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Conocer a los supercontagiadores de Covid-19 ayuda a combatir la pandemia

Suena dramático que unas pocas personas infectadas con el coronavirus sean responsables de numerosas infecciones, pero ayuda mucho en la lucha efectiva contra la pandemia.

Cuanto más investigamos sobre el nuevo coronavirus, más sabemos sobre sus formas de contagio. Eso es básicamente algo positivo, porque, de esa manera, se puede combatir la pandemia de forma más efectiva, pero, al mismo tiempo, algunas de las medidas que se tomaron al inicio de la crisis nos parecen, en retrospectiva, poco eficaces o innecesarias.

¿Quiénes son los supercontagiadores?

Los epidemiólogos denominan supercontagiador a aquella persona que transmite la infección a mucha gente. Es algo que no puede evitarse: cualquier persona que porta el virus puede convertirse en supercontagiadora si tiene contacto con mucha gente en el momento inadecuado. También es decisivo el punto de infección en el que se encuentre, ya que algunas personas pueden ser muy contagiosas antes de que se manifiesten los primeros síntomas. De hecho, muchos infectados apenas tienen síntomas o éstos son muy leves, por lo que no se dan cuenta de que portan el virus y resultan muy contagiosos. A todo ello hay que sumar que algunas personas pueden transmitir mayor cantidad de virus durante más tiempo que otras. Es algo que, posiblemente, tiene que ver con su sistema inmunológico y con la manera en que los receptores del virus están distribuidos en su cuerpo.

¿Cómo sucede un clúster de infecciones?

Si un supercontagiador coincide con muchas personas, puede infectar en un tiempo mínimo y en un lugar muy concreto a más individuos que el promedio habitual. Este tipo de clúster de infecciones han tenido lugar en todo el mundo. Recientemente en Alemania tuvo lugar uno durante una gran celebración familiar en Göttingen, así como durante un servicio religioso en Fráncfort y en una fiesta de Carnaval en Heinsberg. En Seúl, hubo un clúster de infecciones en locales nocturnos y en un curso de baile zumba. En el conocido centro turístico de esquí de Ischgl, en el Tirol austríaco, también hubo un foco de contagio, así como en varios cruceros en todo el mundo y en mataderos en la región alemana de Renania del Norte-Westfalia.

Evitar las grandes congregaciones de gente, sobre todo en lugares cerrados, puede ser una medida efectiva contra el coronavirus.

¿Transmisión a través de aerosoles?

La investigación de este tipo de eventos de supercontagios ha demostrado que hay algunos factores que parecen favorecer la rápida expansión de las infecciones. Básicamente, puede decirse que el riesgo de infección es claramente más elevado en lugares cerrados que al aire libre. Y cuantas más personas se reúnan, mayor riesgo de contagio. Pero ¿por qué? Parecen acumularse los signos de que el virus se transmite no solamente a través de los fluidos, sino también de los aerosoles, que permanecen en el aire más tiempo que las pesadas gotas, sobre todo en espacios pequeños y mal ventilados. La investigación de los eventos de supercontagios también demuestra que los aerosoles se expanden más cuanto más alto se habla o incluso cuando se grita, por ejemplo en bares, discotecas o en gimnasios. El mismo principio se aplica al canto, ya sea en coro o durante los servicios religiosos. En esa actividad, algunas personas producen más aerosoles que otras.

Cálculo de riesgos

Cuán estrictas deben ser las medidas contra la pandemia, depende en gran medida del número de nuevas infecciones. En ese sentido, es decisivo el llamado número reproductivo básico, es decir, a cuántas personas en promedio infecta alguien con el virus. Un número reproductivo básico de 2 significa que un infectado contagia a otras dos personas. El objetivo de las medidas de restricción social es que descienda lo más posible el número reproductivo básico. Si es posible, mantenerlo por debajo de 1. Además de este indicador, tenemos el llamado factor de dispersión k, que indica cuán a menudo aparece la enfermedad y dónde pueden producirse clústeres de contagios. Aquí lo ideal también es mantener el valor en el nivel más bajo posible, porque eso quiere decir que la dispersión es menor y la expansión de la infección puede atribuirse a unas pocas personas o incluso a una sola. En un reciente estudio que ha recibido mucha atención, Akira Endo, Adam Kucharski y Sebastian Funk, de la London School of Hygiene and Tropical Medicine, llegan a la conclusión de que el factor de dispersión k podría ser tan solo del 0,1 por ciento. Según el trabajo, que aún debe pasar la revisión por pares, el 10 por ciento de los infectados podrían ser responsables del 80 por ciento de los contagios.

¿Qué implicaciones tiene todo esto?

Las investigaciones sobre el nuevo coronavirus se han hecho bajo una enorme presión de tiempo y los políticos han tomado decisiones sobre cómo proteger a la población basándose en ellas. El debate sobre las primeramente rechazadas y hoy obligatorias mascarillas refleja claramente que hay que adaptar las decisiones a los nuevos descubrimientos, aunque algunas personas no lo entiendan o no quieran entenderlo. Las investigaciones hasta el momento demuestran que la mayoría de infectados contagian a muy pocas personas. Eso es, en principio, una muy buena noticia, porque así pueden tomarse decisiones más efectivas para contener la pandemia. Por ejemplo, si se prohíben las grandes congregaciones de gente, sobre todo en lugares cerrados, y se siguen las reglas de higiene y distanciamento, será más sencillo contener la expansión del virus. No habrá que paralizar toda la sociedad, con las ya conocidas consecuencias dramáticas sociales y económicas.

 

AEV/OMS


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