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Sector agrícola nicaragüense continúa enfrentando desafíos en 2021

LA AGRICULTURA NICARAGUENSE, SU CONTEXTO ECONOMICO Y DESAFIOS 2021

 

 

Por Alejandro Arauz L.

El presente ciclo agrícola 2020/2021 se muestra irregular, probablemente el efecto inestable del periodo de lluvias se torne perjudicial para la producción agrícola de este año, por la enorme dependencia de este sector del clima y las lluvias. En efecto, la fundación Humboldt, organismo especializado, señala que “este comportamiento atípico, los especialistas recomiendan seguir generando perspectivas en base a los efectos habituales del Fenómeno de La Niña y El Niño, pues no se cuenta con eventos similares con el que se pueda comparar. En este sentido, para los próximos meses predomina la influencia del Fenómeno de El Niño Neutro con tendencia al establecimiento del Fenómeno de La Niña para finales del año, con probabilidades de generar precipitaciones” (Humboldt, Reporte No.4, junio 2021).

Aporte al PIB y el Comercio Exterior.

El agravante irregular del periodo lluvioso en 2021 va a contraer sin dudas la producción agrícola, al que se une la crisis política y económica. La agricultura representa un importante soporte del PIB, tal como se observa en los datos que ofrece la tabla siguiente.  El crecimiento promedio ponderado anual, a precios de 2006, del Valor Agregado (VA) de la agricultura registro el 3.1% en el periodo 2006-2020. Durante lo que va de la crisis política y pandémica, ha presentado un desempeño similar, aunque con desafíos no superados y con eventos negativos a la vista.

Por la parte del comercio exterior de bienes vinculados al sector como son los alimentos y productos de origen vegetal los datos a 2020 se reflejan positivo, según se observa en tabla siguiente. Del total de bienes en alimentos y vegetales la agricultura aporta el 87.8% de estas  exportaciones, datos positivos en cuanto amortiguar el déficit comercial del país. Con base a datos del portal web: Solución Comercial Integrada Mundial (WITS) del Banco Mundial, el Balance del comercio exterior en Productos Vegetales es positivo, no así en Alimentos, debido al bajo nivel de procesamiento y competitividad agroindustrial que ostenta la rama de alimentos del país.

Un sector carente de políticas.

Como se describió antes, el ciclo 2021/2022 se presenta nuevamente con desventaja ambiental, a la que se suman los precios elevados de los insumos, la transportación, el precio del combustible, el costo también elevado de la energía utilizada para efectos de riego, beneficiado y secado de granos. Así mismo, con la pandemia se ha complicado la cadena de suministros de abonos, fertilizantes y demás insumos. La política estatal ha endureciendo aún más las labores agrícolas a través de la política tributaria, la que ha inducido a un menor acceso a dichos insumos con el consecuente resultado negativos en los rendimientos agrícolas.

En efecto, hasta febrero de 2019 el sector agropecuario en general accedía a incentivos a través de exoneraciones de una lista de bienes intermedios, equipos y de capital que son usados para la producción. Esta política junto al acceso de Beneficios Fiscales adicionales, fueron otorgados para compensar costos elevados durante el funcionamiento de los Tratados de Libre Comercio con     EE. UU y México. Medidas justas, incluso reconocidas por el FMI, el BM y la OMC para contribuir principalmente reducir el “sesgo anti exportador” del sector agropecuario en general. Sin embargo, la persistencia del sesgo anti exportador del sector agrícola y agropecuario en general continúa presente, aunque se registren cifras positivas en volumen y precios de su comercio externo. El desempeño del sector continúa siendo modesto y no ha podido superar los parámetros de diversificación y valor agregado tradicionales. Es el principal tropiezo para lograr un mejor estatus de competitividad internacional. También es una demostración contundente de que la política de incentivos fiscales del gobierno no ha sido consistente, debido a los vacíos institucionales y falta de medidas prácticas que han restado efectividad a los incentivos otorgados. Todo ello a consecuencia de la escasez de políticas complementarias para modernizar y elevar la calidad del sector agropecuario, especialmente la agricultura.

