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En el 2021 la tecnología del 5G será un hecho en el mundo y con ello la revolución socioeconómica

A pesar que el 5G y su reducción de los consumos energéticos, el tema de la energía de los dispositivos inteligentes y las redes de sensores masivas sigue siendo un tema por resolver al día de hoy, es un hecho que esta tecnología lograra instalarse en el mundo en 2021. El reto de mantener alimentadas redes de sensores de millones de dispositivos sigue siendo mayúsculo, pero el proceso está avanzado tecnológicamente a la velocidad de la luz a través del “grafeno” este no es realmente ningún nuevo elemento de la tabla periódica de elementos que se haya descubierto, y que haya traído nuevas propiedades físico-químicas hasta ahora fuera del alcance de la humanidad. Realmente el grafeno es un nuevo material. El grafeno es una delgada lámina de un viejo conocido de la tabla periódica: el carbono. De hecho, la lámina de grafeno es tan delgada tan delgada, que en realidad sólo está compuesta por una única capa de átomos de carbono, pero ello le confiere unas propiedades materiales casi milagrosas en concepto de energía y transmisión.

El grafeno comenzó a ser una realidad dentro de la tecnología móvil aproximadamente en 2015. 200 veces más resistente que el acero y similar al diamante en cuanto a dureza y resistencia, el grafeno contrasta con su flexibilidad parecida al plástico.

Tras las redes de sensores primitivas, llegaron las primeras versiones de lo que ya era en cierta manera una Internet de las Cosas 1.0.  Y eran los inicios de la sonorización, hoy efectivamente, buena parte de las posibilidades que ha abierto la tecnología para la tecnificación masiva y definitiva de nuestro mundo vienen como consecuencia de esos smartphones que llevamos en nuestros bolsillos. Uno solo de estos smartphones tiene multitud de diferentes sensores que le están midiendo a usted su actividad y su vida desde múltiples perspectivas, hasta un punto que no es usted capaz de imaginar y que, el día que sea consciente de ello al 100% no sólo le sorprenderá: le acabará inquietando y, a los más reservados, les puede producir incluso cierto desasosiego. Pero un sensor (o un smartphone aislado) poco puede hacer en la sociedad tecnológica por sí solo.

Un sensor es un dispositivo que reporta determinados parámetros físicos medibles del mundo físico que nos rodea, o de nuestros propios cuerpos. Un sensor es lo que va dentro de un monitor cardio que le mide las pulsaciones, es lo que enciende automáticamente las farolas cuando la luz del sol desaparece, o es un simple pluviómetro que mide la cantidad de precipitaciones que deja la lluvia. También se pueden sensorizar muchas otras cosas de nuestro mundo, como la temperatura de una habitación, la densidad de viajeros en una infraestructura de transporte, o las personas con datos y apellidos que hay en una zona urbana.

No obstante, en la actualidad todavía disponemos de conectividad ubicua que sólo es viable en determinados casos de uso, quedando en muchos otros fuera por motivos de cobertura y/o coste. Así, el acceso a las autopistas de la información que viene proveyendo el actual 4G es limitado y caro para la mayoría de los dispositivos “inteligentes” y sensores, y especialmente para los de despliegue masivo. El tema de la conectividad quedará solucionado con el 5G a un coste y con una complejidad tecnológica muchas menores, o incluso puede que acaben fraguando en el mercado otras iniciativas libres y descentralizadas de redes de internet de las cosas. Un ejemplo es ese Helium que ya da cobertura en bastantes lugares del mundo a un precio ínfimo, y que pondría en jaque a las todopoderosas operadoras de telecomunicaciones móviles y sus redes privadas, con un potencial negocio del IoT sobre 5G que les está haciendo frotarse las manos.

Los avances tecnológicos de generar energía barata, miniaturizada y disponible durante muchísimo tiempo es un necesario catalizador imprescindible para el advenimiento final de la Internet de las Cosas en su pleno potencial y que estaría presente el 5G.

La ciencia ha logrado dar con una fuente de energía, no ya de largo plazo, sino literalmente ilimitada y barata para que todos esos dispositivos “inteligentes” para que puedan funcionar de forma autónoma, sin preocuparse ni por micro-placas solares, ni por baterías, ni por su coste ni mantenimiento.  Por muy increíble que le pueda parecer el hombre efectivamente ha descubierto por fin una fuente de (micro)energía infinita. Es simple y pura ciencia.

En realidad, los dispositivos sin batería y que pueden transmitir datos no son nuevos del todo. Ya a finales de los 90 llegaron a los mercados aquellas primigenias smart-cards, que en forma de tarjeta para fichar en la empresa, o para pasar un torno de acceso de seguridad, llevaban una pequeña espira interior que hacía las veces de batería. No era magia realmente, y es que al ser acercada al dispositivo lector, éste emitía una radiación que por inducción electromagnética provocaba una corriente muy débil en la espira que llevaba la tarjeta, pero que era suficiente para que un chip mínimo transmitiese por radio los datos identificativos del portador. Así el torno o la máquina de fichar leía esos datos enviados por la tarjeta, y permitía el paso o registraba la hora de entrada del trabajador.

Si bien hoy en día esta tecnología sigue siendo de uso muy habitual, en los últimos años ya ha sido sustituida para muchos usos por otra alternativa no excesivamente diferente. La tecnología NFC. Esta tecnología permite de forma análoga a las antiguas smart-cards que un dispositivo con o sin batería pueda transmitir datos, y es la que le permite a usted pagar con su tarjeta de crédito (sin batería) con tan sólo acercarla al TPV de la tienda donde acaba de comprar. Pero de nuevo la limitación sigue siendo la proximidad al lector y a su campo de actuación, dependiendo pues del mismo y haciéndolo inservible para casos de uso de despliegue masivo de sensores como es el típico de la Internet de las Cosas. Efectivamente, no tiene sentido pensar en esta fuente de energía inalámbrica u otras para redes de sensores y elementos “inteligentes” que estén más lejos de unos pocos centímetros, y menos a kilómetros de distancia. La solución para la Internet de las Cosas debía ser otra tecnología totalmente distinta.

 

AEV/ Resumen extraídos de CFP Ciencia Cognitiva y Neuromarketing: Investigación académica, nuevas tecnologías.


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