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Dinamarca en un entorno de Coronavirus se inclina por la economía de Start/Stop como solución definitiva para salvar la crisis

Los daneses no sólo están congelando la economía como tal y la actividad empresarial y laboral para vadear el bache de dos o tres meses, además, como situación de excepción, están haciendo lo mismo con los trámites y requerimientos habituales para acceder a prestaciones estatales como las de desempleo. Parece que los daneses buscan dotar momentáneamente al sistema de una flexibilidad extra para no dejar fuera a muchos ciudadanos porque, inevitablemente, va a haber multitud de casuísticas personales imposibles de prever ahora mismo ante lo inexplorado de un nuevo concepto de economía de “Start/Stop”, para cuyo diseño pormenorizado literalmente no hay tiempo. Finalmente, el plan danés complementa todas estas fórmulas con importantes ayudas públicas destinadas a los gastos fijos de las empresas que éstas no pueden eludir a pesar del parón temporal, y que pueden efectivamente suponer su espada de Damocles, y devenir en defunción empresarial: el objetivo a evitar ahora mismo a toda costa en opinión de los daneses son las quiebras innecesarias por una situación coyuntural.

Tras la llegada de la pandemia prácticamente a la totalidad del mundo, aparte del virus biológico, se ha extendido también el virus económico y el social. En esta cruenta guerra que, por cierto, ya ha entrado en su siguiente fase para sembrar el caos más despiadado en nuestras socioeconomías: nuestros hospitales están siendo atacados informáticamente en este momento tan extremadamente crítico. Y eso después de que Trump intentase arrebatar a Europa la incipiente vacuna alemana contra el COVID-19, exigiendo una innecesaria exclusividad que evitase su comercialización en suelo europeo. El objetivo siempre fue destruirnos.

Una de las medidas que proponíamos la semana pasada, por la que no bastaba con el bazooka económico del gobierno, era precisamente que el gran reto de la crisis de Coronavirus era conseguir hacer que la economía funcionase como un motor de “Start/Stop”. No íbamos nada desencaminados en aquel momento, y de hecho ahora ya hay países como Dinamarca que han apostado decididamente por esta solución que, de haber una, es la única con verdadera probabilidad de éxito socioeconómico.

La propuesta de la economía “Start/Stop” se demuestra como (muy) acertada, al menos por el momento. Tras la sonora reprimenda al gobierno por su flagrante reacción económica inicial tan deplorable, pues efectivamente fue desde estas líneas desde donde más tarde se hizo esa propuesta, que entendíamos de futuro, que es el concepto de economía “Start/Stop”. En el momento de enunciar aquella idea, ya lo hicimos también en los términos de conseguir ser capaces legislativamente de sacar medidas económicas de excepción que facilitasen parar sectores enteros de la economía.

Tal y como publicase el diario The Atlantic en su artículo que resumía diversas comunicaciones con el economista danés Flemming Larsen, catedrático del Centro para Investigación del Mercado Laboral de la Universidad de Aalborg del país noreuropeo, Dinamarca ha visto claro que la solución puede pasar por ser capaces de “congelar” su economía. Y desde luego razones para pensarlo no les faltan, ni tampoco voluntad para llevar la disruptora política económica a la práctica: no sólo lo han analizado y decidido ágilmente, sino que además han hecho lo propio haciéndola realidad a toda prisa: exactamente la urgencia extrema que el sombrío panorama económico actual requiere. Larsen explicaba cómo el gobierno danés se había dirigido a las empresas del país afectadas por la crisis, a las que el estado les abonaría el 75% de los salarios de sus empleados para evitar los despidos masivos. La condición sería que mantuviesen a los trabajadores en plantilla, y el importe máximo por trabajador del que se haría cargo el estado sería de 3.288 euros mensuales, lo cual implica mantener el poder adquisitivo de los trabajadores, dotándoles de ingresos equivalentes a un nivel salarial de hasta 52.400 euros anualizados.

Respecto a fórmulas laborales como el “kurzarbetit”, que ayudó en Alemania a capear la Gran Recesión con mucho más éxito que otros países (entre los que hemos de incluir a España), aparte de que ya las pusimos nosotros también sobre la mesa como un modelo a tener en cuenta, en Dinamarca han hecho lo propio, pero se han inspirado en él sólo en parte, para alumbrar un modelo híbrido. Así, el “kurzarbeit” realmente suponía que el estado alemán y las empresas compartían en cierta medida los costes laborales de unos trabajadores cuya jornada laboral se veía reducida en todos los casos, para evitar despidos individuales masivos que dejasen millones de desempleados permnentes en la calle, sin apenas recursos en el medio plazo, y con el consiguiente riesgo de exclusión social y del proceso de evidente destrucción socioeconómica, con trabajadores que ya van a tenerlo significativamente más difícil para volver a re-insertarse en el mercado laboral. La diferencia con aquella solución teutona que, todo hay que decirlo, estaba diseñada para una tipología de crisis diferente, es que en la solución danesa literalmente el estado paga a los empleados para que se vayan a su casa durante un breve paréntesis de tiempo. Si bien el objetivo entre ambas soluciones, la danesa de ahora y la teutona de la Gran Recesión, comparten el muy bien concebido objetivo de evitar destructivos despidos masivos definitivos vía ERE al uso.

