Apoye nuestro esfuerzo con una donación
Suscríbase a nuestros boletines

Las elecciones presidenciales de EEUU. parece más propio de una novela de suspenso político que de realidad política.

Las dudas sobre si se cambiará la fecha de las elecciones presidenciales en EEUU son acuciantes. Y algunos se preguntan también cómo podría afectar a la democracia de ese país. La pandemia de coronavirus está poniendo en jaque gran parte de la economía estadounidense, pero también está causando estragos en el proceso democrático en año electoral.

  1. Las primarias han sido retrasadas o interrumpidas, con centros de votación cerrados y procesos de voto por correo puestos en tela de juicio.2
  2. Los políticos están inmersos en luchas contenciosas sobre el proceso electoral en los congresos estatales y en los tribunales.
  3. Aunque en noviembre, los votantes tienen previsto ir a las urnas para elegir al próximo presidente, a gran parte del congreso y a miles de candidatos del gobierno estatal. Pero la pregunta sobre cómo será el día de las elecciones -si es que se lleva a cabo según lo previsto- es el principal objeto de debate.
  4. Los cuestionamientos al gobierno de Trump por “no actuar a tiempo” para contener el coronavirus y evitar miles de muertos.
  5. Por qué EE.UU. “está fracasando” en la forma en que combate el covid-19 y cómo deja en evidencia su sistema de salud

Las respuestas probables son las siguientes:

Podría el presidente Trump posponer las elecciones ? Por ahora, un total de 15 estados han retrasado sus elecciones primarias presidenciales. La mayoría de ellos las han pospuesto al menos hasta junio. Eso plantea la cuestión apremiante de si las elecciones presidenciales de noviembre también se celebrarán más tarde.

Según una ley que data de 1845, las presidenciales de Estados Unidos están programadas para el martes siguiente al primer lunes de noviembre cada cuatro años: es decir, el 3 de noviembre de 2020. Sería necesario un acto legislativo del Congreso -aprobado por las mayorías en la Cámara de Representantes, dominado por los demócratas, y en el Senado, controlado por los republicanos- para cambiar eso. La perspectiva de un consenso legislativo bipartidista que subscriba cualquier demora en las elecciones es muy poco probable.

Hay otros casos en el mundo en similares condiciones: por ejemplo, la pandemia no frenó la celebración de elecciones parlamentarias en Corea del Sur.

Es más, incluso aunque el día de votación cambie, la Constitución de Estados Unidos exige que una administración presidencial dure solo cuatro años. En otras palabras, el primer mandato de Donald Trump expirará a mediodía el 20 de enero de 2021, de una forma o de otra.

Podría estar otros cuatro años si es reelegido. Podría ser reemplazado por el demócrata Joe Biden si es derrotado en las urnas. Pero el reloj ya echó a andar, y posponer la votación no lo detendrá.

¿Qué ocurre si las elecciones se posponen?

Si no se han celebrado las elecciones antes del día de inauguración programado, el 20 de enero, la línea de sucesión presidencial entra en acción.

En segundo lugar, está el vicepresidente Mike Pence, y dado que su mandato también termina ese día, él se encuentra en la misma situación que el presidente.

La siguiente en la fila es la presidenta de la Cámara, que actualmente es la demócrata Nancy Pelosi, pero su mandato de dos años termina a finales de diciembre.

El funcionario de mayor rango elegible para la presidencia en un escenario tan apocalíptico sería el republicano Chuck Grassley, de 86 años, de Iowa, el presidente pro tempore del Senado.

Eso suponiendo que los republicanos todavía controlen el Senado luego de que un tercio de sus 100 escaños hayan sido desocupados por la expiración de sus propios mandatos.

Si bien es improbable un cambio absoluto en la fecha de las elecciones presidenciales, eso no significa que el proceso no esté en riesgo de una interrupción significativa.

Según el profesor Richard L. Hasen, un experto en leyes electorales de la Universidad de California en Irvine, Trump o los gobiernos estatales podrían usar sus poderes de emergencia para reducir drásticamente los lugares de votación en persona.

En las recientemente concluidas primarias de Wisconsin, por ejemplo, la preocupación sobre la exposición al virus, junto con la escasez de trabajadores electorales voluntarios y de suministros electorales, llevaron al cierre de 175 de los 180 centros de votación en Milwaukee, la ciudad más grande del estado.

Si se hiciera eso teniendo en cuenta los intereses políticos -tal vez atacando las fortalezas electorales de un oponente- podría tener impacto en los resultados de una elección.

¿Podrían los estados impugnar los resultados?. Hasen también sugiere otro contexto todavía más extraordinario, aunque poco probable. Las asambleas legislativas en cada estado, citando preocupaciones sobre el virus, podrían recuperar el poder para determinar qué candidato gana su estado en las elecciones generales. No hay obligación constitucional de que un estado apoye al candidato presidencial que gane una pluralidad de sus votos.

Las presidenciales de 2020 están previstas para el 3 de noviembre, si nada cambia…Todo gira en torno al Colegio Electoral, esa institución arcaica de Estados Unidos en la que cada estado tiene “electores” que votan por el presidente. En condiciones normales, esos electores (casi siempre) apoyan a quien gane el voto popular en sus respectivos estados.

Sin embargo, no tiene que funcionar de esa manera necesariamente. En las elecciones de 1800, por ejemplo, varias asambleas legislativas estatales les dijeron a sus electores a quién votar.

Hasen admite que si un estado hiciera un movimiento tan “duro” hoy en día, probablemente conduciría a manifestaciones masivas en las calles. Pero eso sería en caso de que se permitieran manifestaciones masivas bajo cuarentenas y decretos de distanciamiento social.

¿Habrá desafíos legales?

La experiencia reciente en las primarias de Wisconsin podría servir como una advertencia para la interrupción electoral que podría avecinarse, y no solo por las largas colas para votar en persona en las limitadas urnas, atendidas por voluntarios y soldados de la guardia nacional con equipos de protección.

Antes del día de las primarias, el gobernador demócrata, Tony Evers, y los republicanos que controlan la asamblea legislativa estatal participaron en arriesgadas batallas legales -una de las cuales finalmente fue decidida por la Corte Suprema de Estados Unidos- sobre si el gobernador tenía poder legal para posponer la votación hasta junio o extender el plazo de votación por correo.

En marzo, el gobernador republicano de Ohio, Mike DeWine, tuvo una batalla judicial similar antes de su exitoso movimiento para retrasar las primarias de su estado.

Un juez federal en Texas emitió el miércoles una orden que hizo que el miedo a contraer el coronavirus fuera una razón válida para solicitar el voto en ausencia (o por correo) en noviembre.

Los requisitos de ese estado para la votación por correo habían sido algunos de los más estrictos de la nación.

¿Qué cambia si se reduce el riesgo?

En una encuesta de opinión reciente realizada por el Pew Research Center, el 66% de los estadounidenses dijeron que no se sentirían cómodos yendo a un centro de votación durante la actual crisis de salud pública.

AEV/BC


Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*