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Según el FMI ha surgido una desconexión entre los mercados financieros y la economía real durante la pandemia

Según el Reporte del FMI de junio 2020 aborda las Condiciones Financieras en la economía mundial, expresa en el fondo que “las insolvencias son un riesgo predominante actualmente.  Segur reza el documento “ha surgido un “divergencia acentuada” entre el dinamismo de la bolsa en Estados Unidos y el desplome de la confianza de los consumidores (dos indicadores que históricamente han tenido la misma tendencia), y esto hace dudar sobre si la sostenibilidad del repunte sería sostenible si no contara con el estímulo proporcionado por los bancos centrales. Ver documento completo: https://blog-dialogoafondo.imf.org/?p=13663

Esta divergencia introduce el riesgo de que los precios de los activos sufran una nueva corrección si se produjera un cambio de actitud de los inversionistas, lo cual pondría en peligro la recuperación. En el pasado, durante períodos de fuerte presión económica, se han observado repuntes efímeros de las acciones en medio de mercados bajistas.

Varios acontecimientos podrían desencadenar un descenso de los precios de los activos de riesgo. La recesión podría ser más profunda y larga de lo que actualmente prevén los inversionistas. Podría haber una segunda ola de infecciones, con las consiguientes medidas de contención. Las tensiones geopolíticas o un aumento del malestar social ante la creciente desigualdad mundial podrían trastocar la confianza de los inversionistas. Por último, puede ser que las expectativas de los mercados sobre la magnitud de la ayuda de los bancos centrales a los mercados financieros terminen siendo demasiado optimistas, lo cual llevaría a los inversionistas a reconsiderar tanto su apetito por el riesgo como la valoración de los riesgos.

Tal revaloración, sobre todo si se ve amplificada por vulnerabilidades financieras, podría dar lugar a un marcado endurecimiento de las condiciones financieras, que restringiría el flujo de crédito a la economía. Las tensiones financieras podrían agudizar una recesión económica que ya de por si no tiene precedentes, complicando aún más la recuperación.

La pandemia está dejando al descubierto las vulnerabilidades financieras preexistentes. En primer lugar, tanto en las economías avanzadas como en las de mercados emergentes, la carga de la deuda de las empresas y los hogares podría tornarse inmanejable si la economía experimentara una contracción grave. La deuda agregada de las empresas ha venido aumentando por varios años, y ahora se sitúa en máximos históricos en relación con el PIB. La deuda de los hogares también ha aumentado en muchas economías, algunas de las cuales ahora se enfrentan a una desaceleración económica sumamente pronunciada. Este deterioro de las variables fundamentales de la economía ya ha provocado rebajas de las calificaciones crediticias de las empresas, y existe el riesgo de repercusiones más generales en la solvencia de las empresas y los hogares.

En segundo lugar, la materialización de eventos crediticios pondrá a prueba la resiliencia del sector bancario, a medida que este evalúe la forma en que el apoyo de los gobiernos a hogares y empresas se va plasmando en medidas concretas que ayuden a los prestatarios a pagar sus préstamos. Algunos bancos han empezado a prepararse para este proceso, y el decreciente valor de sus acciones denota la expectativa de que su rentabilidad se verá sometida a más presiones.

En tercer lugar, las empresas financieras no bancarias también podrían verse afectadas. Estas entidades han adquirido más preponderancia que antes en el sistema financiero. Pero como no se ha puesto a prueba su capacidad para seguir suministrando crédito durante una desaceleración, es posible que a la larga terminen exacerbando la tensión. Por ejemplo, una corrección brusca de los precios de los activos podría dar lugar a cuantiosas salidas de los fondos de inversión (como ocurrió a comienzos del año), y eso podría desencadenar ventas masivas de activos.

En cuarto lugar, si bien las condiciones en general se han distendido, los riesgos no han desaparecido para algunas economías emergentes y preemergentes con necesidades de refinanciación más urgentes. La refinanciación de sus deudas será más costosa si las condiciones financieras se tornan más restrictivas de repente. Algunos de estos países también tienen bajos niveles de reservas, lo cual complica la gestión de sus carteras. Las rebajas de las calificaciones crediticias podrían empeorar esta dinámica.

Al final el FMI expresa que la respuesta a la pandemia plantea prioridades divergentes y los países tienen que encontrar el equilibrio adecuado, sopesando los pros y contras que implica seguir estimulando la economía sin descuidar la estabilidad financiera”.

AEV/FMI


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