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Un enfoque sobre la economía en tiempos del COVID-19

Todos coinciden en que el mundo no será el mismo cuando venga la calma, la economía no se escapa de ello, y debe provocar un cambio en las estructuras de funcionamiento de los países

Nicholas Wapshott escribió en 2011 un libro que viene como anillo al dedo para entender el momento de quiebre por el que atraviesan los países y qué mejor que esa ruptura comience por la Unión Europea, China y Estados Unidos, las zonas del mundo más afectadas por el Covid-19.

 “Keynes versus Hayek: el choque que definió la economía moderna” (Deusto, 2011) se titula el libro que ahora brinda los antecedentes históricos del rumbo que va a tomar el manejo económico de los países.

La crisis está provocando un cambio estructural en las economías con grandes consecuencias cuando todo vuelva a la normalidad. Asuntos de nóbeles como la competencia perfecta, la teoría de juegos y la racionalidad del consumidor pasarán a un lado para darles paso nuevamente a las ideas del inglés, John Maynard Keynes, en oposición a las del austríaco, Friedrich Hayek.

Los economistas trazaron las líneas de su batalla conceptual sobre el papel del Estado en el desarrollo económico de los países: “Keynes creía que el gobierno tenía que hacer todo lo posible por hacer la vida más fácil a los demás, en especial a los desempleados. Hayek, por su parte, creía que era inútil que los gobiernos interfirieran en fuerzas que, por su propia naturaleza, eran tan inmutables como las fuerzas naturales. Keynes rechazaba la adherencia al libre mercado, como una aplicación inapropiada del darwinismo a las actividades económicas, y sostenía que un mejor conocimiento del funcionamiento de la economía daría a los gobiernos la oportunidad de tomar decisiones.

Hayek llegó a la conclusión que era imposible saber cómo funcionaba la economía”. A la luz de la nueva crisis económica -mucho más estructural que la de 2009- se abre la discusión sobre la necesidad de implantar un pensamiento keynesiano para salir de esta situación, mientras que otros serán más partidarios de aligerar el peso del Estado, reducir gastos y dejar que las cosas por sí solas vuelvan a retomar la normalidad.

Durante las primeras semanas de la pandemia los gobiernos han tenido que tomar el timón de la situación reestructurando los servicios sanitarios, colectivizando deudas y demandando estabilidad a los trabajadores como una condición de rescates financieros. Todo un coctel de acciones nunca vistas que vislumbran una nueva forma de reconstruir el capitalismo, pues la pandemia ha producido una remodelación palpable de los principios que guían la política gubernamental que está en medio de una crisis sanitaria, empresas paradas y una segura recesión a la vuelta de la esquina.

Keynes argumentaba que el gasto de los gobiernos era más que el remedio cuando estallaban los problemas económicos, una acción que todos los presidentes del mundo han ejecutado cuando vieron los primeros casos de Covid-19 en sus países. Los presupuestos aprobados a finales del año pasado están caducos y los ministros de finanzas o economía se han visto obligados a echar mano a fondos reservados para las pensiones regionales o las regalías como en el caso colombiano.

Está demostrado que son los gobiernos y las herramientas que se tienen a mano los convocados a abrir el camino de regreso a la normalidad. Nada volverá a ser lo mismo después del Covid-19, lo único cierto es que habrá mucha más conciencia sobre la importancia de tener un gobierno austero y pagar impuestos.

AEV/ EditorialLR


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