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La economía nicaragüense continuará perdiendo millones de dólares del PIB a causa de la prolongación de su crisis política a la que se une la pandemia del COVID-19

Por: Alejandro A. Aráuz L

Datos generales de Nicaragua

Contexto político y COVID-19

La vida de los nicaragüenses comenzó a cambiar a partir de abril de 2018 y durante este lapso de tiempo la realidad nos revela a nuestros ojos las profundas debilidades estructurales del modelo político y económico que venía promoviéndose: de carácter corporativo y excluyente, del que se ha escrito copiosamente.

Hoy la vida tal como la conocemos ha cambiado drásticamente con la presencia y la prolongación de la pandemia del COVID-19 que ha terminado de abrir las puertas y ventanas para observar que tan complicada será nuestra vida en el futuro si no generamos cambios estructurales anticipados.

El país goza de un Estado de Derecho artificial y deficiente donde las autoridades públicas, y el Poder Ejecutivo no se someten a las leyes y su pública obediencia y observancia, y a un mayor ejercicio de libertades y derechos por los ciudadanos. Y los más grave, las autoridades no asumen un liderazgo real frente a las circunstancias actuales de cara a la pandemia del COVID-19 y las circunstancias como país pobre estaremos sometidos a situacionales muy severas en los próximos años.

Ya todos sabemos que la pandemia del coronavirus va a reformar la economía mundial, sabemos que potencialmente afectara al país ya sea en el corto plazo o para el largo plazo. Además, estamos como país también inmerso en tercera crisis económico mundial y según el FMI predice será la mayor caída económica desde la Gran Depresión. Y nuestra economía será una de las más afectadas en la región a pesar de su baja dimensión con respecto a las grandes potencias del mundo.  De acuerdo con datos del Banco Mundial el efecto sobre los países que ostentan altas porcentajes de población vulnerables será aterrador y Nicaragua no se escapará de este impacto. Ver documento Completo en esta misma sección)

Efecto COVID-19 y la capacidad de respuesta de Nicaragua

Son extremadamente débiles las capacidades en infraestructura hospitalaria y medidas de contención que tiene el país para evitar el desarrollo de la pandemia viral en el país. Se reconoce el esfuerzo por invertir en este sector tanto el Estado como el sector privado.  El presupuesto asignado en 2020 para el Ministerio de Salud representa el 3.6% del PIB sin incluir las inversiones (gasto corriente US$ 408.3 millones), con estas últimas sube a US$ 471.1 millones. Según el BM el gasto de salud de Nicaragua representa el 10.5% del PIB incluyendo el sector Privado.

Repuestas para atender la virulencia del país se observa extremadamente limitadas. Aunque las estadísticas publicadas por el gobierno en el desarrollo de la pandemia COVID-19 sean relativamente modestas, hay enormes dudas de la certeza con que el Ministerio de Salud monitorea y atiende la situación de la pandemia en el país. Según los registros que recolecta “El Observatorio Ciudadano COVID-19” el que hace publica periódicamente sobre los casos de personas “sospechosas de portar el virus suman alrededor de 236 casos acumulados al 17 de abril de 2019. 

De acuerdo a los resultados matemáticos la región del pacifico podría estar enfrentado un proceso de virulencia elevada entre los meses mayo y junio 2020 cuya duración se extendería hasta septiembre. Durante este periodo afectaría al resto del país alargando la pandemia en el tiempo de forma más suave y menos letal.

Independiente de la gravedad y profundidad de la potencial pandemia que se desarrolle en Nicaragua, el país ostenta una situación complicada e irreversible desde el punto de vista epidemiológico. Así, de forma técnica y gráfica para demostrarlo sugerimos mirar el gráfico siguiente donde se exponen las diferentes etapas para enfrentar la epidemia y la recuperación de la economía. Que son dos temas que no pueden estar aislados uno del otro y el arte es buscar el equilibrio de ambas medidas y políticas, pero esto es posible con un gobierno no competente y que no cuente con disponibilidades internas de recursos económicos y financiero para ello. Además, que se muestra impasible para lograr encontrar recursos como fuere posible.  