Los análisis del que se dispone a través de diversas fuentes, “registran que apenas el 3.3% en reducción de costos fue producto de la política fiscal en cuanto a benéficos fiscales durante el periodo 2011-2015; y por el otro lado la política de exoneraciones de las importaciones de maquinaria, equipos tuvieron un efecto de reducción de costos del 2.8%” (Upanic,2016, pptx). Si bien estas medidas representaron un efecto importante en el desarrollo del sector agrícola, la carencia de políticas estatales o complementarias no existieron, ni existen actualmente como tales. Una razón técnica fundamental para dificultar un sector agrícola moderno con crecimiento sostenido de la productividad.  A pesar de estas complicaciones, la Asamblea Nacional promulgó la Ley No. 987, Ley de reformas y adiciones a la “Ley de Concentración Tributaria”, por medio de la cual, el Gobierno modificó y restringió parte de los beneficios fiscales que venía teniendo el sector. También, se adiciona un elemento perturbador en la cadena de valor del sector, que consiste en “gravar con el Impuesto de Valor Agregado (IVA) el 15% a bienes claves que forman parte de los insumos básicos para el sector, teniendo como consecuencia complicar aún más el desarrollo del sector en el mediano plazo. La tabla siguiente muestra el efecto de estas medidas en la estructura de costos.

Un sector sin soluciones estratégicas.  

Las condiciones y los tropiezos del sector agrícola o agropecuario en general no son solamente coyunturales, a groso modo, por la carencia de lluvias, etc. se proyecta un ciclo agrícola para el 2021/2022 con bajo rendimientos y elevados costos. Sin financiamiento sostenido y bajo la presión de las recuperaciones de créditos por parte de las bancos y financieras, que implicaría reducción del capital de trabajo. De esta manera, el sector no podrá evitar las pérdidas económicas del periodo. Es posible que estemos a las puertas de un sector económico que estaría aportando menor nivel de producción en términos de Valor Agregado para este 2021 y 2022. Lo que también implicaría una reducción porcentual de su aporte al PIB por debajo del 8.8%, cuyo aporte ha venido sosteniendo desde 2006.

Así, la agricultura nicaragüense se perfila continúe enfrentando múltiples retos. Entre ellos, destacan la carencia de una “política estatal alineada” a los cambios que están experimentando el sector agrícola en todo el mundo, que consiste en mejorar el funcionamiento de los mercados de productos y factores en el sector rural, el apalancamiento de inversiones en infraestructura, energía, asistencia técnica, mano de obra, agua, riego y condiciones ambientales.

También el sector agrícola nacional, podría estar careciendo en el futuro de la coordinación con otras políticas y con organismos a cargo de éstas, por consiguiente y hasta hoy, el sector ha funcionado sin “instituciones adecuadas” para satisfacer los requerimientos de la economía rural y su expansión competitiva.  Mucho menos se observan avances para iniciar el desarrollo de la “agricultura digital” cuya práctica mundial está en avance creciente, no solo en los temas de información, sino también en el contexto de los “objetivos de Desarrollo Sostenible, ya que este avance tecnológico es un factor de potenciación para generar beneficios económicos a través de un incremento de la productividad y aprovechamiento de las oportunidades de mercado.

Riesgo implícito elevado

La carencia de los elementos descritos antes, hacen de la actividad agrícola una actividad de “elevado riesgo” para el inversionista y para las agencias de crédito y el mismo productor de plantaciones, lo que se traduce en tasas de interés elevadas y escaso fondeo de capitales y costosos de acceder, y si se accede, es casi imposible pagarlos por las elevadas tasas de interés de corto y mediano plazo.

En la actualidad los factores de riesgo del sector continúan ajustándose al ciclo lluvioso y los factores coyunturales de mercado en el corto plazo.  A estos elementos se unen la incertidumbre política del país que está afectando el clima de inversiones, el costo del dinero y el desaliento de la fuerza de trabajo que prefiere migrar hacia otros países.

Como se observa en el siguiente gráfico, el cálculo del “riesgo implícito” que ostenta el sector agrícola registra un nivel elevado: la media es del 48.5%, los máximos oscilan alrededor de 65% y los mínimos del 38% respectivamente. Para el ciclo 2021/2022, estimamos un 56.4% de “riesgo implícito”. Este dato se traduce, que las inversiones de corto plazo para este ciclo, desde ya ostentan un “riesgo implícito del 56.4%. (La captura de este dato –riesgo implícito- conlleva la estimación por máxima verosimilitud (EMV) de los impulsos de los factores involucrados en la actividad agrícola durante un periodo determinado. Así, el resultado se traduce en “la probabilidad de riesgo”, es decir en la probabilidad de ocurrencia del conjunto de eventos que afectan negativamente al sector agrícola.

Rendimientos agrícolas estancados.

