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El ingenio creador de un equipo ha construido un respirador con mecanismos de puertas de garaje y tuberías para atender pacientes afectados del COVID-19

Médicos, ingenieros, un mecánico, un veterinario, un electricista y un cerdo se unen para crear en Málaga, en tiempo récord, una solución a la falta de respiradores que afecta a los hospitales con un producto de fabricación propia que tardará dos horas en manufacturarse sin depender de material importado.

Aun así, el nuevo respirador tiene que validar todo un intenso protocolo, “hemos pasado por el comité ético y estamos a la espera del científico. Si todo está correcto para esta primera semana de abril, ya puede estar funcionando”, aclara De Tuesta.

La escena parece sacada de una trama de cine absurdo. Un cirujano, un anestesista y un ingeniero le explican a un fontanero cómo debe ser la apertura del conducto para que pase el oxígeno. Mientras, otro miembro del equipo de veterinarios está monitorizando minuto a minuto las evoluciones de un pulmón animal conectado al nuevo aparato que están creando.

En concreto están pendientes de un cerdo al que inevitablemente este inédito grupo le ha cogido cariño, algunos le llaman Benito. Y todo esto sucede a altas horas de la madrugada de un domingo en las instalaciones de la Facultad de Ingeniería de Málaga. Son momentos de la génesis de un nuevo respirador artificial.

No hay descanso ni tiempo que perder. “La capacidad de trabajar todos juntos hacia un mismo objetivo, que era generar algo alternativo, saliéndonos de la industria médica ha sido espectacular”, explica apasionado José Luis Guerrero, integrante del equipo médico.

“Se trataba de dar una solución a un problema presente… nunca había imaginado que íbamos a poder barajar estos plazos tan rápidos, no es habitual ni en el ámbito de la ingeniería ni por supuesto en el clínico hallar soluciones en solo cuestión de días”.

La máquina que este inédito equipo está creando “tiene que estar lista para ayer”, dice uno de sus creadores. Se trata de un aparato Frankestein, podríamos llamarlo. Un respirador artificial compuesto con dispositivos mecánicos y materiales ajenos a la saturada industria médica.

“Es algo creado para este momento en el que muchos países necesitan una cantidad de respiradores que ni existen, ni se pueden fabricar a la velocidad que precisamos”, aclara el padre intelectual de este revolucionario respirador, el cirujano cardiovascular Ignacio Díaz de Tuesta.

“Empleamos sistemas y conceptos ajenos a los respiradores comunes y que están disponibles en el mercado de equipamientos industriales. Por ejemplo, el control central de la respiración lo hemos diseñado con un dispositivo que se usa para abrir y cerrar puertas de garajes. Y las piezas dinámicas construidas por impresoras, las hemos sustituido con válvulas hidráulicas comunes del sector de la fontanería”.

Una de las características de este invento, más allá de sus asumibles costes de fabricación que podría rondar los 600 euros, según cálculos de la Junta de Andalucía, es su rápida producción, algo esencial ahora, con una fabricación de solo dos horas. Esta propuesta está ligada a la ciudad de Málaga, uno de los ecosistemas médicos y de I+D de España.

¿Por qué España sufre la escasez de respiradores en los hospitales?

José Luis Guerrero que trabaja a diario en la Unidad de Cuidados Intensivos del Virgen de la Victoria explica que “esta experiencia demuestra que tenemos conocimiento, tenemos capacidad de trabajo y la sociedad tiene que saber que vamos a muerte, que vamos contra este virus todos juntos, y esto es un ejemplo de lo que significa todos”. El equipo ha estado compuesto por clínicos de los hospitales y del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA) e ingenieros de la Universidad de Málaga, “si nos tenemos que unir un ingeniero, un intensivista, un veterinario, un fontanero… ¡lo que haga falta, es la vía para dar soluciones a lo que se nos viene encima!”, explica un emocionado José Luis por teléfono.

La falta de respiradores está vinculada a la alta tasa de mortalidad que registra España en la lucha contra COVID–19. En los ámbitos clínicos definen a la industria médica como un mercado persa en estos momentos por el exceso de demanda y la falta de garantías a nivel global.

Esta experiencia de integración multisectorial evidencia que el know–how ya existe en ciudades como Málaga y quizás sea el momento de replantearse la relocalización de industrias básicas para enfrentar crisis médicas. El cirujano Díaz de Tuesta cree que “hoy por hoy solo grandes empresas pueden acometer la construcción de equipamiento complejo. Ni siquiera todos los países en Europa construyen respiradores. El problema que tenemos es de colapso de mercado, por eso hay que disponer de medios a nuestro alcance para responder a una emergencia como esta”.

No obstante, el equipo clínico aclara que estamos ante un dispositivo revolucionario sí, pero accesorio, “es un respirador de campaña”, no diseñado para sustituir a los respiradores normales, “lo mejor que nos puede pasar es que no tengamos que usarlo, eso querría decir que nuestras Unidades de Cuidados Intensivos no han colapsado”, espera José Luis.

​Por el momento la sanidad andaluza encuentra destellos de luz en la tormenta gracias al ingenio y dedicación de un equipo que insufla aire fresco en medio de la pandemia. El gobierno de la Junta de Andalucía se ha apresurado a sacar pecho de esta gesta, pero como señala uno de los protagonistas de la hazaña, José Luis Guerrero, “el Instituto Biomédico es de Málaga, el equipo es malagueño, pero la solución no es territorial. Se trata de salvar vidas” y esa es una cuestión que atañe ahora a todo el mundo más que nunca.

AEV/AFT


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