Algunos estudios especializados indican que los gobiernos que desean reiniciar sus economías primero deben tener sistemas de salud pública que sean lo suficientemente fuertes como para detectar y responder a los casos del coronavirus y la permanencia de éste en el tiempo.  Así, hay un proceso de comprensión convergente de las etapas en cuanto a los líderes quienes deben reconocer que las regiones pueden diferir significativamente en su preparación y es lo que está representado en la “matriz de respuesta” local del gráfico anterior y puede ayudar a comprender el brote de COVID-19 tanto en regiones como en cada país con mayor precisión, tal es el caso de nuestro país. Así, consideramos la ubicación de Nicaragua, capacidades bajas del sistema de salud y un proceso de virulencia media. Esta combinación de elementos sugiere que el país podría verse desbordado y superados los umbrales de atención y capacidades una vez la pandemia haya llegado a su punto máximo, que consideramos de acuerdo al análisis matemático entre mayo y junio de este año.

La crisis económica, el COVID-19 y el entorno externo

En relación a Nicaragua, cuya situación interna se mezclan otros factores como el político a partir de abril del 2018 y su continuidad, más los efectos de la pandemia y el contexto externo, la pérdida que hemos estimado durante el periodo 2018/2021 la suma es apreciable. En efecto, si comparamos como punto de partida el PIB de 2018 y las proyecciones hasta el 2021 la pérdida acumulada total es de US$ -2,277.87 millones aproximadamente, que estarían distribuidos así: US$ 797.3 millones en sueldos y salarios, US$ 1,207.3 millones en ganancias de las empresas y/o los empresarios, la diferencia (US$ 273.3 millones) en impuestos que no percibiría el gobierno y la reposición física de capital fijo.

La base de esta estimación la hacemos con una contracción estimada de PIB en -6.3% en 2020. Para el periodo 2018-2020 la pérdida acumulada seria del 91.2% de la cifra del periodo 2018-2021. Por otra parte, según los datos que registra el FMI de mantenerse la proyección de este organismo quien registra hasta el 2020 una caída del PIB de -6.0%, los resultados durante el periodo 2018 2021 serían de una pérdida acumulada de US$ 3.254.0 millones aproximadamente (tasados en dólares internacionales IPP). El FMI en su último informe el PIB de 2017 registró US$ 36,245.3 y en 2021 proyecta US$ 33,363.0 Millones generando una diferencia entre ese periodo de 3.254.0 millones aprecios de Purchasing power parity; international dollars que es una medida equivalente para efectuar comparaciones entre países. Ver gráfico siguiente. La estimación que hemos realizado según nuestras proyecciones se puede ver en el grafico siguiente.

La persistencia de la crisis política en nuestro país y los factores que la atraviesan transversalmente podrían generar una situación de asfixia económica sin precedentes.

Sólo el hecho del retorno a los índices de pobreza que aún siguen siendo elevados aumentarán y los índices retrocederán a periodos anteriores significa un enorme desafío a la política económica del país en la etapa de post pandemia. En efecto, el defectuoso modelo distributivo prevaleciente desde décadas en nuestro país, ha creado uE base endeble de resiliencia y capacidades objetivas frágiles para que la población más pobre pueda revertir su nivel de precariedad con facilidad. Ver gráfico siguiente.

En tabla siguiente se muestra las estimaciones que hemos realizado de acuerdo a los datos y estadísticas procesadas que hemos venido construyendo de varios años como alternativa de seguimiento a los datos del gobierno. Nuestra base de datos hasta el presente nos aporta las proyecciones que están en el siguiente cuadro. Es el resultado, repetimos, de nuestras encuestas, consultas y utilización de modelos de equilibrio general y parcial para el caso de la economía nacional.

El punto toral de la situación que enfrenta el país, y en especial el gobierno y la población en general, es la capacidad de respuesta de corto y mediano plazo la que valoramos de muy débil no solo durante el periodo de una “potencial pandemia extendida a lo largo y ancho del país” durante medio, año sino también post pandemia. Se estima que habría más de 350 personas afectadas por el virus COVID-19 y un efecto desbastador en el tejido económico dos veces más de los que hoy se muestra. 

