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España pretende reducir la pobreza con la aprobación del Ingreso Mínimo Vital (IMV)

El Ingreso Mínimo Vital es ya una realidad en España. El Gobierno ha dado luz verde a esta ayuda que, en palabras del presidente Pedro Sánchez es “una medida histórica en nuestra democracia para que nadie se quede atrás”. En la práctica, esto se traduce en una ayuda que garantiza ingresos mínimos a quienes carecen de ellos. La principal novedad que diferencia a esta prestación de otras es que es compatible con otras ayudas u otros ingresos, incluido los ingresos laborales. Con lo cual, el Gobierno pretende incentivar a la persona que accede a la ayuda a que pueda aceptar también un trabajo.

Una ayuda cuya puesta en marcha se ha acelerado debido a la crisis provocada por el coronavirus. “No hay libertad si no se puede llegar a fin de mes”, decía el vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, en rueda de prensa.

¿Qué requisitos hay que cumplir?. Para solicitarla, las familias deben acreditar que están en situación de vulnerabilidad. El ingreso mensual de los hogares tiene que ser inferior a la cuantía de ayuda que le correspondería. Es decir, una persona podrá solicitar el ingreso mínimo vital si su salario está por debajo de los 200 euros. También si la media de ingresos en un hogar, por persona, es inferior a los 450 euros. En este caso, por ejemplo, si uno de los miembros de la unidad familiar cobra menos de 200 euros al mes y su pareja cobra 600 –lo que entre los dos da una media de 400 euros por cabeza- también podría acceder a la ayuda ya que en este caso no contaría el ingreso mínimo de 200 euros. Esta ayuda también respalda a los inmigrantes, siempre y cuando lleven un año viviendo en España. Una exigencia que se levanta si la persona ha sido víctima de malos tratos o de trata.

¿A cuánto asciende la ayuda? La cantidad no es fija, sino que varía según la situación de la familia o la persona que lo solicite. En teoría, la ayuda pretende cubrir la diferencia entre lo que ingresa el hogar al mes y el umbral fijado para que pueda subsistir. Sin embargo, desde el Ministerio aseguraron que partirá de un mínimo de 462 euros cuando se trate de un hogar con un solo adulto y podría llegar hasta los 1.100 euros mensuales.

Hay distintas características en cada hogar que podrían modificar el ingreso percibido, por ejemplo, si el solicitante tiene hijos o en la casa hay más de un adulto sin ingresos, la cuantía sería mayor. Así mismo no es compatible con otras ayudas, así el ministro Escrivá defendió en el Congreso que con el ingreso mínimo vital quería una ayuda “multicanal” para llegar a los más vulnerables, con lo cual, los que lo soliciten podrán complementarlo con otros ingresos. Esta ayuda se sumará a los cerca de 300.000 salarios sociales que ya se emiten. Además, será compatible con los ingresos laborales, con el fin de que los beneficiarios puedan aceptar un trabajo a la vez que reciben la prestación.

¿Cuánto costará al Estado?  Este proyecto supondrá un coste de 3.000 millones a las arcas del Estado y se estima que unas 850.000 familias podrán acceder a ella, más de la mitad tienen niños a cargo. También los adultos que vivan solos y tengan entre 23 y 65 años. Si estos hogares consideran que cumplen los requisitos, deben empezar los trámites para solicitar la ayuda.

Sin embargo, a partir del mes de junio unas 100.000 familias podrían empezar a cobrarla de manera automática. Según el ministro de Seguridad Social, José Luis Escrivá, el Gobierno actuará “de oficio” con miles de familias de las que ha analizado su situación económica y social.

Referentes europeos

Con mayor o menor incidencia, prácticamente todos los países de la Unión Europea cuentan con una gran diversidad de medidas de apoyo económico para garantizar la subsistencia de sus ciudadanos con menos ingresos. No hay un modelo único, hay tantos como países. Así, esas rentas mínimas varían en su cuantía y dependen de distintos factores como la edad o la condición social de sus receptores.

El volumen de la prestación se determina en relación al nivel económico y al indicador de pobreza de cada país. En Dinamarca el subsidio asciende hasta los 2.035 euros para menores de 30 años desempleados y con hijos, en Italia llega a los 780 y en Alemania a los 726. En Portugal la cuantía es de 300 euros y en Francia el mínimo es de 550. Esa medida también refleja la Europa de dos velocidades.

Siguiendo la estela europea, la medida española permitirá compatibilizar la prestación con ciertos salarios para incentivar que los beneficiarios acepten ofertas de trabajo, funcionando como ayuda y como complemento para los trabajadores que están por debajo del umbral de la pobreza. “Esa filosofía lleva años aplicándose en países como Francia, Alemania, Bélgica o los Países Bajos”, señala Noguera. “Así, trabajar siempre sale a cuenta”. También se aplica, en menor medida, en algunas rentas mínimas de inserción autonómicas.

La gestión de esos modelos puede ser a nivel territorial, como sucede en España, Alemania, Francia o Austria, centralizada, como en Portugal, Hungría o Irlanda, o mixta, como en Grecia, Polonia o los Países Bajos.

El modelo español tiene como requisito que sus receptores sean residentes nacionales o extranjeros con permiso y mayores de edad, algo se repite en Alemania, Francia y Malta. Otros países optan por requisitos más exigentes: Portugal pide un año de residencia en el país, Luxemburgo cinco, Dinamarca siete e Italia hasta 10 años.

AEV/EFT


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