Apoye nuestro esfuerzo con una donación
Suscríbase a nuestros boletines

¿Qué está pasando en América Latina? .

Por:  Cesar Giraldo

El año pasado hubo protestas en varios países latinoamericanos, incluyendo a Colombia. ¿Qué tienen en común todas las manifestaciones? ¿Quiénes participaron de ellas y qué están reclamando?

¿Primavera latinoamericana?

Algunos han bautizado a las movilizaciones populares urbanas que han tenido lugar en América Latina como la “primavera latinoamericana” dando a entender que forman parte de la ola de protestas del siglo XXI que iniciaron en Seattle a finales de 1999 y continuaron con la “primavera árabe”, el movimiento 15-M (conocidos en España como ‘Los Indignados’), las protestas en Grecia (2010–2011), las huelgas en China (2011) y las movilizaciones estudiantiles en Chile y Colombia (2011–2013). En la lista habría que incluir también los levantamientos en Hong Kong, Cataluña, Libia, República Checa, Argelia, Sudán, Líbano, entre otros.

Esta perspectiva considera que las movilizaciones en cuestión son una manifestación de la antiglobalización contemporánea y del alter mundialismo, sin embargo, no todos los procesos son homogéneos ni tienen el mismo significado. De hecho, las protestas de Bolivia, Nicaragua, Venezuela, Chile, Ecuador, Argentina, Colombia, Brasil, Honduras, Haití y Perú son muy distintas entre sí pese a que comparten un elemento común, el rechazo a la corrupción.

Así mismo, al revisar la historia resulta evidente que es un error afirmar que el siglo XXI es ‘el siglo de los movimientos sociales’, pues en el siglo XX se formaron movimientos contra los programas del FMI, la opresión soviética, el colonialismo, el fascismo, etc. Y en los siglos XVII y XIX tuvieron lugar las revoluciones liberales, las luchas por la independencia y el movimiento obrero.

Uno de los motivos compartidos de las movilizaciones es la mala calidad de la educación pública promovidas por las políticas neoliberales. Para tratar de comprender las protestas latinoamericanas es necesario tener en cuenta un elemento clave: las políticas neoliberales que se han venido implementando en muchos de estos países.

En Chile, por ejemplo, se desató una protesta aparentemente espontánea por el aumento de 30 pesos en el pasaje del metro el 6 de octubre del año pasado. Sumamente desconcertada, la primera dama Cecilia Morel describió las marchas como “una invasión extranjera, alienígena”. Sin embargo, es posible encontrar el verdadero origen de las movilizaciones en una de las frases que más repitieron los manifestantes: “No son treinta pesos, son treinta años”. Indudablemente, esas palabras expresan un profundo rechazo por el mundo neoliberal.

Para tratar de comprender las protestas latinoamericanas es necesario tener en cuenta un elemento clave: las políticas neoliberales que se han venido implementando en muchos de estos países.

Las reivindicaciones populares que trascienden lo nacional están relacionadas con variables económicas como el desempleo y el aumento de los precios que administra el estado como los combustibles, el transporte y los servicios públicos, pues todas ellas afectan la vida diaria de las personas. Es por ello que para comprender lo sucedido es necesario tenerlas en cuenta.

Muchos de reclamos chilenos pueden extenderse al caso colombiano: acceso precario a la salud, educación púbica de mala calidad, expulsión de las clases trabajadoras hacia la periferia de las ciudades, malas condiciones laborales, tarifas altas de energía, etc. En nuestro país habría que agregar el incumplimiento de los acuerdos de paz por parte del gobierno y el asesinato de líderes sociales.

Además de denunciar la corrupción, las protestas de Ecuador, Argentina (con Macri), Brasil (con Rousseff), Honduras y Haití coincidieron en rechazar los recortes de las prestaciones sociales promovidos por los mercados de capitales. Si bien cada caso tiene sus particularidades, es evidente que los países en los que se han aplicado políticas neoliberales disputan el presupuesto público, reclaman derechos sociales y piden cambios políticos profundos.

Nuevos sujetos sociales

Otro aspecto importante que tienen en común estas manifestaciones es que las personas que participan de ellas carecen de formas de representación adecuadas dado que instituciones de representación como los gremios o los partidos han perdido la capacidad de interpretar a la población. 

La forma en la que se organiza el trabajo en la actualidad provoca que esas formas de representación no sean pertinentes, pues se trata de un trabajo cada vez más individualizado que promueve la superación a través del talento, el esfuerzo y el emprendimiento. Sin embargo, como señala el sociólogo Richard Sennet, “el sistema no tiene suficiente espacio para acomodar a la gente a la que presiona para que sea más habilidosa y más competente». Adicionalmente, el pensador estadounidense asegura que, en nuestros días, los individuos se mueven entre el trabajo y su vida privada, por lo cual las mediaciones sociales son cada vez más frágiles.

Estos nuevos sujetos sociales reclaman un mundo nuevo en el que existan garantías económicas y sociales y prime el respeto por la naturaleza y la democracia.

Para Guy Standing, esos individuos constituyen una clase social que empieza a expresarse, pero aún no ha sido caracterizada con precisión por los científicos sociales. Según el pensador británico, esta clase social es heterogénea porque se compone de profesionales flexibilizados para quienes la vida laboral está entre contratos temporales de algunos meses y períodos de desempleo, por lo cual no tienen perspectiva económica ni seguridad social. También incluye a los ‘jóvenes ni ni’ que no estudian ni trabajan, una población que, de acuerdo con el Banco Mundial, alcanza el 20% en América Latina. Indudablemente, muchos de ellos son jóvenes que saben que la educación ya no funciona como un instrumento socio-económico y ven el futuro con pesimismo. Esta nueva clase social también ha sido denominada la “población sándwich” dado que no pertenece al mundo asalariado, pero tampoco a la población pobre.

Aunque estos individuos no han sido caracterizados con precisión, es evidente que sienten un profundo descontento social con el funcionamiento del mundo actual y que han encontrado en las protestas un espacio idóneo para expresarse. Estos nuevos sujetos sociales reclaman un mundo nuevo en el que existan garantías económicas y sociales y prime el respeto por la naturaleza y la democracia.

Contrariamente a lo que podría pensarse, estos sujetos no pertenecen a los sectores populares en los que se presentan problemáticas como disputas territoriales y micro tráfico, sino a las clases medias urbanas. Son ellos quienes están exigiendo cambios estructurales en Colombia y el resto de Latinoamérica.

AEV/LAREPÚBLICA