Además, los daneses también han visto que, en un contexto de quiebras empresariales que inevitablemente van a cotizar al alza de una u otra manera, va a ser vital que los bancos sigan prestando dinero a las empresas, que con él van a poder seguir siendo viables en el corto y medio plazo, y que tienen una alta probabilidad de poder repagar ese préstamo en el futuro cuando amaine la marea. Para ello, el gobierno danés ha decidido garantizar con el respaldo del estado hasta el 70% de los nuevos préstamos a empresas. Esta medida es también bastante acertada, y a falta de ver los requisitos para acceder a esas garantías y que éstos no se traduzcan en dinero tirado a la basura, por acabar en manos de empresas inviables contando incluso con ese dinero fresco. Pero lo cierto es que es esencial que el dinero se siga moviendo en nuestras socioeconomías, y que no sólo se mantenga una relativa velocidad del dinero (que éste se mueva y haya actividad), sino también que éste sea inyectado allá donde más falta haga en las empresas, en los ciudadanos, y en la economía en general. Los daneses así lo están haciendo.

Con todo ello, el plan de rescate danés es literalmente colosal, y aparte de que en aquel país no ha despertado la clásica polémica tan española de que el gobierno sólo se dedica a rescatar a sus “amigos” del Ibex-35, este plan supone para el pequeño estado danés unas cifras que ascienden a nada más y nada menos que un 13% de su PIB, y que va a ser gastado tan sólo en un breve periodo de tres meses, o lo que se calcula que puede tardar la pandemia en remitir según las estadísticas disponibles de otros países. El objetivo es que la cuarentena pase con sus ciudadanos a salvo del riesgo biológico, y sin que les haya podido afectar perdiendo también su trabajo.

Pasando a una escala más nacional, no niego que tal vez la intención última del gobierno español pudiese haber llegado a ser la misma conceptualmente que la de los daneses, pero la realidad es que en la práctica difieren bastante, a favor de los daneses. Como muy bien analizara uno de nuestros más apreciados lectores, Arklus, que destaca no sólo por su gran constructividad, sino además por aportar contenido de incalculable valor que muchas veces complementa las entradas de un servidor, el problema de la solución adoptada por España es que está mal diseñada si su verdadero objetivo es evitar los dramáticos despidos innecesarios. Y que conste que, tanto Arklus como yo, hacemos nuestras contribuciones sobre este tema con la sana intención de que se adopten las mejores políticas para este grave problema de emergencia nacional, y en la creencia de que el gobierno está aún a tiempo de enmendar su plan.

Arklus muy coherentemente argumentaba que en España las nuevas políticas básicamente establecen que ahora, con los nuevos ERTEs y con las nuevas medidas, el asalariado pasa a cargo del estado, al igual que la cuota empresarial correspondiente. Además de que los ingresos que le quedan al trabajador se van a ver reducidos de forma significativa, se supone que la ventaja para las empresas de acudir a la fórmula del ERTE, en vez del ERE con despidos definitivos, es que la empresa tiene acceso así a una línea de liquidez que le permitiría sobrevivir al cese temporal de su actividad o a la brusca caída de sus ventas.

Pero un servidor coincide totalmente con lo que seguía exponiendo Arklus de que, con el erróneo diseño actual, podríamos asistir a mucho uso fraudulento; fraudulento en el sentido de que beneficiaría también a las empresas que se aparten del objetivo final de preservar el empleo tras el bache de la cuarentena. Y el caso es que, por paradójico que pueda parecer, ese uso “fraudulento” podría acabar siendo totalmente posible con las medidas de ayuda tal y como están concebidas actualmente, un punto muy flaco que ya presentó en su momento aquel desastre que fue el Plan E del gobierno de Zapatero, y todo el dinero que acabó tirando mayormente por la ventana.

El tema que apuntaba Arklus es que el plan anti-Coronavirus les ofrece financiación a todas las empresas, independientemente de su grado de compromiso con el mantenimiento del empleo neto en el largo plazo, o al menos con una parte sustancial del mismo. Porque sí que es cierto que el decreto-ley del Coronavirus establece que “las medidas extraordinarias en el ámbito laboral previstas en el presente real decreto-ley estarán sujetas al compromiso de la empresa de mantener el empleo durante el plazo de seis meses desde la fecha de reanudación de la actividad”. Pero no es menos cierto que sus buenas intenciones las plasma legislativamente con enormes e insalvables lagunas, que derivan en gran inseguridad jurídica en este tema.

Y es que el decreto-ley no define a qué se refieren exactamente con “mantener el empleo”. Como muy oportunamente se preguntaba Arklus, ¿Se refieren al empleo neto? ¿Cómo encajan en todo esto los contratos temporales? Porque puede haber contratos temporales a los que les tocase extinguirse ahora, o nuevas altas temporales que puedan ser hechas por plazos que superen la disposición de la ley de seis meses, pero que poco después puedan ser extinguidos fácilmente por la empresa una vez que ya haya podido disfrutar de las ventajas del plan. Y por la naturaleza de su negocio, sin ir más lejos en ese sector turístico en el que “se hace la temporada” y que además es la primera industria nacional, no se puede obviar “por las bravas” que hay muchas empresas en las que la contratación temporal supone su principal vía de contratación. Y eso por no entrar en temas de exenciones y líneas de crédito, a los que también apuntaba Arklus y que caen igualmente en una absoluta indefinición, que puede crear situaciones muy injustas e incluso suponer la sentencia de muerte para determinadas empresas, cuyos casos particulares no caben de ninguna manera en el actual diseño tan indefinido del plan.

AEV/avt


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