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Principales tensiones que enfrentará la política económica internacional de Joe Biden

El siguiente resumen de elementos sobre el tema de “la política económica internacional de Joe Biden” tiene como fuente a varios especialistas en el campo económico “The Economist and CSIS Global Forecast 2021” entre otros.

Los análisis coinciden en que la economía internacional es un área de la política estadounidense en la que habrá una clara ruptura entre las era de Trump y Biden.  Habrá menos obsesión con los déficits comerciales bilaterales y los aranceles, más compromiso con la resolución de problemas multilaterales o un proceso de formulación de políticas más disciplinado.  El enfoque de la administración Biden será marcadamente diferente del de su predecesor. Pero hay tres aspectos de la política económica internacional en los que los impulsos del presidente Biden parecen ir en direcciones opuestas.

  • Primera Tensión

La primera tensión esta centrada en dar solución a las prioridades económicas nacionales e internacionales.  La reconstrucción de la economía nacional dada las crisis de múltiples cabezas que enfrenta: la pandemia Covid-19, la dislocación económica, injusticia racial y divisiones políticas incendiarias. Al mismo tiempo, el nuevo presidente ha dicho que no perderá tiempo en revitalizar las alianzas estadounidenses y volver a participar en instituciones y esfuerzos multilaterales.

La visión de Joe Biden, es el riesgo latente que corre la economía estadounidense la que podría ser superada en el 2028 por la económica China.

Entonces, las prioridades no están necesariamente en conflicto. De hecho, el equipo de Biden ha acuñado la frase “política exterior para la clase media” precisamente para enfatizar que el compromiso internacional de la nueva administración, económico y de otro tipo, estará al servicio de la reconstrucción nacional, específicamente, mejorando la situación del trabajador estadounidense.

Sin embargo, los eventos en el escenario mundial, ya sean los que ya están en el calendario, como las cumbres internacionales o las crisis repentinas (un sobreendeudamiento peligroso en los países de ingresos bajos y medianos es un riesgo inminente en la actualidad), tienen una forma de distraer la atención del trabajo de política nacional. De manera más sustancial, algunos de los elementos del “Reconstruir mejor plan” podrían estar en conflicto con las prioridades internacionales de Biden. Por ejemplo, ¿la promesa de “comprar estadounidenses” funcionará en contra del esfuerzo por reconstruir los lazos con los aliados de Estados Unidos, que probablemente deseen una parte justa de nuevas inversiones en infraestructura e innovación?

La reconciliación de estas prioridades en conflicto requerirá que la Casa Blanca de Biden imponga una estricta disciplina de proceso para garantizar que los diferentes aspectos de la formulación de políticas funcionen en conjunto. Esto es aún más importante a la luz de la plétora de altos funcionarios nombrados para puestos clave en la Casa Blanca, cuyas agendas políticas —y egos— podrían entrar en conflicto. Un paso burocrático importante sería otorgar la función de coordinación económica internacional a un diputado fuerte de la Casa Blanca que reporta tanto a Jake Sullivan, asesor de seguridad nacional, como a Brian Deese, director del Consejo Económico Nacional.

  • Segunda Tensión

La segunda tensión en la política económica internacional de Biden es entre la aversión de la nueva administración a las negociaciones comerciales tradicionales y su deseo de restablecer el liderazgo estadounidense en la región del Indo-Pacífico. Como candidato y presidente electo, Biden y su equipo han vertido agua fría sobre la idea de una iniciativa temprana de la nueva administración para negociar acuerdos comerciales. Específicamente, han señalado una falta de interés en reincorporarse a la Asociación Transpacífica (TPP), el acuerdo comercial megaregional con 11 aliados y socios estadounidenses negociados por la administración Obama, pero abandonados por Donald Trump.

Prácticamente todos los expertos en política de Asia en Washington están de acuerdo en que una estrategia estadounidense eficaz en el Indo-Pacífico debe incluir una política económica y comercial creíble. Los aliados y socios en la región dan la bienvenida a la presencia de seguridad de Estados Unidos como una fuerza estabilizadora, pero también quieren que Washington sea un participante activo en los esfuerzos para promover la integración económica regional. Si Estados Unidos no se va a unir al TPP, los aliados y socios esperarán que Washington ofrezca una estrategia económica alternativa convincente para la región.