El país no cuenta con recursos ya que el actual gobierno enfrenta los siguientes vectores de fuerte presión:

  1. La crisis política a la que se resiste dar respuesta el gobierno estaría complicando la creación de un espacio social e institucional para el surgimiento de un nuevo liderazgo estatal que brinde respuestas inmediatas y asuma la responsabilidad de la recuperación post pandemia con relativo éxito;
  2. El complicado panorama de relaciones diplomáticas que goza el gobierno con la comunidad internacional, especialmente con los organismos ligados a la ONU que podrían favorecer y colaborar en la recuperación del país;
  3. El efecto de las sanciones que se derivan de la “Ley Global Magnitsky”, “Nica Act aprobada en la Cámara Baja en 2017” y la “Ley de 2018 para los Derechos Humanos y la lucha contra la Corrupción en Nicaragua”, etc.; las que han tenido un impacto muy duro y no serán eliminadas hasta que haya una situación de reversión de la vida democrática del país. A ella están ligadas EE. UU y la UE y otros países democráticos.
  4. La reducida capacidad de articulación que tienen los dirigentes políticos del Gobierno y el FSLN en asumir un liderazgo activo en la mayoría de la población a consecuencia de la “represión desatada con la misma desde abril de 2018 lo que impide que solo los seguidores y fanáticos políticos del FSLN lo respalden;
  5. El retroceso y la paralización de la productividad de los factores fundamentales del crecimiento que están seriamente debilitados producto del modelo de desarrollo impulsado, de esta forma las cadenas de suministros y de valor tendrá muchos contratiempos y solo se podrían articular con el exterior y el interior por algún tiempo y requerirán de recursos con lo que no cuenta país en cooperación externa los que se han caído a niveles muy bajos. Ver gráfico siguiente.

La difícil situación financiera que atraviesa el país se traduce en efectos directos al sector productivo y a los hogares de las familias nicaragüenses. Es evidente que este gobierno no podrá obtener una cantidad de recursos lo suficientemente convenientes y de cobertura para ejecutar el presupuesto de 2020 y mitigar la situación médica hospitalaria y la recuperación post pandemia una vez que se haya regresado a la normalidad del país.

Con base a esta premisa, lo único bueno que podía hacer este gobierno es tratar de mantener los fundamentos macroeconómicos alineados con la caída de la producción y el consumo de manera proporcional al PIB para evitar un descarrilamiento que nos podría conducir a una situación de caos posteriormente. Sin embargo, para poder desarrollar este tipo de medidas tiene que recurrir obligadamente a realizar una redistribución estratégica del gasto público y a una reversión de la política fiscal en vigencia consensuada y selectiva.

Por otra parte, hacer esfuerzos para localizar la forma de contribución externa que permitan quitarle presión al sector financiero, a las reservas internacionales del país y procurar medidas de alivio a los sectores productivos de mayor crecimiento y dinamismo como el sector agropecuario, la construcción, la industria de alimentos a nivel nacional y la infraestructura eléctrica, agua y comunicaciones. Véase gráfico de alineación de algunas variables básicas macroeconómicas. Con la idea de acentuar nuestras recomendaciones, en el gráfico siguiente he representado un análisis de la cobertura del crédito en los sectores productivos, la tendencia de los costos de producción, los precios y la relación de cobertura por unidad de valor agregado vs financiamiento.

Los resultados son sorprendentes considerando que la contracción generalizada de la mayoría de los sectores productivos en 2020 con excepción del sector agropecuario que ha venido trabajando con un escaso apoyo crediticio, y en su contra cancelando adeudos pendientes con el sistema financiero y las micro finanzas. Así, los gráficos muestran la tendencia a la baja del crédito tanto otorgado como proporcional al valor agregado que genera cada sector, los costos se elevan y los precios de los insumos, efecto que parte desde reforma fiscal en 2019 la que causó un profundo desequilibrio en sectores estructuralmente débiles con márgenes de ganancia bruta menor al 15%. Esta medida de política fiscal en marzo de 2019 en el marco de un política monetaria y crediticia estrecha y rígida, tuvo un efecto devastador en el tejido productivo y de consumo del país. Este efecto, no solo contrajo la producción, sino que profundizó y modifico los componentes de insumo y medios de producción en el tramo de transversalidad sectorial del país. Es decir, la sobrevivencia para no salir del mercado y la producción misma se hizo uso del sacrificio de mano de obra calificada y no calificada, utilización de insumos e implementos agrícolas de baja calidad y productividad y desorganización de los procesos de conservación y preservación de alimentos, granos y otros productos que por el elevado costo de la energía y los vectores transversales de insumos indispensables fueron necesarios transformar.  Objetivamente los fundamentos de la política fiscal estuvieron basados en “una miopía” técnica e irresponsabilidad sin precedentes por parte de formadores política del gobierno actual.  

Alejandro Arauz L.


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