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Impacto de la Covid-19 en 2020 y tendencia 2021 en las personas que viven con menos de USD 1,90 al día.

El presente resumen se ha extraído de la reciente publicación del Banco Mundial sobre la pandemia en 2020: el enlace sobre el documento completo se puede acceder: https://blogs.worldbank.org/es/voices/resumen-anual-2020-el-impacto-de-la-covid-19-coronavirus-en-12-graficos?cid=ECR_E_NewsletterWeekly_ES_EXT&deliveryName=DM88751

Según el documento, en  2020 los conceptos como “confinamientos”, “uso obligatorio de mascarillas” y “distanciamiento social” eran desconocidos. Hoy forman parte de nuestro vocabulario habitual mientras la pandemia de COVID-19 sigue afectando todos los aspectos de nuestras vidas. Durante los últimos 12 meses, la pandemia ha perjudicado en mayor medida a los pobres y vulnerables, y podría empujar a la pobreza a millones de personas más. Este año, tras décadas de avances constantes en la reducción del número de personas que viven con menos de USD 1,90 al día, la COVID-19 marcará el primer revés en la lucha contra la pobreza extrema en una generación.

En los análisis más recientes se advierte que este año la COVID-19 ha empujado a 88 millones de personas más a la pobreza extrema, y que esa cifra es apenas un punto de partida.  En el peor de los casos, podría llegar a 115 millones. El Grupo Banco Mundial (GBM) prevé que el mayor porcentaje de “nuevos pobres” estará viviendo en Asia meridional y que África al sur del Sahara ocupará el segundo puesto, con escasa diferencia. Según la última edición del informe La pobreza y la prosperidad compartida (i), “[e]s probable que […] muchos de los nuevos pobres trabajen en los servicios informales, en la construcción y en la manufactura, sectores en los que la actividad económica se ve más afectada por los confinamientos y otras restricciones a la movilidad”.

El deterioro acelerado de la economía se ha acelerado, “La COVID-19 ha desatado una crisis mundial sin precedentes, una crisis sanitaria mundial que, además de generar un enorme costo humano, está llevando a la recesión mundial más profunda desde la Segunda Guerra Mundial”. Allí se prevé que este año la economía mundial y los ingresos per cápita se contraerán y empujarán a millones de personas a la pobreza extrema.

Por otra parte, estas consecuencias económicas están menoscabando la capacidad de los países para responder con eficacia a los efectos sanitarios y económicos de la pandemia. Incluso antes de la propagación de la COVID-19, casi la mitad de los países de ingreso bajo ya estaban sobreendeudados o muy próximos a estarlo, y disponían de escaso margen fiscal para ayudar a los pobres y vulnerables más afectados.

Si no se adoptan más medidas en relación con la deuda, es posible que en muchos países la recuperación sostenible se vea malograda, al igual que muchos otros objetivos de desarrollo.  Menos migrantes significa menos dinero que se envía a casa. Las remesas —el dinero que los migrantes envían a sus países de origen— generan especial preocupación.  Durante las últimas décadas, han desempeñado un papel cada vez más importante a la hora de aliviar la pobreza y mantener el crecimiento. El año pasado, estos flujos se ubicaron en el nivel de la inversión extranjera directa y la asistencia oficial para el desarrollo (ayuda de Gobierno a Gobierno).

Pero la COVID-19 ha generado un dramático retroceso, al punto que, que las previsiones, para fines de 2021 las remesas disminuirán un 14 %, una perspectiva ligeramente más favorable en comparación con las primeras estimaciones realizadas durante la pandemia, lo que no implica desconocer que se está ablando de disminuciones históricas. Se prevé que todas las regiones registrarán una caída y que la de Europa y Asia central será la más pronunciada.

La desaceleración económica provocada por la pandemia ha tenido un profundo impacto en las empresas y los empleos.  En todo el mundo, las empresas —sobre todo las microempresas y las pequeñas y medianas empresas de los países en desarrollo— se encuentran sometidas a una intensa presión, dado que más de la mitad de ellas están en mora o probablemente lo estarán dentro de poco tiempo. Para entender la presión que la COVID-19 está ejerciendo sobre las empresas y los ajustes que estas se ven obligadas a realizar, el Banco Mundial y sus asociados han estado realizando encuestas de pulso empresarial relativas a la COVID-19 en asociación con los Gobiernos de los países clientes.

El alto costo de la atención médica ha resaltado la necesidad de contar con atención médica eficaz, accesible y asequible.  Incluso antes de que se desatara la crisis, las personas de los países en desarrollo desembolsaban más de medio billón de dólares en pagos directos por atención médica. Este elevado nivel de gastos genera dificultades financieras para más de 900 millones de personas y todos los años empuja a casi 90 millones de personas a la pobreza extrema, una dinámica que con toda probabilidad se ha visto agravada por la pandemia.

Y la atención médica es apenas una de las formas en que la COVID-19 está afectando el capital humano de los países. Incluso antes de la pandemia, el mundo enfrentaba una crisis de aprendizaje, que se traducía en que el 53 % de los niños de los países de ingreso bajo y mediano no sabían leer un texto básico al finalizar la escuela primaria. Estos riesgos se ven intensificados por los cierres de escuelas debidos a la pandemia.

En el punto más álgido del confinamiento debido a la COVID-19, más de 160 países habían ordenado distintas formas de cierre de escuelas que afectan a por lo menos 1500 millones de niños y jóvenes. Para obtener información actualizada regularmente sobre cierres a nivel mundial, consulte la página del Banco sobre educación y COVID-19.

Los efectos de la COVID-19 en la educación podrían durar décadas, y no solo causar la pérdida de aprendizaje a corto plazo, sino también reducir las oportunidades económicas a largo plazo para esta generación de estudiantes.  Debido a las pérdidas de aprendizaje y el aumento de las tasas de deserción, dicha generación podría perder unos USD 10 billones en ingresos, lo que equivale a casi el 10 % del producto interno bruto (PIB) mundial, y los países quedarán aún más lejos de alcanzar los objetivos relacionados con la pobreza de aprendizajes (i): esta podría aumentar considerablemente al 63 %, lo que equivale a otros 72 millones de niños en edad de concurrir a la escuela primaria.

En un contexto en que las condiciones económicas obligan a las familias a tomar decisiones difíciles sobre sus gastos, han aumentado las preocupaciones en torno a las tasas de deserción escolar.  Durante su participación en nuestra serie de videos “Los expertos responden”, el director del Departamento de Prácticas Mundiales de Educación, Jaime Saavedra, manifestó que los estudiantes de la educación secundaria y terciaria le generan especial preocupación. Muchos de los integrantes de esos grupos demográficos “no volverán al sistema porque esto va a generar una gran crisis económica, de modo que las familias podrían no tener recursos o algunos [estudiantes] se verán obligados a trabajar”, explicó. Otros que antes estaban a punto de abandonar la escuela serán más propensos a hacerlo debido a la pandemia, agregó.

El impacto de la COVID-19 ha dado lugar a numerosas comparaciones: con la crisis financiera mundial de 2007-08, con la Segunda Guerra Mundial e incluso con crisis que solo conocemos a través de los libros de historia. Si bien dichas comparaciones pueden parecer dramáticas, la pandemia ha tenido un efecto de gran alcance en casi todos los aspectos del desarrollo, como pocas crisis anteriores.

La verdadera magnitud de la pandemia solo se conocerá en los próximos años, a medida que se recopilen y analicen los datos con eficacia y profundidad.

AEV/ RF AIF IFC MIGA CIADI


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