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Inversión extranjera directa se espanta de Nicaragua.

En cualquier país del mundo la inversión es clave para impulsar el crecimiento de una economía, porque aumenta su capacidad productiva, por la ampliación del capital, genera nuevas inversiones o incorporación de nuevas tecnologías que hace más eficiente el proceso productivo. Por tanto, la importancia de invertir estimula a que las empresas contribuyen al crecimiento económico del país, lo que como ya sabemos, permite aumentar el bienestar económico. Los gastos de inversión son por tanto la clave del crecimiento futuro. Si bien a largo plazo la relación entre el crecimiento económico y la inversión está explicada por la dinámica del trabajo, del capital y de la productividad global de estos factores, entro otros factores, en períodos no tan amplios de tiempo esta relación de largo plazo experimenta desviaciones que son explicadas por shock externos en economía y situaciones internas del país.

Precisamente la crisis sociopolítica que padece actualmente Nicaragua, a la que también se añade la crisis sanitaria del coronavirus y otros factores ambientales, han impactado negativamente en la inversión, esto se demuestra a través de la ratio de la inversión con respecto al PIB. En efecto, a partir del 2018 el porcentaje de participación de la inversión con respecto al PIB se ha contraído, y su tendencia es análoga para los años sucesivos después del 2021. Ver imagen.  

Durante el periodo 2002 al 2008 se registraron tasas crecientes de la inversión apoyada significativamente por la entrada de Inversión Extranjera Directa (IED), que propicio y fue el resultado de la gestión del gobierno del falleció Ing. Enrique José Bolaños, quien gobernó del 10 de enero de 2002 al 10 de enero de 2007. Además, fue quien corrigió el desalineamiento macroeconómico dejado por su antecesor, y alineo el gasto público de tal suerte que se logró restablecer el equilibrio macroeconómico de la economía, lo que propició entonces, que la política económica fuese predecible y amigable para la atracción de IED. Mirar la participacion % de la Inversion Nacional en el PIB.

Así los flujos de IED durante el periodo 2001-2007 tuvo un crecimiento anual ponderado del 16%. En el periodo 2008 al 2017 el crecimiento ponderado anual fue del 12.4%. En cambio, la desaceleración de la IED a partir de 2018 hasta el 2021 se estima en una tasa de decrecimiento ponderado anual del 64.1%, implicando un efecto contractivo contundente en la inversión fija y la posición neta de la Balanza de Pago Internacional de Nicaragua. Ver Imágenes.

Si bien la IED no ha jugado en Nicaragua, un papel contributivo en los incrementos de nuevas tecnologías, mejorías salariales y efectos reanimaste para otros sectores de la economía, su papel ha sido efectivo en los incrementos de las exportaciones, especialmente de bienes producidos en las zonas francas, la producción y exportaciones de oro, la pesca, inversiones en las comunicaciones, entre otros. Así mismo, en general ha sido algo más que la inversión adicional resultante del ahorro externo, y aunque ha sido un elemento incentivador contundente en la generación de plazas de trabajo y tecnología media, ha representado posibilidades técnicas en el país, que han dado origen a incrementos correlativos de productividad en algunos sectores.  

Por otra parte, a partir de 2002 la IED se convirtió en un efecto germinar de la inversión nacional, lo que abrió posibilidades durante todo este periodo de nuevas inversiones, aunque escasas, pero propiciaron la absorción de fuerza de trabajo de bajo perfil calificado, y generó ciertos estímulos o posibilidades de nuevas inversiones, que ya han quedado en “stand by” (en espera) para desplazarse hacia otros sectores, como el agropecuario, la pesca y la extracción minera, entre otros. 

De esta forma, la situación sociopolítica del país y la crisis sanitaria del coronavirus, se han unido de manera inevitable y ha hundido la perspectiva de crecimiento de la economía; cuya solución será posible en el sentido de una necesaria transformación política del país, para que se puedan alcanzar cambios estructurales sociales y redistributivos que reclama su historia.  La esperanza es que dicha postergación de cambio en la superestructura política y social no se alargue en el tiempo, para construir nuevos caminos y puentes, atraer nuevos flujos de IED que contribuyan con los sectores nacionales a generar un efecto acelerador y multiplicador de la economía nicaragüense.  

Por: Alejandro Arauz L. (12 de julio 2021)

 

 


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