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Aun con Brexit las posibilidades de que el Reino Unido se separe por completo de Europa parecen no probable

El Brexit podría interpretarse como un mero cambio de régimen para regular las relaciones entre el Reino Unido y la UE, lo cual indica que la interconexión y la interdependencia con Europa se va a mantener y a intensificar.

La victoria electoral de Boris Johnson en el Reino Unido del pasado 12 de diciembre fue interpretada como la oportunidad para que el Brexit se materialice y para que ese país pueda por fin retirarse de la Unión Europea. Y en efecto: el 20 de diciembre, el Parlamento Británico aprobó el plan de Johnson de consumar el retiro el 31 de este mes de enero.

Pero todavía no es seguro que el Reino Unido se reitre de la Unión Europea (UE) o que eso ocurra pronto. La incertidumbre se debe a factores externos derivados del proceso de internacionalización de la economía, la política y la cultura.

Según el especialista, Mario Arroyave, el Brexit tiene un límite en el mercado europeo, en la interdependencia europea y en la globalización. En realidad, sacar al Reino Unido de la UE no depende de Boris Johnson. El Brexit también depende de Europa y de fuerzas políticas externas, que son difíciles de controlar por los actores nacionales. Además, el Reino Unido está incrustado en medio de las instituciones, reglas y procedimientos europeos y no podrá retirarse de la UE sin sufrir consecuencias negativas. Todavía no es seguro que el Reino Unido se retire de la Unión Europea (UE) o que eso ocurra pronto.

La UE fue creada para mantener la paz y la seguridad en Europa a través del uso compartido de los recursos económicos y políticos por parte de los Estados miembros. En este sentido, la principal característica política de la Unión Europea consiste en que recibe una pequeña parte de la soberanía de los Estados miembros. Así se crea un gobierno común europeo encargado de determinadas tareas fundamentales que antes estaban en cabeza de los Estados, en especial en el ámbito económico, comercial e incluso político. A partir de aquí surge una soberanía compartida que sirve como sustento y fundamento para las competencias y el funcionamiento del espacio y la vida transnacional en Europa.

A pesar de sus crisis, la UE es la institución de gobernanza europea más exitosa de toda la historia. Sin embargo, la construcción de la organización nunca ha estado exenta de problemas, ni mucho menos de críticas. En efecto, muchos actores nacionalistas y antieuropeistas ven a la UE como una institución usurpadora de las funciones básicas de los Estados nacionales. En este punto es importante resaltar que la idea general de una Europa unida en el plano político y económico ha tenido simpatizantes y detractores desde siempre. Con el nacimiento mismo de Europa con el imperio de Carlo Magno —en el año 800— apareció el deseo de dividir el continente en unidades independientes. Pero también desde entonces hay voces y promotores que piden la unidad de Europa.

El Brexit se puede clasificar dentro de las tendencias antieuropeistas y nacionalistas, pues busca la desintegración parcial de Europa y la reafirmación de las estructuras clásicas del Estado nación. También busca recuperar la soberanía perdida o arrebatada por las instituciones europeas. No sorprende que quienes hicieron campaña electoral a favor del Brexit presentaran a la UE como la causa de la migración ilegal, de la pérdida de puestos de trabajo y del desmejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos en el Reino Unido.

Los promotores del voto a favor del Brexit argumentaron la necesidad de recuperar la soberanía y el poder de decisión que el Reino Unido había cedido a los órganos europeos, para así recuperar la grandeza como nación y mejorar la calidad de vida de todo el pueblo.

¿Qué ha impedido el Brexit?. La concreción del Brexit se ha dilatado debido a la dificultad para sustraer al Reino Unido de la superestructura y de la gobernanza europea. Dicha superestructura se puede definir como un espacio común económico y político donde suceden las interconexiones y las interacciones entre los Estados y los ciudadanos europeos. Este espacio europeo está conformado, además, por las instituciones y regímenes comunes europeos y es impulsado por los procesos de globalización y de regionalización.

Esta superestructura europea no puede ser controlada o cambiada unilateralmente por los Estados. Es decir, el espacio europeo se puede clasificar como parte de una variable independiente del sistema internacional, externo a cada Estado.

Cual podría ser el futuro del Brexit ¿. La vida transnacional europea y la existencia de un espacio económico, social y cultural europeo es una realidad. Por eso, los Estados necesitan tener instituciones comunes que gobiernen dicho espacio, que no puede ser controlado o administrado a través de las instituciones nacionales clásicas.

El Brexit es una negociación entre el Reino Unido y la Comisión de la UE para crear un nuevo régimen que regule las relaciones bilaterales entre estos dos actores. El Reino Unido necesita de reglas e instituciones que le permitan tener relaciones estables y transparentes con la Europa continental, en especial para seguir siendo parte integral del mercado interior europeo.

La necesidad de un acuerdo para regular las relaciones bilaterales demuestra, por un lado, que el Reino Unido no se puede sustraer sin más de la superestructura europea, y por otro lado, que la existencia de instituciones europeas no es un capricho, sino un medio para la interacción entre los Estados de la región.

Aunque los antieuropeístas quieran que el Reino Unido se aísle y se separe definitivamente de Europa, ese proceso tiene límites. Ni los nacionalistas ni los antieuropeístas de un Estado en particular pueden controlar la superestructura europea.

La victoria de Boris Johnson se vio como la pieza que faltaba para que el Brexit fuera un hecho.

Parece claro que la permanencia de los Estados miembros en la UE se ha convertido en una necesidad que les impide retirarse libremente de la organización. Las dificultades del Brexit demuestran que la membresía de los Estados en la Unión Europea no es solo una cuestión de gusto, sino de necesidad.

AEV/ Mario Arroyave


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