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Bielorrusos llevan a sus hijos a las protestas contra el régimen de Lukashenko

Las autoridades de Bielorrusia amenazan con quitarle la tutela a las familias que lleven a sus hijos a manifestaciones. Los padres cuentan sus propósitos a afirman que “Aunque no hayas hecho nada malo, puedes recibir una visita de las autoridades en vista de la total arbitrariedad”, subraya la madre de tres hijos. Quiere que sus hijos vivan en un país libre: “Si no logramos la democracia, la igualdad y el Estado de derecho ahora, ellos tendrán que hacerlo”.

Veronika y su marido han llevado varias veces a sus hijos a manifestaciones. No tuvo reparos: “Con o sin niños, por razones de seguridad debes ir en un grupo grande. Cuando hay miles de personas detrás y delante de ti, la Policía no puede atacar a esta masa de gente”.

“La participación de los niños en las protestas estará sujeta a una evaluación jurídica”, anunció recientemente el viceprimer ministro de Bielorrusia, Igor Petrischenko, que también es responsable de velar por el respeto de los derechos de los niños. Mientras tanto, las autoridades bielorrusas amenazan a los manifestantes no solo con multas, sino también con quitarles la custodia de sus hijos. De hecho, la fiscalía de Minsk ya ha enviado 140 advertencias. Varias familias.

“Si se privara a los manifestantes de la custodia de sus hijos, esto solo aumentaría la insatisfacción”, dice Alexei, padre de una hija de cuatro años. “Nos mudamos de Brest a Minsk, donde no tenemos parientes. No queremos que nuestra hija sea supervisada por extraños, así que la llevamos a las manifestaciones varias veces”, informa.

Alexei piensa que los manifestantes son cautelosos: “A las protestas asisten sobre todo personas educadas e inteligentes. Además, los mítines tienen lugar en calles anchas. Siempre puedes hacerte a un lado”. Pero Alexei advierte que es cada vez es más peligroso protestar. Los manifestantes son arrestados en masa. Por eso irá ahora solo a las manifestaciones. Alexei está convencido, sin embargo, de que los niños deben saber qué posición tienen sus padres como ciudadanos: “Si no conseguimos cambiar las cosas ahora, quizás lo consigan ellos más tarde”, subraya.

Elena, médica dice “Participamos en todas las grandes concentraciones”, dice Elena, que tiene dos hijos, de 14 y 16 años, y añade: “Antes de las elecciones fuimos con nuestros hijos porque no creímos que la situación se agravara tanto”. Pero en la noche de las elecciones del 9 de agosto, Elena vio a la Policía atacando brutalmente a los manifestantes. “Los días siguientes, dejé a los niños en casa”, recuerda. La mujer teme sobre todo que sus hijos adolescentes puedan ser víctimas de la violencia policial. “Ya no parecen niños. Nunca sabes qué esperar de las fuerzas policiales”, explica.

Según ella, muchos escolares han sustituido la bandera verdiroja de Bielorrusia que aparece en las portadas de sus cuadernos por la histórica bandera blanca-roja-blanca, que se ha convertido en un símbolo de protesta. Hasta ahora, no ha habido quejas de los maestros.

Natalia, contadora

Sin embargo, “en una escuela de Minsk se distribuyeron banderas rojiverdes a los niños, tuvieron que marchar con ellas y fueron filmados. No sé cómo habría reaccionado”, dice Natalia, que es madre de dos hijos. Ella llevó a sus hijos de 8 y 15 años a un mitin solo una vez: “El hijo mayor ya es muy alto y fácil de confundir con un adulto. Por eso temo por él”.

Ella misma participó en las protestas todos los días durante la primera semana después de las elecciones. Ahora solo lo hace los domingos: “Veo a muchos padres con niños, incluso muy pequeños, en cochecitos. No me atrevería. Es más seguro ir a la manifestación solo. En lo que respecta a la retirada de la custodia, creo que eso es solo intimidación. Legalmente hablando, este es un procedimiento muy difícil”.

Oleg, educador

Oleg (nombre cambiado) es el padre de un niño de ocho años y una niña, que no vive con él. “Después de la votación, fuimos al local electoral para ver los resultados, pero estos no se colgaron a la vista del público. Los miembros de la comisión huyeron por el sótano”, recuerda.

Después, él y su familia observaron atentamente lo que pasó en Minsk: “Fue un espectáculo aterrador el que vimos cuando volvimos a casa del trabajo la noche del 11 de agosto: ni coches, ni transporte público, solo policías y vehículos antimotines. No sabíamos cómo responder a las preguntas de nuestro hijo”.

Oleg dice que su hijo había estado en varias manifestaciones. Pero ahora que los manifestantes tendrían que temer por la custodia de sus hijos, no lo llevará. No obstante, advierte: “Esto no significa que nuestro ánimo de protesta se derrumbe. Seguiremos educando a nuestros hijos para que sean buenos ciudadanos que tengan derecho a sus propias ideas y a la libertad de expresión”.

AEV/WE


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