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Científicos auguran que la gestión del Coronavirus dividirá el mundo del futuro

Aparte de que el Coronavirus ha infectado el aire a nuestro alrededor, todos los seres humanos somos ya muy conscientes de que su vertiente económica también está infectando nuestras economías, y produciéndoles una clara insuficiencia respiratoria casualmente paralela a uno de los principales síntomas (o afecciones) que produce el Coronavirus.

Uno de los mejores científicos en epidemiologia y matemático como lo es Adam Kucharski (Reino Unido) ha confirmado la tesis de que el mundo del futuro se dividirá efectivamente en dos, según se controle hoy el Coronavirus en cada país.

Como pueden leer en el enlace anterior, este reputado experto consagró vocacionalmente su vida al análisis matemático de las pandemias fruto de sus propios padecimientos personales a causa de una grave afección infantil, que le ha marcado (e impedido) para el resto de su vida. Dada la dimensión personal y vital de lo que para él supuso una enfermedad, la visión con la que Kucharski es capaz de abordar una epidemia es muy amplia, siendo capaz de abarcarla en todo su alcance. Este matemático no sólo se centra en fórmulas y modelos de infección, contagio, propagación, inmunidad, y todo el factor más clásico de la epidemiología, sino que Kucharski también entra en temas de violencia, crisis económicas, ideas, suicidio, felicidad, pánico, bulos, y todo lo que estamos viendo ya a día de hoy que está llegando a nuestro mundo de la mano del Coronavirus.

Así, la superación o defunción de cada paciente depende mayormente de la calidad asistencial y los medios sanitarios de los que disponga el equipo médico que atiende a cada paciente. De la misma manera, cada economía saldrá de la pandemia más o menos indemne o bien tocada de muerte dependiendo de la gestión de la misma que hagan sus dirigentes. Y ello configurará el nuevo mundo del futuro, y las nuevas fronteras entre países ricos, países que dejaron de serlo, y aquellos que nunca lo fueron ni lo serán ahora.

La vinculación entre gestión de la pandemia y futura riqueza puede parecer evidente para algunos, pero ni mucho menos lo es para otros. Como todo lo que toca el ser humano, la realidad de la gestión de la pandemia no acaba siendo todo lo realista que debiera, al menos por determinados lares más humanos que divinos. Igualmente, de “retorcible” que la calidad de la gestión, son las consecuencias últimas de la misma, especialmente en los países tan amantes de las vanas esperanzas.

El experto dice que no podemos pensar en los modelos como “bolas de cristal”, que tienen respuesta para todo lo que se pueda plantear cuan Oráculo de Delfos. En realidad, más allá de los titulares poco rigurosos, lo cierto es que los investigadores usan los modelos para analizar conjuntos de posibilidades muy específicas y medidas por parámetros muy técnicos y concretos, como tasas de crecimiento a futuro de no tomarse medidas de contención o similares. De las palabras de Kucharski se desprende que tratar de anticipar hace un año la pandemia del Coronavirus con un modelo matemático-epidemiológico sería equiparable a tratar de anticipar con qué forma y qué manchas exactas va a florecer el moho de un queso roquefort concreto, que hoy por hoy todavía no ha sido ni tan siquiera elaborado en la quesería y puesto en su molde. Vamos, un imposible de todas, que la propaganda trata de explotar inmisericordemente abusando del desconocimiento del público en general sobre epidemiología, y tratando de “colarnos” que, si la epidemiología no supo predecir el surgimiento del Coronavirus, entonces no nos vale para nada. A todo ello, además hay que añadir la flagrante falta de datos de calidad a la que se enfrentaron los epidemiólogos en su momento ante el COVID-19, puesto que empezamos a tener datos fiables cuando ya teníamos la primera ola encima la pasada primavera. Éste es un punto especialmente lacerante, debido sobre todo a la incuestionable e incomprensible falta de fiabilidad de los datos que nos llegaban desde China (entre otros muchos misterios orientales insondables).

En la ecuación socioeconómica pandemia-economía entra inevitablemente el balance entre combatir la pandemia y preservar la economía que nos da de comer a todos: un balance del que ya les dijimos que acabarían teniendo que afrontar nuestros políticos, como bien dice también ahora Kucharski en la entrevista enlazada antes. Y también es un tema, el socioeconómico, por el que igualmente urgíamos a principios de marzo a tomar medidas preventivas contundentes cuanto antes, para minimizar el posterior impacto socioeconómico (aparte de, por supuesto, para reducir el enorme coste vital). Y por cierto, que Kucharski apela a la innovación, se entiende que con un especial protagonismo de la ciencia y los expertos (pero de los que de verdad existen), y propone recurrir a esa innovación como forma de no rematar la economía con sucesivos confinamientos, que podrían ser inevitables entretanto no llegue la vacuna. Y es que el riesgo al que apunta es que esa solución podría dilatarse más de lo que algunos esperan (o de lo que van vendiendo con las elecciones a la vuelta de la esquina).

Por último, entre los puntos del matemático-epidemiólogo que hay  que destacar está su afirmación de la enorme paradoja en la que cae la opinión pública ante las pandemias. Si los epidemiólogos ponen de relieve algún riesgo concreto, y gracias a ello o por los motivos que fuere éste logra ser mitigado y la epidemia no se propaga finalmente, pues entonces se tacha a los científicos de alarmistas. Entonces surgen elucubraciones y teorías “conspiranoicas” sobre los intereses farmacéuticos u otros, y en definitiva se acaba matando al mensajero a pesar de que el mensaje llegó y con él se pudo evitar la guerra. Para mayor incoherencia, si la pandemia acaba materializándose, entonces se culpabiliza a los científicos de no haberla previsto pandemia en todos sus aspectos particularizados, y de no haber ayudado a tomar medidas. Vamos, que en conjunto se trata del infantil “cuento de qué viene el lobo”, que no viene y no viene entre jocosos comentarios de los del pueblo, hasta que viene de verdad y entonces nos devora a todos. Sólo que incluso en el cuento al final se es consciente de que los cazadores nos habrían salvado del lobo, y en la realidad pandémica se les culpa de no haber evitado que el depredador canino atacase, incluso a pesar de que se les quitase la escopeta. Pues menos mal que tenemos epidemiólogos (de los de “sin contaminar” por los intereses políticos, eso sí), porque si no a saber cómo estaríamos ahora mismo con el maldito Coronavirus. Entonces sí que no iba a haber ningún negacionista de la pandemia, pero sería porque, con la propagación masiva que habríamos sufrido (sí, todavía más), lo más probable es que sin mascarilla y gritando a tos batiente en las manifestaciones ya no quedaría ni uno vivo.

Y el realismo económico en la era de la pandemia es doblemente necesario: el que no lo practique acabará chocando con la realidad de la calle

 

AEV/https://www.agenciasinc.es/Entrevistas/En-medio-ano-el-mundo-se-dividira-en-dos-mitades-segun-lo-bien-que-cada-pais-controle-la-pandemia


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