La presión sobre la administración de Biden para articular tal estrategia aumentará a medida que se acerque la serie de cumbres anuales en Asia en el otoño de 2021. El presidente Biden, que puede no ser tan alérgico a reincorporarse al TPP como sus propios asesores, podría cuadrar el círculo en el La cumbre anual de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en noviembre al señalar un interés a largo plazo de Estados Unidos en volver a unirse al TPP en términos adecuados y al mismo tiempo proponer que los socios dispuestos en la región comiencen por construir reglas y normas en áreas clave. Uno de esos ámbitos es la economía digital, donde existe una necesidad imperiosa de normas comunes sobre datos y comercio electrónico; Biden podría proponer unir el trabajo existente sobre estos temas en APEC , TPP y el Acuerdo de Comercio Digital entre Estados Unidos y Japón en un acuerdo digital integral para la región. La elaboración de normas sobre las empresas estatales y las buenas prácticas regulatorias son otros objetivos prometedores para la negociación regional.

  • Tercera Tensión

La tercera tensión es entre confrontar y comprometerse con China. El presidente Biden ha dejado en claro que comparte la evaluación de la administración Trump de China como un competidor estratégico de Estados Unidos. Los principales asesores como Jake Sullivan y el coordinador del Indo-Pacífico, Kurt Campbell, no se hacen ilusiones sobre el desafío que plantea Beijing a los intereses estadounidenses en el Indo-Pacífico y más allá. Es probable que la administración Biden mantenga políticas que promuevan el desacoplamiento selectivo de las dos economías, especialmente en tecnología, mientras toma una línea más dura que su predecesora sobre la supresión de los derechos humanos y la democracia por parte de Beijing en Xinjiang, Hong Kong y otros lugares.

 

Al mismo tiempo, la administración Biden también se sentirá obligada a comprometerse con Beijing para abordar los desafíos globales donde China es parte del problema o la solución, o ambos. Estos incluyen pandemias, cambio climático y proliferación nuclear. Para abordar estos problemas, el equipo de Biden querrá restablecer los canales diplomáticos de comunicación con Beijing que fueron efectivamente cortados durante la administración Trump.

La preocupación es que los impulsos de confrontar e involucrar a Beijing eventualmente entren en conflicto, socavando ambas líneas de esfuerzo. Una preocupación específica que se ha debatido mucho en Washington es que John Kerry, en su papel de enviado presidencial especial sobre el cambio climático, puede ofrecer concesiones a Beijing sobre comercio o derechos humanos para asegurar su cooperación en cuestiones climáticas. Otros responden que esta preocupación está fuera de lugar, asumiendo que el equipo de Biden mantiene los ojos claros sobre los intereses y valores de Estados Unidos cuando se relaciona con China.

Una serie de pasos ayudarían a garantizar que la administración de Biden equilibre efectivamente los lados competitivo y cooperativo de la relación con China. Una es lograr la cooperación de Beijing en temas como la salud global y el clima a través de organizaciones multilaterales como la Organización Mundial de la Salud y el Grupo de los 20 mientras se utilizan canales bilaterales para mantener los pies de Beijing en el fuego sobre el comercio, la coerción económica y los derechos humanos, y mostrando la voluntad de utilizar una influencia real para presionar a Pekín sobre estos temas.

Para gestionar este complicado acto de equilibrio, la administración Biden debería considerar restablecer el canal informal de alto nivel entre los altos funcionarios de política exterior y económicos en la Casa Blanca y Zhongnanhai que se usó ocasionalmente durante la administración Obama. En la actualidad, un grupo equivalente incluiría, del lado estadounidense, a Jake Sullivan, Kurt Campbell y Brian Deese y, del lado chino, Yang Jiechi y Liu He, los principales asesores económicos y de política exterior de Xi Jinping, respectivamente.

  • CONCLUSIÓN

Con una perspectiva estratégica y disciplina de proceso, la administración de Joe Biden debería poder reconciliar las tres tensiones identificadas y analizadas. Sin ellos, existe el riesgo de que la política económica internacional de EE. UU se vea obstaculizada por contradicciones internas y en lo estratégico que a partir de 2028 la Economía China ocupe el primer lugar del mundo y la hegemonía política de esta sociedad comience a predominar en el globo.

 

AEV/ Traducción y compilación A.Arauz/Matthew P. Goodman Política en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS).


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