatividad para generar programas concretos que auxilien a los productores pequeños, a la medianas y pequeñas empresas que sobreviven de las actividades y economías marginales, que no le son rentables a las grandes corporaciones y empresas del país, y con ello el incrementado de la informalidad.  Nicaragua cada vez más la concentración de las ganancias se acumula en empresas estructuralmente monopólicas, de alto poder negociador con caminos amplios y fáciles de acceder al gobierno para beneficiarse de las prerrogativas de este. Es la razón, mal que bien, de que los datos del Banco Central de Nicaragua, muestren una alta tasa de empleo, pero en el fondo es un empleo sin sustancia sostenible y discriminatorio.

Lo que se percibe y observa es un país con una economía de “imagen” estadística seudo positiva y en el fondo campea la miseria y la falta de perspectiva de largo plazo, debido  a una política pública incapaz de proyectar y ejecutar con decisión cambios estructurales esenciales para empujar al país hacia una senda de desarrollo amigable con los pobres y disminuir las distancias entre los grandes consorcios y la pequeñas y mayoritarias poblaciones de empresas y productores agropecuarios.

Por. Alejandro Arauz L.