Los factores básicos para el desarrollo agrícola nacional permanecen aún atenuados o estancados, como son: las inversiones en infraestructura para propósitos tales como almacenamiento, maquinaria, vías de acceso, internet, mercadeo, riego, energía, crédito y el acceso a insumos. Agregando la carencia en mano de obra calificada y especializada en el basto campo de la agricultura sostenible y con perspectiva digital.

Este deficiente proceso de inversiones y políticas públicas sectoriales han producido un notable estancamiento relativo de la productividad del sector, que se traduce en rendimientos con modesto crecimiento, tal como se observa en el gráfico siguiente. El dato del gráfico has sido construido con base a los principales productos agrícolas, no incluye productos no tradicionales como el cacao, plátano, piña, verduras, etc. ya que datos sobre este sector la información estatal y privada es relativamente escasa y no precisa.

Conclusiones finales.

  1. La persistencia de la crisis política y sanitaria del coronavirus continuaran impactando al sector agrícola y en general al sector agropecuario. No obstante, ambo sectores se han enfrentado a circunstancias y periodos duros, han sobrevivido y resurgidos a ellos con adaptaciones inerciales, es decir por sus propios medios y recursos, debido a las circunstancias deficientes de la política públicas y la competencia que impone el libre comercio. Pero, este escenario de persistir en el largo plazo pone un límite: el sector podría lograr un cierto grado de reconversión o extinguirse.
  2. Las características de la economía nicaragüense, evidencia en el largo plazo que el sector agropecuario que incluye el agrícola es el más importante generador de empleo, el 43.6% del empleo nacional. Las exportaciones primarias representan el 29.3% sobre una base de empleo alrededor de 652 mil puestos de trabajo. El 34% de la población ocupada nacional. Solo el 12.5% de los empleos permanentes del sector exportador agropecuario cotizan al INSS (71.7 mil trabajadores). Hay que destacar que el coeficiente de elasticidad de generación de empleo del sector exportador en relación al PIB agropecuario se ha estimado en 0.012, es decir, que sí el PIB agropecuario crece el 10% entonces el empleo lo hace en 1.2% respectivamente. Es un promedio casi estándar de países con estructura productiva basada en bienes primarios y de bajo contenido de valor agregado.
  3. El sector agrícola y/o agropecuario es un sector que funciona con base a muchas restricciones estructurales, estacionalidad y variabilidad de los precios domésticos e internacionales. Afectaciones por fenómenos naturales, mercados monopolizados, carencia de infraestructura, financiamiento modesto, baja propensión al ahorro y por ende a la inversión, bajo nivel educativo de la fuerza de trabajo, baja organización gerencial de las fincas y las plantaciones, problemas de la tenencia de la tierra que representa el 36% de la tenencia de la tierra, aislamiento económico, atomización de productores, etc. Se estima que el 65.6% de la producción se desarrolla con rendimientos basados en factores productivos limitados y de pequeña escala. Todos estos factores crean vulnerabilidad a los procesos productivos en general y dependencia de la volatilidad de los mercados y precios.
  4. Las políticas económicas a lo largo de décadas han carecido de herramientas de intervención efectiva para alcanzar objetivos fundamentales como son: el crecimiento sostenido y competitivo en el tiempo, estabilidad de los precios y el empleo a nivel doméstico. Ninguno de los gobiernos a la fecha, según nuestro análisis, han sido capaces de crear una “Banca de Desarrollo” confiable y sostenible, y que sea capaz de articular adecuadamente organismos o instituciones intermedias que por medio de acciones directas o indirectas generen unos impactos positivos en el sector. Por otra parte, las instituciones privadas y sociales del mismo sector agropecuario (banca, financieras, asociaciones de empresarios, gremiales y sindicatos), han sido incapaces de articularse entre sí de forma sólida y sistémicamente en función de promover impulsos activos para modernizar la producción, potencia el reclamo a los gobiernos, así como la procurar medios alternativos para promover el desarrollo productivo, competitivo y social del sector. Quizás la cause reside en la incapacidad manifiesta de los gobiernos de turno, la miopía general en los acontecimientos que genera la buena gobernanza pública y privada y la aplicación de las ciencias en la vida real.

ESTE DOCUMENTO PUEDE SER BAJADO EN SU VERSION PDF: ANALISIS DE LA AGRICULTURA NICARAGUENSE- 2021

Alejandro Arauz  L/Junio/7/2021

 


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